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Jueves, 25 de febrero de 2021. Última actualización: Hoy

Duendes del cerro de Bellavista

El jueves 21 enero, 2021 a las 9:27 am
Duendes del cerro de Bellavista - Por Marco Antonio Valencia Calle

Duendes del cerro de Bellavista.

Marco Antonio Valencia Calle

Casi todos los cerros a lo largo del valle del Patía y del Macizo Colombiano tienen duendes como guardianes. La palabra “duende” significa “dueños de casa” y algunos son amables y juguetones, pero con otros se han librado batallas épicas, sobre todo cuando se enamoran de los menores de edad.

Los duendes del cerro de Bellavista, en la finca de Cascajal, vereda El Guanábano (donde vivimos), han sido seres buenos. Logramos con ellos un trato para proteger juntos los bosques, las aguas y la fauna silvestre. Es decir: nosotros cuidamos su montaña y, si tenemos que matar a un animal que no sea para nuestra subsistencia, les pedimos permiso y les explicamos la razón de hacerlo.

Contaba mi abuelo, Antonio Valencia, que los duendes se roban a los niños no bautizados para llevarlos ante el Viruñas, con el objetivo de que lo confundan con ellos y así poder seguir en la Tierra. Decía también que tienen la contextura física de un infante, orejas puntiagudas, cabeza enorme que cubren con sombrero alón y, sobre todo, pies grandes y torcidos. Advertía que se esconden en las cañadas, guaduales y al borde de las quebradas.

—Los duendes mayores tienen sabiduría y comprenden a la humanidad —explicaba el viejo—, aunque los jóvenes son traviesos y enamorados. Gustan de niñas y niños de cabellos largos a quienes “enduendan” con juguetes y dulces para llevárselos a sus cuevas. Allí les cantan mientras los peinan.

—¿Y cómo se evitan los duendes?

—Los duendes pícaros a veces se bajan de los cerros y buscan adueñarse de las casas. Por eso, en las fincas, hay que tener una guitarra. Como ellos son curiosos, cuando la rasgan, el sonido los asusta y no vuelven. También hay que tener veladoras, camándulas y frascos de agua bendita por si hay que luchar contra ellos. Existen personas que con las hojas de palma tejen cruces, las llevan a misa los Domingos de Ramos y las dejan detrás de las puertas.

—¿Y si el duende lo que quiere es llevarse a un niño o a una niña?

—Cuando se sabe que el duende está enamorado de algún niño o niña de la casa, se le pone la ropa al revés para que no la reconozca y se confunda. A los que son más grandes, se les enseña que deben hacer popó para que el duende se ponga a jugar con el estiércol y puedan escapar.

—¡Sin chichiguas, abuelo!

—¡A la parte seria, moso! Si el duende amenaza con llevarse a una criatura de la casa, lo mejor es emborracharlo y darle una guasqueada bien buena. ¡Así no regresa! Para eso se tiene que lograr su confianza, dejando por ahí naipes, dados, espejos y muñecas de pelo largo. Luego se lo invita a jugar con las cartas o los dados y se le brinda aguardiente o guarapo. Apenas comience a llorar como un niño, señal de la borrachera, hay echarle agua bendita encima. Y, ahora sí, a darle látigo con ganas mientras se reza un padrenuestro, tres avemarías y hasta el Salmo 91.

Visita mi página web: www.valenciacalle.com

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