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Miércoles, 25 de noviembre de 2020. Última actualización: Hoy

El 15 de diciembre los periodistas también deben celebrar

El martes 4 agosto, 2015 a las 5:27 pm
Alfonso J. Luna Geller

Por Alfonso Luna Geller

Desde hace más de 100 años se celebra el Día del Periodista el 9 de febrero de cada año. Sin embargo el ejercicio de la comunicación social y el periodismo, también debe celebrarse los 4 de agosto, por una supuesta equivocación histórica del Congreso de la República, y puede hacerse también el 15 de diciembre por disposición de la Academia Colombiana de Historia.

La celebración del Día del Periodista prácticamente se oficializó con la expedición de la Ley 51 del 18 de diciembre de 1975, la cual consagra el 9 de febrero teniendo en cuenta que aquel día del año 1791, apareció el Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, primer semanario en la historia de Colombia, el cual fue dirigido por el cubano Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria. En aquel periódico también escribieron algunos de los más importantes próceres colombianos como Antonio Nariño, Francisco Antonio Zea, Francisco José de Caldas, entre otros.

Pero la Corte Constitucional, en sentencia C-087 de 1998, la declaró inexequible porque la Ley 51 quedó contraria a la Constitución de 1991 por los alcances del derecho genérico a la libertad de expresión, de información y de prensa, que no puede convertirse en privilegio de unas cuantas personas.

Vino entonces la Ley 586 de 2000, por medio de la cual se instituye el día 13 de agosto de cada año como Día de la Libertad de Expresión (el 13 de agosto de 1999 fue asesinado Jaime Garzón, el periodista-humorista, que sacudió exasperadamente la impávida sociedad que constituye el poder político social y económico del país). De este modo, en concordancia con la Constitución, la citada ley estableció los elementos de la libertad de expresar y difundir el pensamiento y opiniones; libertad de informar y recibir información veraz e imparcial; libertad de fundar medios masivos de comunicación, entre otros. Pero esas libertades no son derechos absolutos, debido a que tienen que coexistir forzosamente con otros derechos, y uno de ellos, fundamental, es el derecho a la intimidad.

En estas circunstancias, se intentó de nuevo reglamentar el ejercicio del periodismo y nació la Ley 918 de 2004, “Por la cual se adoptan normas legales, con meros propósitos declarativos, para la protección laboral y social de la actividad periodística y de comunicación a fin de garantizar su libertad e independencia profesional”, sancionada por el presidente Álvaro Uribe. En ella se consagró el 4 de Agosto como día del periodista colombiano, en homenaje al primer periodista político del país, Antonio Nariño, quien dirigió periódico La Bagatela, su arma intelectual y política. El 4 de Agosto de 1793, hace 222 años, Nariño inició el trabajo clandestino de estudiar, traducir del francés e imprimir la Declaración de los Derechos Universales del Hombre y del Ciudadano, labor que culminó el 15 de diciembre de ese año, cuando comenzó su difusión.

En la sustentación que se presentó para la expedición de la Ley 918, se sostuvo que los honores del periodismo le debían corresponder al periodista defensor de las nobles causas de justicia, libertad y paz, como fue Nariño, y no a un defensor del Virreinato a través del Papel Periódico de Santafé de Bogotá.

Con respecto a esta ley, Antonio Cacua Prada, miembro de la Academia Colombiana de Historia, publicó en el Boletín de Historia y Antigüedades en el 2005, un artículo calificando como “garrafal error histórico” la declaratoria del 4 de agosto como día del periodista en conmemoración de la publicación hecha por Antonio Nariño de la Declaración de los Derechos del Hombre, pues según la Academia Colombiana de Historia, fue el 15 de diciembre de 1793 cuando publicó por primera vez en lengua española una traducción de aquella Declaración, por lo cual, desde 1966, la Academia resolvió consagrar la fecha del 15 de diciembre como el Día de la prensa colombiana.

Sin embargo, la Corte Constitucional, mediante Sentencia C-927-05 de 6 de septiembre de 2005, declaró inexequible la ley 918 de 2004, por la existencia de un vicio, pues el presidente Uribe sancionó, sin atribución constitucional, un texto distinto al aprobado por el Congreso.

En compensación, se expide la Ley 1016 de 2006, similar a la anterior, pero corregida, que también consagra el 4 de agosto como día del periodista; “una ley que jurídicamente no existe”, por sus meros propósitos declarativos, según el abogado, profesor y periodista Azael Carvajal Martínez.

Pero más que las celebraciones, 9 de febrero, 4 de agosto, 13 de agosto o 15 de diciembre, la realidad es que tampoco ha tenido desarrollo el artículo 73 de la Constitución Política de Colombia, según el cual “la actividad periodística gozará de protección para garantizar su libertad e independencia profesional”. Es una obligación, no cumplida por parte del Estado, reglamentar el ejercicio del periodismo para, entre otras cosas, eliminar las violaciones al ejercicio periodístico regional y local como consecuencia del conflicto armado, extirpar los conflictos de interés en las relaciones con las diversas fuentes, disminuir la necesidad que tienen los periodistas de atender diferentes trabajos para poder obtener ingresos que les permitan sobrevivir, eliminar las tensiones que se derivan de la situación de pluriempleo, garantizar su seguridad social, etc. El Estado colombiano está en deuda con la Constitución Política.

Precisamente, creía yo que la convocatoria que hizo el Gobierno Nacional al gremio colombiano de periodistas a través de la Unidad de Víctimas para lograr una reparación colectiva era una oportunidad para proponer una política pública y un desarrollo legislativo apropiado a tantos años de experiencias frustradas, pero el desengaño fue enorme. La Comisión Nacional de Impulso constituida por periodistas víctimas del conflicto armado se convirtió en un conciliábulo que lleva varios años discutiendo asuntos de burocracia, una feria de vanidades y una búsqueda de beneficios personales, nada que ver con las esperanzas del colectivo de periodistas colombianos. Por eso renuncié a hacer parte de aquel grupo. En estas condiciones habrá que volver a la gestión legislativa para lograr lo que no se pudo por línea ejecutiva.

En conclusión, preparémonos para seguir celebrando, porque el 15 de diciembre, según la Academia Colombiana de Historia, es el Día de la Prensa Colombiana, otro día para celebrar, pero primero, debemos fomentar la unión de fuerzas para insistir en una prensa libre, democrática y pluralista, pues entre muchos otros aspectos, no se puede olvidar que la libertad de prensa es uno de los derechos fundamentales de las sociedades y dejar la responsabilidad de relatar los hechos a sólo unos cuantos medios de comunicación poderosos, pone en gran peligro las dinámicas democráticas del país, pues la construcción de las percepciones, imaginarios y mentalidades depende en gran medida de las configuraciones que en las regiones se construyen.

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