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El árbol quiere la paz, pero el viento no se la concede

El martes 19 enero, 2016 a las 3:45 pm
Luis Alberto Barrera Moreno

Por: Luis Barrera.

En los próximos días, meses y años, la palabra más pronunciada y cacareada en Colombia va ser la paz.

Un sueño, un anhelo, el deseo y la necesidad más imperiosa en este país para que finalmente “cese la horrible noche”, que inspiró al cartagenero escritor y expresidente de Colombia Rafael Wenceslao Núñez Moledo, autor de la letra del Himno Nacional.

El tema de la construcción de la paz y la reconciliación entre los colombianos va ser un ardua apuesta que sigue siendo una urgencia y es una tarea que exige la corresponsabilidad y demanda imaginar nuevas formas de  compromiso social que permita y favorezca la participación de todos, nadie ni ninguno puede quedar por fuera de este propósito nacional.

Si el gobierno Santos y la sociedad colombiana logran crear un escenario de convivencia y reconciliación con las insurgentes FARC, es necesario que ningún colectivo, partido o tendencia política por cualquier posición quede por fuera, porque sería una paz incompleta, en donde no habría perdón.

Tarde o temprano los llamados enemigos de los diálogos y el propio proceso de paz tendrán que avizorar que el mejor negocio para que esta patria sane sus heridas y se repare a las víctimas de tantos actos de barbarie e injusticias, es poner punto final al conflicto armado con las guerrillas más antiguas del mundo.

Por un lado, es necesario que las instituciones asuman las responsabilidades que les competen en sus ámbitos de competencia y por otro es necesario que la sociedad civil asuma su propia responsabilidad, sin olvidar que la gran mayoría de la población no está vinculada de manera estable con las instituciones sociales, políticas, religiosas y económicas.

La construcción de la paz no podrá consolidarse si no se incorpora a los empleados, a los campesinos, a los estudiantes, a los profesionales, a los políticos de todos los pelambres, medios de comunicación, a todas las comunidades y organizaciones. También hay que poner la atención en los sectores más vulnerables de la violencia como los niños, los jóvenes y las mujeres, en este proceso no se puede quedar por fuera nadie, ni bajarse del bus.

Esto significa que la construcción de la paz, del proceso que se avecina incluye una acción educativa de gran envergadura que forje una cultura que integre valores como la tolerancia, el respeto, la solidaridad y el servicio.

Tenemos que pensar en este gran desafío de incluir a las personas a la par que a las instituciones en este esfuerzo por superar el clima de violencia. Por ello, la llamada pedagogía de la paz, debe ser amplia sin sesgos y secretos, de cara a la verdad.

Esta educación por la paz incluye la construcción de capacidades personales de índole humana y espiritual. Es necesario que las familias y las escuelas se sumen a esta tarea educativa. También los medios de comunicación social tienen que están invitados a tomar su propia responsabilidad educativa, también lo pueden hacer informando de estas pequeñas experiencias y publicando los esfuerzos que se hagan en todos los ámbitos de la sociedad a favor de la paz.

En este caminar, la transformación de las relaciones sociales es clave ya que, precisamente, las conflictividades y los conflictos y las opciones de salida a los conflictos fluyen en las relaciones.

En Colombia no se puede insinuar ni siquiera que el pretexto para otras maneras de continuar haciendo esta absurda guerra por puro negocio, es conseguir la paz.

Es posible que algunos insolidarios piensen que un modelo guerrista deba continuar y es por eso que el Uribismo, el Centro Democrático y otros sectores de la ultra derecha colombiana que han sido, sin lugar a dudas, las tendencias que más objeciones ha realizado al actual proceso, deben entender que la paz también les pertenece, que son parte importante del país, que sin ellos, el árbol quiere la paz, pero el viento no se la concede.

lualbamo@hotmail.com

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