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ECOS DE UNA REUNIÓN

El sábado 15 noviembre, 2014 a las 1:28 pm
Fernando Dorado

Fernando Dorado

La política en el Cauca sufre un revolcón. Una reunión convocada por el senador liberal Luis Fernando Velasco Chávez en la que participaron los representantes John Jairo Cárdenas Morán del partido de la U y los liberales Carlos Julio Bonilla Soto y Crisanto Pizo Mazabuel, impacta el ambiente electoral caucano. Ese evento se realizó el pasado lunes 3 de noviembre en la ciudad de Cali con almuerzo pagado por el senador Velasco. Su principal objetivo fue concertar un pacto político para llegar al gobierno departamental en las elecciones de octubre de 2015 con candidato propio. El control y administración de las regalías es lo que trasnocha a este grupo de políticos.

Se evaluó la posibilidad de que uno de los parlamentarios renunciara a su curul para presentarse como aspirante a ese importante cargo. Dicha eventualidad se contempló ante la ausencia de un candidato fuerte para la Gobernación del Cauca y la necesidad de enfrentar la coalición que está armando el actual gobernador Temístocles Ortega para darle continuidad a su mandato. Él, Tito, pretende apalancarse en la Gobernación con un heredero de confianza para hacerse elegir senador en las elecciones de 2018, como ya lo ha expresado a sus más cercanos colaboradores y amigos.

Los cambios burocráticos que acaba de realizar en el gabinete departamental son una clara muestra de su intención. El evidente deterioro del respaldo político a su gobierno lo obligan a recomponerse. La derrota electoral de la candidata visible de Aurelio Iragorri, como fue Gema López, aliada del actual gobernador Ortega, es uno de los aspectos a resaltar. Además, la pérdida de la curul para Senado del dirigente indígena Jesús Javier Chávez del Movimiento Alternativo Indígena y Social MAIS agravan esa situación. A ello hay que sumarle la fuerte reacción contra los indígenas que ha generado la expedición de los llamados “decretos autonómicos”. Sabe el gobernador que cuenta con el respaldo del Representante a la Cámara Oscar Ospina, que fue elegido por Alianza Verde pero, éste político, no tiene el control de ese partido.

Todo lo anterior sumado a la baja popularidad de su gestión, ha obligado al actual gobernador a replantear su estrategia. Ha lanzado discretamente al ruedo político a tres de sus pupilos para terciar en la campaña y distraer a sus contrincantes. Oscar Rodrigo Campo, quien ocupó la Secretaría de Infraestructura durante estos 3 años, funge como su supuesto preferido. Gilberto Muñoz Coronado es su carta para retener al movimiento indígena. Se desempeñó en la Secretaría de Educación sin mayores resultados. Y completa la baraja Ferney Silva Idrobo, ex-secretario privado de Ortega, quien de seguro quiere destacarse en la actual coyuntura para posicionarse frente a la posibilidad de acceder a la Alcaldía de Santander de Quilichao.

Sin embargo la recomposición es más de fondo. La aparición de la alianza parlamentaria “santista”, que encabeza el senador Velasco Chávez y el representante Cárdenas Morán, en la que los representantes Pizo Mazabuel y Bonilla Soto buscan reestructurar, modernizar y hacerse al control del partido liberal, significa, nada más y nada menos, que la rebelión, es en serio frente a los caciques de antaño por parte de las nuevas figuras políticas del Cauca. Es por ello que, obligado por esas circunstancias, el ex-senador Jesús Ignacio García Valencia, uno de los grandes derrotados en las pasadas elecciones junto al conservador José Darío Salazar Cruz y Aurelio Iragorri Hormaza, muy cercano al gobernador Ortega, aspira a ser el gran ungido para llegar a la Gobernación del Cauca en las próximas elecciones. Es el “gran gallo tapado” del actual mandatario.

La carrera por controlar los importantes recursos que manejará la Gobernación que se acercarán un billón y medio de pesos para la vigencia 2015-2016, y crecerán en los próximos años, más la llegada a la región de importantes inversiones de consorcios transnacionales que están detrás de la exploración de petróleo en el Patía, la gran minería de oro a cielo abierto, y los proyectados mega-proyectos energéticos, ya se inició con fuerza con el acuerdo político de la “renovada” bancada parlamentaria del Cauca. El uribismo de la región, liderado por Paloma Valencia, intentará construir su propia alianza con los mermados conservadores caucanos sin descartar la llegada de Aurelio Iragorri a dicho bloque, quien está siendo tentado para rematar su carrera política con una eventual Gobernación del Cauca.

Las fuerzas alternativas son las grandes damnificadas de todo ese juego de poder. La Alianza Verde se verá sometida a toda clase presiones y se irá desfigurando más ante la incapacidad de sus dirigentes para consolidar un perfil verdaderamente progresista. El Polo Democrático Alternativo que actuó unido a la Unión Patriótica en la primera vuelta presidencial con Clara López, no ha superado la división que se presentó en la elección del presidente Santos y su primera preocupación es la unidad interna hacia el futuro. Seguramente será un factor marginal en las elecciones para la administración departamental. Y otras fuerzas menores como la Alianza Social Independiente, el MIRA, las negritudes y sectores independientes, tendrán que sumarse a uno de los tres bloques que se están configurando en la política regional: el que lidera el gobernador Ortega, que para sobrevivir gira hacia el pasado, el uribismo conservador que aspira a pasar por en medio, y el bloque parlamentario que se acaba de formar que se muestra como la renovación.

Todo apunta a que la sociedad caucana va a ser sometida a una intensa y vibrante lucha por el poder regional. Por ahora, lo predominante son los acuerdos políticos y los alineamientos burocráticos. Las jugadas, trapisondas y zancadillas no se harán esperar. Las grandes ausentes son, por ahora, las propuestas programáticas sobre el futuro del departamento que se debate entre el desarrollo de infraestructura en favor del gran capital transnacional o la supervivencia y fortalecimiento de la economía agraria que está en manos de pequeños y medianos productores que aspiran a consolidar su paulatino crecimiento durante las últimas décadas. El paro cafetero de febrero de 2013 fue una manifestación de ese despertar de los campesinos mestizos que aportan una buena tajada al PIB regional. Será esa sociedad la que finalmente determine su futuro en las próximas elecciones locales y regionales.

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