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Discerniendo entre causas y consecuencias

El martes 12 mayo, 2015 a las 4:54 pm
Alfonso J. Luna Geller

Por Alfonso J. Luna Geller

La ciudad-región del norte del Cauca soporta hoy las consecuencias de la pésima administración pública que ingenuamente, en histórica votación, decidieron miles de quilichagueños y jamundeños hace ya casi cuatro años.

En Santander de Quilichao las gentes ya conocen sobradamente, por repetitivas, las irresponsables respuestas a todo lo que se reclama o exige: fueron herencias de las administraciones anteriores, la culpa no es propia sino de todos los anteriores alcaldes, o que Proclama del Cauca pertenece o es vocero de algún grupo político opositor al gobierno municipal, lo cual ratifica, por ende, que la actual administración no pudo asumir en ningún momento el control del presente, y menos, el del futuro de la ciudad-región: “no puedo hacer milagros” dijo el alcalde cuando se le cuestionó por qué no ejercía como primera autoridad de policía del municipio; no hubo planeación acertada, porque esa oficina fue convertida en una compra-venta de lotes y administradora de licencias de construcción, asignación tramposa de contratos y otros torcidos, como también fue (o es) la inescrupulosa gestión en la Secretaría de tránsito municipal.

Lo que hoy se critica en los tertuliaderos de Quilichao, es consecuencia de la parálisis administrativa en todos los campos, desde mucho antes de que cortaran la energía eléctrica, que es otra ocurrente disculpa, que cayó como anillo al dedo, tal dicen las abuelas, para trasladar la exclusiva ineptitud al vecindario, porque este problema tampoco lo pudieron afrontar oportunamente, a pesar de que muchos intuíamos que se iba a presentar; y no es con desfiles o marchas de protesta de última hora como había que resolverlo, sino con acciones administrativas y jurídicas, al parecer de absoluto desconocimiento por parte de quienes debieran conocerlas; es más, el problema del basurero para Quilichao debía haberse resuelto con la instalación de una planta de tratamiento de lixiviados y la construcción de una nueva celda de recepción de basuras, desde antes de permitirse un contrato de 400 millones de pesos para convertirlo en regional sin ni siquiera tener condiciones para ser basurero local, ni haberse convocado a la consulta previa; increíble, pero cierto; otra buena disculpa para tapar la evidente pero ambiciosa torpeza. Sólo vemos celeridad y eficacia para desarrollar negocios privados a partir de los recursos públicos.

Infortunadamente para todos los quilichagueños, a esta administración le convienen todos estos lamentables y onerosos hechos, como la quema del vehículo recolector de basuras o la suspensión de los servicios de energía, para que la gente desvíe su atención de las causas u orígenes de esos problemas, y así, las emociones, el natural resentimiento y el desconcierto de los ciudadanos desprevenidos puedan ser manipulados para rechazar los preocupantes desenlaces que, obviamente, todos reprochamos, y lamentamos, porque ¿quién no se indigna con tan desastrosos hechos vandálicos? Desgraciadamente estos le sirven a la administración pública para que los ciudadanos no se concentren o no reconozcan que lo que padece Santander de Quilichao son los resultados, consecuencias o desenlaces de una pésima gestión. Las causas que condujeron a todo esto hay que buscarlas es en la total incompetencia y en la satisfacción de intereses privados de quienes se unieron por Quilichao para conducir en los últimos y eternos tres años y cinco meses la función administrativa y de gestión que a este municipio le tocó sufrir.

Lo denigrante es que los problemas públicos se los trasladan directamente a la gente, a los que pagamos con impuestos tanta incompetencia, corrupción y desgreño. Nos invitan a protestar por lo que no pudieron resolver oportunamente siendo su obligación. Debiéramos salir a protestar es por la incompetencia, por un basurero que quedó abandonado desde hace más de tres años, a la buena de dios, contaminando las fuentes hídricas, sin futuro para depositar basuras; por tantos años perdidos para reaccionar e intentar resolver los asuntos legales del alumbrado público; por la inescrupulosa entrega de los bienes públicos a particulares como se pretende con el frigorífico y con los terrenos donde funcionó el coliseo de ferias o plaza de toros, por el derrumbe por abandono que también se prevé del edificio de la calle 5 con carrera 11 donde funcionaron la Secretaría de tránsito y la Umata, entre otras oficinas, por el patrocinio de la minería criminal…

En estas circunstancias, lo más seguro es que el indeseable y perseguido sea el periodista, no quienes causan estas incidencias perjudiciales para toda la comunidad, como lo afirmó hace poco el alcalde municipal por los micrófonos de Proclama del Cauca, por no aceptarle un presunto soborno, por no ser cómplice silencioso, por entregar las evidencias del hipotético perjuicio que se causa a toda la sociedad desde la administración de los recursos públicos. También hemos padecido otras oscuras reacciones ante estos casos, y estamos expuestos, pero en alerta, por eso, esperamos que del mismo modo las autoridades de control, Fiscalía General de la Nación y demás entes encargados de la defensa de lo público y de la libertad de expresión, le demuestren a la ciudad-región del norte del Cauca que existen, que la investigación, la denuncia y la sanción, si es del caso, operen como parte fundamental de la seguridad social; por eso, estamos precisados a exigir justicia.

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