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Jueves, 2 de julio de 2020. Última actualización: Hoy

Educación a la medida del Sistema

El miércoles 4 diciembre, 2019 a las 7:17 pm
Imagen de referencia: http://matadorcartoons.blogspot.com/2010/12/no-futuro.html

Educación a la medida del Sistema

Educación a la medida del Sistema

Colombia es un país diseñado para la polarización, y en consecuencia, para vivir en atroz violencia y corrupción. Es una política pública no declarada, aunque en alguna ocasión Turbay Ayala intentó legitimarla al proponer su reducción a “justas” proporciones.

Colombia es una nación en la que se procura que las decisiones del poder no sean generalistas o públicas, sino que tengan un objetivo calculado en favor de quienes las diseñan, o de sus padrinos.

Colombia, a pesar de algunos estudios que se contratan para que se difundan resultados pseudocientíficos contrarios a las evidencias, es un país polarizado en asuntos de políticas de Estado, en clases sociales, en distribución de recursos económicos, en ejercicio del poder político, en educación, en calidad de vida, en manejo o manipulación de la opinión pública.

Colombia es un país excepcionalmente opulento en el concierto mundial, pero una nación donde los indicadores económicos que enorgullecen a quienes proyectan las estadísticas, se contradicen con la inequidad, desigualdad y la injusticia que padecen las mayorías. Pero así es como debe funcionar el Sistema que han prediseñado.

Aquí todo funciona así, en los extremos. O está conmigo o es mi enemigo, dicen los que detentan el poder. O es de derecha, “gente de bien” –así se lo creen-, o es un mamerto castrochavista. No quedan más opciones.

Ese es el Sistema funcional para quienes lo colonizan, pues necesitan una nación polarizada, de ricos y pobres. De poderosos y sometidos, aunque no puede desconocerse que existe una clase emergente o “media” que eternamente ha luchado con algunas herramientas, a veces adquiridas de manera forzada, que no se identifica con el extremo izquierdo porque allá la lucha es eterna, pero que, no obstante el rechazo que le muestra el otro extremo, el de la derecha, su tendencia es hacia allá, hacia la comodidad que puede dispensar un sometimiento tolerado. Para esa clase social su supervivencia medianamente placentera siempre ha sido una ilusión, pero siempre instigada por un caudillo salvador.

En Colombia, a lo más selecto de la élite política y económica poco le interesa hacer esfuerzos por un futuro más justo, precisamente porque la concentración de riqueza en pocas manos se convirtió en algo natural.

Por eso, hay ricos que se benefician con subsidios para los pobres, por eso las decisiones de gobierno garantizan que sigan acumulando vastas fortunas; por eso, las decisiones como las de dar beneficios fiscales aún mayores a las personas más ricas van en la dirección de aumentar los niveles de desigualdad y como este enorme desequilibrio no cambia, estamos condenados a grandes tensiones sociales, nocivas para el desarrollo social y económico, por cuanto generan segregación, polarización y falta de cohesión social, e incluso poniendo en riesgo el orden institucional.

En este orden de ideas, según el informe ‘La riqueza cambiante de las naciones 2018’, elaborado por el Banco Mundial, la riqueza de Colombia equivale a 6,17 billones de dólares, clasificándose en el quinto país en la región con más riqueza per capital, pero simultáneamente en la segunda nación más desigual de América Latina y la séptima en todo el mundo.

Ese informe da a entender que a cada uno de los casi 50 millones de habitantes del país le correspondería 129.289 dólares (367,6 millones de pesos) si se pudiera repartir. Somos ricos, sin discusión.

Vistas así las cosas, estas estadísticas se asimilan a pensar que si tenemos 100 panes para el desayuno de una población de 100 habitantes, el promedio es un pan por ciudadano; no hay problema, lo dicen los economistas. Lo que ocurre en la realidad es que la clase dominante, la que debiera hacer justicia, se ha quedado con 82 panes, mientras que los otros 99 seres del ejemplo deben tratar de subsistir consumiendo entre todos los 18 panes que la voracidad insaciable del primero les dejó. Pero de todas maneras, 100 dividido entre 100 es uno, nadie podrá discutirlo. ¡Las estadísticas! ¡Para eso es el poder, dijo una senadora que, irónicamente, manda a los vagos a estudiar!

