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Domingo, 8 de diciembre de 2019. Última actualización: Hoy

Educación y poder

El viernes 8 febrero, 2019 a las 9:55 am

Educación y poder

Educación y poder
Por Elkin Quintero

Los pueblos indígenas se ven constantemente envueltos en polémicas sobre su decisión de ser o no ser, de prohibir los símbolos ostentosos de la civilización occidental y NO abandonar los procesos que les ha permitido recibir grandes sumas de dinero, sopena de amonestación o discriminación por que según algunos de sus líderes le han hecho daño o buscan destruir o minimizar su identidad cultural. Y vale cuestionar si esas ideas son propias o si son el fruto de la reflexión extremista, negligente, belicosa, o caprichosa de algún individuo llegado del Valle o de Bogotá.

Pero hoy, ad portas de una emergencia educativa, sería válido tratar de entender si los lujos, entre los que sobresalen los relojes, camionetas, motocicletas, teléfonos inteligentes, casas ostentosas, zapatillas, camisas y pantalones de marcas norteamericanas, inglesas o alemanas o la música, no afecta su consulta previa, su autonomía y autodeterminación al punto de verse avocados a la pérdida de su identidad étnica y cultural. O quizás sea mi atrevimiento el que considere irresponsable la asimilación forzada de la cultura occidental. Hoy invito a realizar una verdadera reflexión sobre su identidad ambivalente.

La educación de los pueblos indígenas del Cauca no debe ser un instrumento de poder de unos, ni el objeto de discriminación de otros, menos, la excusa para ser igual o peor que la cultura occidental. Por momentos el ejercicio educativo sufre de la emoción o del toque sincrético de los dioses ancestrales o la manipulación, efecto de los impulsos económicos. La dinámica de la identidad que dicen preservar se pierde en el ejercicio cuando se dejan permear por ideas que solo envilecen lo bueno y sacro de sus rituales y terminan en espectáculos burdos, improvisados, violentos y obsoletos. Dejando de lado su música, su tradición oral, su gastronomía, su lengua, su vestido, su imagen; en estos ejercicios, los únicos que se privilegian son los dueños de la cultura occidental.

Me atrevo a invitar a las asociaciones indígenas, resguardos y cabildos para que sin tapujos ni violencia traten el tema de la vieja convicción de identidad, lucha y permanencia en los territorios. Para que examinen sin ayuda de extraños o censados por interés la percepción de las diferencias con los OTROS. De esta manera, se dejará de lado la imagen nefasta y violenta que los intenta reducir a un mínimo absoluto.

Si de verdad se quiere apostar por la interculturalidad, por la inclusión y por la calidad en la educación, si se pretende un verdadero diálogo entre las culturas que coexisten en su territorio, es imperativo que quienes escriben, lideran los procesos, perciban de primera mano la molesta discriminación, el fastidioso fanatismo, la irreverente manera como se adiestra al niño y al joven, la hipócrita manía de ver todo fácil y el vademécum étnico y cultural no siga creando división.

Es ya la hora de replantearse los criterios de valor que orientarán las acciones educativas del siglo XXI. Pero, los Estados, ya sean democráticos o tiranos, no sólo deben de tratar de imponer valores o modelos, ni siquiera seleccionar de entre los existentes en el universo educativo en una o varias culturas el mejor para sus regiones, sino que deben también de encontrar nuevos valores o modelos interculturales a través del diálogo y la concertación.

Nadie desconoce que la educación apuesta por la interculturalidad y por una verdadera inclusión; pero aún, no se orienta a la consecución de fines y valores morales, alcanzables estos, por la vía del consenso libre y abierto, por la participación igualitaria. Todos debemos aunar esfuerzos y trabajar colaborativamente para buscar las soluciones a los problemas que aquejan nuestro sistema educativo.

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Otras publicaciones de este autor:

https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/elkin-quintero/

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