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Miércoles, 7 de diciembre de 2022. Última actualización: Hoy

DON SEGUNDO

El sábado 4 junio, 2016 a las 2:53 pm

Reinel Gutiérrez / ¡Llegó mi marido! es una exclamación que se usa en situaciones especiales, y es exclusiva de algunas esposas.

Habitualmente la dicen ellas como una alerta cuando son infieles y se consideran mujeres de la casa, que no salen y hacen allí lo bueno, lo malo y lo feo.

Hay sutileza e inteligencia en estos menesteres, pues lo primero que se aplica, es una serie de medidas de seguridad para recibir a «Don Segundo», o sea el amante.

Para esto tienen en cuenta que el esposo se encuentre laborando y las horas buenas son de ocho a once de la mañana, y de dos a cinco de la tarde, o que él se encuentre de viaje, se haya ido para futbol, o tenga turnos de trabajo entre las seis de la tarde y las seis de la mañana.

Como la respetable señora no abandona su casa, entonces no se delata paseando por otros lugares, y de esta manera puede tener su Príncipe Azul por muchos años sin que ninguno note. Dentro de todo lo previsible ella no debe dar sospecha ninguna, tiene que portarse muy cariñosa y atenta con su cónyuge, mantener la casa arreglada, servir la comida bien preparada y a tiempo, y borrar toda huella, como lociones, unos calzoncillos al pie de la cama, o unas medias. Mantener la ropa lavada y lista, y que no le falte un botón a la camisa. Si recibe regalos tiene que decir que se los ganó en una rifa. Al esposo lo ha de recibir con beso y abrazo, y mostrarse muy alegre con su llegada.

Pero como dice el refrán popular «tanto va el cántaro al agua, hasta que por fin se rompe», entonces un día fallan las normas preventivas, y en pleno acople ella exclama ¡llegó mi marido!. De inmediato el amante tiene que saltar por la ventana, salir por el patio de atrás, o correr por los techos del vecindario, y cuando esto no se puede hacer entonces esconderse debajo de la cama, o introducirse en el armario.

En alguna oportunidad un marido celoso encontró escondido en su casa a un hombre desnudo y le preguntó: ¿usted quién es?, y respondió «yo soy un ángel». ¿Un ángel y dónde están las alas?. «Es que soy un ángel pichón». Estos casos suceden mientras el «santo cachón» inocente trabaja todo el año y todos los años.

Ojalá que esta nota sirva para reír un poco y olvidarse de cosas feas como el odio entre hinchas de los equipos de futbol, el choque entre pandillas juveniles, el diferendo entre Colombia y Nicaragua, el arreglo para la paz, la muerte de niños, la imposición de Procurador, los sueldazos de los políticos, y la feliz navidad que no lo será tanto para muchos.

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