Por eso, en nuestro Sistema, un mayor nivel de riqueza o desarrollo no garantiza mejoras en términos distributivos o de la calidad de vida de todos los que conforman la nación.

Está bien, dirán algunos, es fácil criticar… ¿Qué hacer, entonces?

Sería más sencillo responder si tuviéramos la capacidad para entender las lecturas que hay que hacer. Pero eso es Educación, y la educación en Colombia, desde la primaria hasta la universitaria, también está prediseñada para que los profesionales salgan dispuestos a servirle al Sistema del caudillo.

Aquí de poco sirve la Ciencia. Todos los abogados quieren ser, mayoritariamente, alcaldes, gobernadores, ministros, congresistas, magistrados, procuradores, notarios, fiscales o jueces… sólo ilusiona y estudian para el empleo oficial; los ingenieros de todas las especialidades, casi todos, son contratistas del Estado en todos los niveles; los médicos tienen que graduarse para ejercer como gerentes de una ESE, una EPS, una IPS, o cualquier otra entidad del sistema de salud, que tantas fallas presenta en Colombia, porque está muy mal estimulado el ejercicio de la Medicina al servicio de la calidad de vida del ser humano; en las demás profesiones se aspira a manejar las finanzas del Estado, o a ser catedráticos o profesores, o a cualquier otro empleo que garantice estabilidad laboral al servicio del Sistema, no importa la mediocridad hasta donde haya que descender con tal de ser llamado desde algún nido burocrático adonde hubiera caído alguna de las hojas de vida lanzadas en busca de “ayuda”.

Lo que digo lo ratificó la OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, en el informe Pisa 2018, que cada tres años evalúa las áreas de lectura, matemáticas y ciencia en los estudiantes de 15 años, próximos a ingresar a las universidades: Colombia, entre 79 países y economías del mundo, está en los últimos lugares, por debajo de Chile, Uruguay, Costa Rica, México y Brasil.

No hemos tenido en cuenta que el cálculo de la riqueza de un país junta el capital natural (por ejemplo bosques, minerales, animales, aire o petróleo), capital humano (ingresos esperados a lo largo de la vida de una persona), capital producido (industria, edificios e infraestructura) y activos netos en el exterior.

En consecuencia, la riqueza es la suma del capital natural más el capital producido, cuya eficacia depende del capital humano, el cual es el más valioso en las sociedades desarrolladas, por los conocimientos, habilidades, destrezas y talentos que permiten progresar, pero, igualmente, es el capital despreciado y excluido en las economías y sociedades más atrasadas.

El capital humano sólo toma la mayor representatividad en naciones desarrolladas, como dije, en China, Singapur, Macao, Hong Kong, Estonia, Canadá, Irlanda, Corea, o en Finlandia. Así lo demuestra la OCDE.

Esta es la “pequeña” diferencia que hace de Colombia un país rico inundado de pobres al servicio de un Sistema excluyente. Consecuencia: violencia y corrupción, ni siquiera “en sus justas proporciones”.

Conclusión:

En este país la capacidad de las comunidades para crecer y progresar se ve obstaculizada por el desempeño deficiente de los sistemas de educación, que “educan” para el Sistema; además, los fenómenos multiculturales de mayor trascendencia en la humanidad, en Colombia son un fracaso por los reveses admitidos en una educación prediseñada con el fin de sustentar aquel caudillismo que actúa por encima de las instituciones porque no hay educación suficiente para impedirlo. Estamos frente a una educación a la medida del Sistema. Por lo anterior, en Colombia, las profundas brechas sociales y económicas son brechas culturales.

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