Lunes, 30 de marzo de 2020. Última actualización: Hoy

¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

El domingo 22 marzo, 2020 a las 2:09 pm

¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

Son mis lágrimas mi pan,
de día y de noche,
mientras me dicen todo el día:
¿En dónde está tu Dios?
Salmo 42,4

Hoy es evidente el sollozo y angustia del pueblo exiliado en casa. En medio de tal situación, el templo, signo tangible de la presencia de Dios es destruido por un enemigo silencioso y mortal. Se esfuma la promesa abrahámica ante la figura de un coronavirus.

            En estas épocas aciagas, aparecen frases de aduladores que evocan la crisis de fe del pueblo y repiten un estribillo a lo largo del planeta: ¿Dónde está Dios? Debo recordar que esta pregunta ha sido repetida a lo largo de los tiempos, en medio de plagas, conflictos y situaciones límite.

            Precisamente la pregunta ¿dónde está Dios?, nos suscita reflexionar sobre el modo como Dios actúa en la historia y cómo podemos entender dicho actuar desde la fe. En nuestro tiempo, la ausencia de Dios se debe al surgimiento de deidades humanizadas y objetos que asumieron el rol de dioses protectores, los cuales predeterminaron nuestra felicidad sobre la tierra y dejaron de lado al prójimo. Sin embargo, es difícil hablar del actuar de Dios en la historia y del sentido de dicho actuar frente a situaciones tan críticas como las del nuevo exilio, cuya primera reacción suscitada es el silencio impávido y desconcertante de ver al otro tal como es.

            Nuestro afán ha dejado de lado a Dios bajo la premisa del dinero y del ego, y en esa perspectiva hemos causado desastres naturales, enfermedades, virus, guerras, genocidios, injusticias estructurales, desplazamientos forzados, impunidad, corrupción estatal, empobrecimiento sistemático de los pueblos.

            Los seres humanos protagonizamos y construimos la historia. Desde el ejercicio de la libertad se moldea el proceso de las sociedades y los pueblos, se perfecciona los horizontes de los destinos y se decide cómo reaccionar ante los embates de la naturaleza y el azar.

            En estos tiempos de recogimiento, la perspectiva de la justicia debe movernos al esclarecimiento de la pregunta humana sobre dónde está Dios a partir de la respuesta práctica al interrogante divino ¿dónde está tu hermano? Solo así, desde esta representación podemos rescatar a Dios de su secular confinamiento por parte del capitalismo rampante.

            Desde esta visión, los cristotraficantes ya no considerarán vender la existencia de Dios, porque la realidad nos permitirá conocer al Dios que existe en nuestros corazones y hogares. Será fácil reconocerlo en el hermano que sufre y en la naturaleza que lo glorifica.

            En este 2020 no es de extrañar y es perfectamente concebible la espera y emergencia de figuras mesiánicas y que surjan caudillos liberadores y restauradores de los órdenes políticos, económicos, militares y religiosos. En la historia quienes acogieron estas creencias terminaron por depositar, además de su fe y obediencia absoluta, su sentido de iniciativa y autodeterminación. Al contrario, quienes no compartieron algún aspecto de este imaginario social fueron considerados proscritos, herejes y una amenaza al orden social preestablecido y querido por Dios, pero ellos, solo querían ver a Dios en el otro y en la naturaleza. El coronavirus nos ha permitido sospechar lo que significa que nuestro Dios sea un Dios de vida.

Hoy, ad portas de la Semana Santa, debemos preguntar, ¿Cómo hablar con Dios en el exilio de nuestros hogares? Esta es la cuestión acuciante que hace eco en los traficantes de la fe, porque según ellos, no se puede hablar de Dios en otro lugar que no sean sus templos de oro y escarlata. No obstante, la realidad del COVID 19 nos permitirá hablar con Dios sin intermediarios, sin aquellos pastores que se enriquecen y llegan a puestos de poder y control justificados por ser sus mensajeros. En esta cruda verdad, solo nos queda buscarlo en el silencio interior sin ningún impedimento o justificación de gracia o pecado.

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