Sábado, 8 de agosto de 2020. Última actualización: Hoy

El agua sería potable pero se consume a riesgo

El sábado 13 junio, 2020 a las 9:04 am
Alfonso Luna - Oscar Larrahondo, gerente Afrocaucana de Aguas S.A.
Alfonso Luna Geller – Oscar Larrahondo, gerente Afrocaucana de Aguas S.A.

El agua sería potable pero se consume a riesgo

Por Alfonso J. Luna Geller y Yaritza Cassiani

En el norte del Cauca hay dos conceptos totalmente contrarios sobre la calidad del agua que consumen sus habitantes, circunstancia que fue detectada por los periodistas Proclama del Cauca y Valle cuando decidieron investigar sobre este asunto, que realmente ha sido un histórico dolor de cabeza por la falta de solución definitiva en el tiempo de prestación del servicio, en calidad y en cobertura.

El agua sería potable pero se consume a riesgo
Ilder Collazos, vendedor de agua a domicilio en Villa Rica

Los usuarios que fueron consultados en los municipios de Villa Rica, Puerto Tejada, Padilla, Guachené y parte de Caloto, en la vereda Quintero, fueron enfáticos al afirmar que son conscientes de que el agua que suministran las empresas públicas creadas para tal fin, en los sectores urbanos y rurales, no es potable, no es permanente y no llega a todos los usuarios. En algunos puntos también dijeron que para el consumo humano deben aprovisionarse de distribuidores particulares, extraerla de aljibes o comprarla de fuentes industriales, que la venden en garrafones o botellones.

Oscar Larrahondo, gerente Afrocaucana de Aguas S.A.
Oscar Eduardo Larrahondo Balanta, gerente Afrocaucana de Aguas S.A.

Obviamente, decidimos consultar para contrastar, con algunos de los responsables oficiales del tratamiento y suministro masivo del recurso, quienes, en términos generales refutaron a los consumidores, explicando que la captación, tratamiento, conducción y entrega del producto a los usuarios caseros se hace de manera tecnificada y que de las plantas de Afrocaucana de Aguas sobre el río Güengüé y de EARPA, sobre el río Palo, sale agua totalmente potable. Inclusive nos mostraron certificaciones sobre la calidad del agua tratada y los informes que se envían a los organismos de control competentes en el asunto. Todo perfecto en los escritorios, pero imperfecto en los grifos domésticos.

Nos pusimos, entonces, a deducir el porqué de tan radicales divergencias de opinión y de realidades sobre el mismo producto. Lo primero es que a las partes hay que abonarles credibilidad, pues, paradójicamente, ambas tienen razón.

La gran mayoría de habitantes de la región no consumen agua potable y es evidente que los operadores se esfuerzan por prestar el mejor servicio, y sí, parece que producen agua potable.

Lo segundo es que la población usuaria no tiene el necesario sentido de pertenencia y de adhesión con las empresas que les son propias, de ellos mismos porque son públicas; las sienten extrañas y administradas por una burocracia que no asimilan, porque la perciben conformada no por servidores públicos, sino lo contrario. Y en parte tienen razón.

Jorge Enrique Candela Medina, Gerente Empadilla E.S.P.
Jorge Enrique Candela Medina, Gerente Empadilla E.S.P.

Se presenta entonces una ruptura entre la empresa que produce agua potable y el consumidor en riesgo permanente, porque el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio, las E.S.P. y demás organismos responsables se especializaron, todos, en el tratamiento en la fuente: ¡hay que construir plantas de tratamiento! es la consigna, descuidando el acueducto, al consumidor, que padece otra la vivencia cotidiana en los hogares.

Lo que es evidente también, y reconocido por las partes, es que las redes de distribución presentan en gran medida una serie falencias, que claramente exigen pronta intervención: hay redes muy viejas conformadas todavía por asbesto-cemento, material cuestionado a nivel mundial desde el punto de vista de la salud pública, debido a que existen estudios que han vinculado a este material con enfermedades que han acabado con la vida de muchas personas; además, se presentan fugas, que generan pérdidas del líquido vital mayores al 70 %, desperdicio en las soluciones de almacenamiento individuales, conexiones en mal estado que se prestan para contaminación con aguas de alcantarillado, mala instalación de tuberías (al ser construidas artesanalmente por la comunidad sin supervisión, lo que también origina elevada intrusión patógena), la utilización de tuberías con otro uso (riego, alcantarillado; no para agua potable), la fabricación artesanal de accesorios, obstrucciones naturales por sedimento, o el crecimiento de raíces que afectan gravemente el funcionamiento del sistema de distribución. Así funciona la distribución y obvio, tiene que llegar agua contaminada al grifo de la familia.

