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Duque tampoco escucha a las víctimas

El lunes 11 abril, 2022 a las 11:55 am
Duque tampoco escucha a las víctimas

Duque tampoco escucha a las víctimas

Alfonso J Luna Geller

En el Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas, se conoció que el presidente Iván Duque se negó a escuchar a las víctimas que clamaron para que no extraditara aún a Dairo Antonio Úsuga David, alias Otoniel, porque esperaban justicia, verdad y reparación por parte del Estado, y de los paramilitares.

Pero no. Tal como ocurrió también en mayo del 2008, cuando Uribe extraditó a los paramilitares que estaban decididos a confesar toda la verdad y denunciarlo por haber sido, el propio presidente, el fundador el Bloque Metro de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu), junto con su hermano Santiago, y otros ganaderos del nordeste antioqueño, se repitió la historieta y el silencio característicos del régimen uribista, que hoy preside Duque.

Indudablemente, Otoniel sabe mucho sobre lo ocurrido en la entraña del hampa criolla desde la década de los noventa, de la que siguieron haciendo parte reconocidos elementos del poder político y empresarial colombiano y no es conveniente que también lo sepa la opinión pública, menos en temporada preelectoral.

En consecuencia, como era de esperarse, otra vez se extraditará la verdad, para que acá siga reinando la impunidad de los victimarios y la injusticia con las víctimas y no se sepa, por lo menos jurídicamente, que en los crueles episodios del narcotráfico paramilitar están involucrados mandos militares e incluso figuras políticas que se favorecen de la guerra.

El régimen sabe que debe prescindir de estos sujetos, que una vez utilizados, se vuelven molestos, peligrosos y acaso traidores, portadores de verdades aún no dichas. Es una situación idéntica a la que protagonizó Salvatore Mancuso y su combo. Todavía hoy, este excomandante de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) sigue afirmando que fue extraditado a los Estados Unidos “como venganza criminal”, para callarlo.

Igualito se expresó el máximo jefe de Clan del Golfo, alias Otoniel, en una carta que le envió a las víctimas del conflicto de Antioquia, Córdoba y Chocó en la que pide perdón por los crímenes de lesa humanidad cometidos por él y su grupo durante más de 30 años. También le dice al presidente Iván Duque, tal como lo hizo Mancuso en su momento a Uribe, que la extradición es “un plan para llevarse la verdad a los Estados Unidos”, para callarlo.

Mientras esto siga así, en estas manos gobernantes, estamos condenados a ser testigos de la repetición de las historias.

Otoniel le solicitó al mandatario que “no actúe con ánimo de venganza”, asunto que se empezó a mover cuando él mencionó las relaciones que el general (r) Leonardo Barrero tendría con el Bloque Centauros, estructura ilegal que dirigía Otoniel en los Llanos Orientales, y cuyo primer golpe para imponer el horror fue la masacre de Mapiripán, donde fueron asesinados 49 campesinos inocentes. Igual, porque relacionó al exdirector del DAS en el departamento de Casanare Orlando Rivas, como colaborador de las AUC; así como al general (r) Henry Torres Escalante, excomandante de la Brigada XVI del Ejército.

La actitud del gobierno Duque se hizo evidente por todas las trabas que se pusieron por parte de organismos oficiales como la Policía Nacional, para no permitir que las declaraciones de Dairo Antonio Úsuga –Otoniel- fluyeran normalmente ante la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, y la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No repetición, CEV, y obvio, ante la opinión pública.

El temor del establecimiento era que Otoniel, exjefe de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, AGC o Clan del Golfo, además, pusiera en evidencia pública a varios generales de la Policía que iban a ser delatados, y por el apoyo del Ejército a los grupos paramilitares, la financiación de empresarios y el apoyo de políticos y gobernantes locales a toda la estructura narcotraficante y paramilitar que el tipo este comandaba.

Para completar la estrategia del silencio y la complicidad criminal oficial, en una “rarísima” operación se les voló de la cárcel La Picota el otro capo del Clan del Golfo, socio de Otoniel, Juan Larrison Castro, alias Matamba, principal cabecilla del Grupo Armado ‘Cordillera Sur’, quien supuestamente salió escoltado por guardianes oficiales.

Matamba también era responsable de controlar las rutas del narcotráfico en el sur de Colombia y estaba vinculado con carteles mexicanos, y claro, con alias ‘El Padrino’ (supuestamente el general (r) Leonardo Barrero, quien fue comandante del Ejército), además de otros oficiales como el coronel (r) Harry Gómez, excomandante del Batallón Boyacá, y el coronel (r) Robinson González del Río.

Al respecto, se pronunció el senador Roy Barreras, quien señaló que la fuga de ‘Matamba’ se dio para “que no hable y para que a los colombianos se les esconda la verdad de un narco-régimen que hoy hay que cambiar”.

Duque tampoco escucha a las víctimas

A continuación, otras opiniones sobre la cuestionada propuesta del gobierno colombiano:

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