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ECONOMÍA CORONAVIRUS

El viernes 24 julio, 2020 a las 10:23 am
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Ahora que el experimento social de terror, desempleo, empobrecimiento, desespero, sumisión al sistema y re arranque inequitativo del modelo capitalista, ha mostrado su espeluznante eficacia; los gobiernos corporativistas, como del que está encargado el sub presidente Duque, acá en Colombia, lanzan sin vergüenza alguna, el zarpazo final sobre la nueva pobrecia mundial, presentando con bombos y platillos las fórmulas de su economía coronavirus.

El pasado 20 de julio, festivo nacional colombiano, en el que además de mostrar la vetusta y súper re-encauchada flota aérea colombiana, se instalaron las sesiones ordinarias del, ahora sí, hilarante Congreso de Colombia. Aprovechando el escenario, el sub presidente Duque, haciendo gala de su real cargo, rindió honores a su jefe, el presidente eterno, casi olvidó hacer lo que tenía que hacer y, como ya es costumbre, hizo lo que no debía, esto es, meter por enésima vez la pata, luego de lo cual, se despachó con un desabridismo discurso de rendición de cuentas, promesas inalcanzables y aterradores anuncios de lo que será el resto del gobierno del uribismo.

Ahora, ante un escenario parlamentario propicio y con la esperanza de cooptar los entes de control que le restan, el uribismo se dispone a desplegar sin sonrojo alguno, todo el recetario neoliberal de re arranque económico, dictado por el Consenso de Washington y el gobierno de EE.UU., juiciosa y concisamente recordado por Vargas Lleras en su columna del domingo pasado (Ver: Germán Vargas Lleras ) consistente en legalizar, ahora con la venia de sus mayorías parlamentarias, lo esbozado en los malhadados decretos de emergencia, esto es, las anunciadas y ahora si temidas reformas laboral y pensional, disimuladas hábilmente tras el velo del proyecto de ley que reglamenta el teletrabajo.

La actual crisis económica, usada para justificar el talante corporativista de los partidos de gobierno, ha sido diestramente administrada para hacerle creer al ciudadano del común, que ésta tuvo origen en la peste ocasionada por el masivo contagio del Covid-19, cuando realmente se venía gestando desde tiempo atrás, a partir del desmedido crecimiento del crédito de consumo del colombiano del común, el desajuste de los presupuestos nacionales por la caída del precio del petróleo, causada por la guerra de sus precios, originada a su vez, por la guerra económica entre China, EE.UU., Europa y Rusia y los irresponsables manejos económicos de los últimos gobiernos, en los que, en palabras del prestigiado economista Eduardo Sarmiento: “El país lleva 30 años con una apertura dictada por el mercado y no ha logrado conciliar el crecimiento y la equidad. El logro de un propósito se consigue a cambio del otro”.

No hay que ser doctor (de los de verdad), ni aspirante a serlo (de los de verdad) en economía, para constatar empíricamente que las fórmulas económicas balbuceadas por este gobierno, no son más que las re ediciones de recetas, ya aplicadas, con comprobado éxito para una mínima minoría empresarial, latifundista y especuladora, que ha visto acrecentadas sus arcas, gracias a todas las ventajas fiscales, de infraestructura y de legislación laboral, puestas a su favor, en tanto que, la vieja y nueva pobrecia padece, y ahora mucho más, procesos casi que irreversibles de pérdida de empleo y poder adquisitivo en su camino a la miseria multidimensional.

Por lo visto y lo avisado por el sub presidente Duque, estamos frente a un panorama en el que nuevamente los gozosos serán para los más fuertes, las corporaciones empresariales, agrarias, financieras y de infraestructura, a las que le sirve este gobierno, así lo muestran los recientes informes de la Superfinanciera, en los que la banca colombiana, con pandemia y todo, tuvo utilidades por $3.32 billones, en tanto que las cifras de desempleo se incrementan a diario, así como el número de micros, pequeñas y medianas industrias quebradas, que no quisieron ser auxiliadas por este gobierno.

Con un congreso puesto al servicio del corporativista gobierno nacional y presidido por un contumaz ausentista laboral, el panorama no se ve esperanzador, en lo relativo a algún tipo de contrapeso político-legislativo que pueda parar este re acomodamiento post pandémico, en el que todo va a cambiar para que nada cambie y la economía colombiana va a seguir siendo; una economía coronavirus que afecta negativa y mayoritariamente a los más necesitados.

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