Estas circunstancias obligan al prestador del servicio a trabajar en un entorno de incertidumbre que debiera ser abordado de manera integrada, considerando todos los aspectos posibles que pueden influir en la dinámica del sistema, incluyendo la educación cívica y el compromiso ciudadano en la búsqueda y mantenimiento de su propia salud y la de su familia a partir del uso del agua. Pero no ocurre así. Algún gerente, inclusive, dijo algún día: “A mí me nombraron aquí fue para vender agua”. Con esa mentalidad de comerciante, claro, el sistema tiene que fallar, porque esto no puede administrarse como una compraventa.

Por eso, en otras partes del mundo, las tradicionales políticas de gestión pública centradas en garantizar una mínima calidad de servicio a partir de los procesos de captación, tratamiento y distribución de agua, han evolucionado hacia nuevos modelos más eficientes de gestión combinados con la participación activa de las mismas comunidades, al objeto de mejorar no solo la calidad del servicio que se ofrece, sino también optimizar los recursos reduciendo entre todos el costo económico y ocasionando el menor impacto ambiental posible. Pero hay que tener educación y formación al respecto.

El agua sería potable pero se consume a riesgo
Elmer Abonía, alcalde de Guachené

En esas prácticas administrativas y de inversión, hace algunos años, priorizando necesidades de los trece municipios que integran la región Norte del Cauca, cinco fueron considerados como preferentes para el suministro de agua potable, se les dotó con una gran planta de tratamiento en la que se invirtieron unos 35 mil millones de pesos y se creó la empresa Afrocaucana de Aguas S.A. E.S.P. cuyos socios, precisamente, fueron los municipios visitados: Villa Rica, Puerto Tejada, Padilla, Guachené y Caloto, con la idea de constituir un modelo de gestión que garantice los derechos de la comunidad, en contraste con el modelo privatizador, que se intentó imponer, y que incentiva las ganancias de unos pocos y restringe el acceso a los servicios de acuerdo con la capacidad de pago.

Sin embargo, hoy siguen siendo consideradas como poblaciones en alto riesgo, como se vio, por malas prácticas en el manejo del agua potable por las partes que intervienen en el proceso. Y la cuestión es que en estas épocas de coronavirus, aunque lavarse las manos constantemente es la medida de prevención más efectiva, y se puede usar agua no potable, a veces tampoco se tiene acceso a ella.

De acuerdo con los datos oficiales, estos cinco municipios tienen una población de 123.349 habitantes (66.678 urbanos y 56.671 rurales) donde se han registrado (hasta el 10 de junio) 48 casos de contagio por coronavirus, de los cuales han fallecido tres, lo cual amerita medidas adicionales de prevención.

Para lograrlo, se requiere centralizar las responsabilidades, hoy diluidas en una serie de empresas locales que deben unir esfuerzos y recursos en una sola solución integral que debe ser Afrocaucana de Aguas S.A. – E.S.P., entidad que desde el 1 de abril de 2019 asumió la operación directa de los servicios públicos de acueducto y alcantarillado en el municipio de Puerto Tejada, dada la terminación del contrato de operación entre el Municipio y la Empresa OPSA S.A. E.S.P.

La Empresa de Acueducto Regional del Río Palo – EARPA – se encuentra en liquidación, pero lleva 12 años en esto, por lo cual debe acelerarse proceso. Igual debería ocurrir con las otras empresas intermediarias que poco aportan a la solución de las necesidades básicas de la población. Afortunadamente, la Gobernación del Cauca acaba de anunciar un aporte de $3.000 millones para la liquidación de EARPA y para algunas obras complementarias de Afrocaucana de Aguas.

El otro asunto crítico a tener en cuenta, y que por muchos años se ha reprochado en estos municipios es que en las comunidades “hay cultura de no-pago”. Esto le preguntamos a nuestros interlocutores hogareños, quienes nos respondieron con otra pregunta “¿y cuándo ha habido una cultura de buen servicio?”

Se ha avanzado, es cierto, pero aún vamos por la mitad del camino que todos debemos transitar para que algún día alcancemos la meta obligada: que el agua potable se pueda consumir sin riesgo en el norte del Cauca.

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