Domingo, 25 de julio de 2021. Última actualización: Hoy

Diálogo en torno a “Sueños dalinianos”

El viernes 16 julio, 2021 a las 11:06 am
Diálogo en torno a Sueños dalinianos
Ilustración: Sueño daliniano 4, por RVQ

Diálogo en torno a “Sueños dalinianos”:
RVQ, con los escritores DONALDO MENDOZA y JULIO CÉSAR ESPINOSA

Rodrigo Valencia Q

Atendiendo la propuesta dialogal de los amigos y escritores Donaldo Mendoza y Julio César Espinosa en torno a mis dibujos «Sueños dalinianos«, exhibidos hace pocos días en este espacio, presento sus inquietudes y mis respuestas a las mismas.

-DONALDO MENDOZA:

Cinco interrogantes quedan servidos para la respuesta del artista. En las décadas 20 y 30 del pasado siglo la tendencia artístico-literaria era el surrealismo, y Dalí fue el adalid más visible de esa corriente; como bien dice Julio, el color era de los valores estéticos relevantes del español. El surrealismo, pienso, fue una «reflexión» del psicoanálisis, que le dio patente al sueño. Mi aporte a este posible diálogo es este texto (adjunto), aún en el horno (sobre el sueño).

-JULIO CÉSAR ESPINOSA:

  1. ¿Por qué a esta última serie de obras le aplica dos términos sugestivos: sueños y dalinianos?
  2. Hay un contraste evidente entre lo daliniano y lo suyo. En el color, por ejemplo. La riqueza cromática de Dalí es fantástica. ¿De qué manera lo suyo puede ser daliniano cuando solo maneja una gama de negros, grises y blancos?
  3. Dalí arranca sus temas de realidades oníricas. El gran pintor español nunca parece preocupado por realizar una interlocución con la razón. Hay un complicado discurso pictórico irreal en la obra del español. Parece evidente que en los sueños dalinianos de RVQ el protagonista es el silencio. ¿Está de acuerdo con ese planteamiento?
  4. El nombre que usted le ha dado a esta serie de obras sigue siendo un tanto extraño, por no decir polémico. Tomemos, por ejemplo, “La persistencia de la memoria”, “El enigma sin fin” y “El sueño”, tres cuadros fundamentales de Dalí. En todas estas es axiomático pensar que la realidad normal ha sido truncada en aras de sugestiones misteriosas, de adivinanzas transracionales, las tres coordenadas apacibles del mundo sufren una parálisis. Eso ya lo conocemos como surrealismo. ¿El discurso crítico puede hallar en esta última serie de cuadros dalinianos de RVQ una aventura más allá de lo real?
  5. En el “Sueño daliniano 4”, esa figura asexuada y divorciada absolutamente de la sensualidad, que preside el cuadro, está muy cerca a los cánones de una estatua. ¿Por qué usted agota las posibilidades de un gesto, de un guiño y hasta la misma mirada, profunda es cierto, se pierde en las reconditeces de una serenidad sin pasiones?

-RODRIGO VALENCIA Q:

Interesantes cuestiones, muchas gracias.

Respondiendo cada inquietud, asumo que:

  1. Algunas obras mías tienen indudable influencia del genio español; se puede catar esa inclinación estilística desde lo más lejano a lo más cercano.
    En cuanto a «sueños», es obvio que estos dibujos míos pertenecen más a una dimensión onírica que a la «real»; allí, lo imposible de ser suplanta a lo obvio aceptado por cualquier razón.
  2. En lo mío predomina el dibujo a lápiz, antes que el color. Aludir a «daliniano», para mí denota más un sentido estético-intencional-conceptual-espiritual, que un sentido cromático. Cuando pienso en «daliniano» es inevitable presentir espacios abiertos en sus dimensiones hiperfísicas, sugerentes de anormales estancias espacio-temporales, intimaciones exageradas de la imaginación.
  3. Creo haber dado respuesta a esta inquietud en los dos numerales anteriores. Pero, sí, mis obras (que nunca pretendo equiparar a las del prominente genio catalán) son más «silenciosas»; no tienen la exuberancia perceptual ni anímica ni discursiva que exhiben las pinturas de Dalí. Él es extrovertido, hace continua gala de un virtuosismo verbal, alambicado y barroco, incisivo en sus formas de expresión. Leí su «Diario de un genio», excelente y asombrosa prosa donde la libertad vence cualquier pudor y restricciones de la racionalidad convencional.
  4. Si yo he dado a estas obras un «nombre un tanto extraño», pues perfecto. El extrañamiento es una catarsis que todo surrealismo busca inducir en la percepción del observador. Mis obras tienen casi siempre, además de evidentes intenciones surreales, otras aristas que colindan con lo místico y esotérico; en ello persisto como el caminante y su sombra; voy dejando allí huellas de una búsqueda interiorizada, con sus símbolos y sugerencias al borde del capricho, cosas que cualquiera puede presentir en mis dibujos y pinturas.
  5. Es cierto. Mis Sueños dalinianos 2, 3 y 4 parecen transiciones entre estatuas y la figura humana «real». Pero nada es real en la surrealidad; todos los absurdos son posibles, y allí «todas las verdades pueden ser mentiras y todas las mentiras pueden ser verdades», como anoté en el escrito de presentación de mi exposición de 1983, «Dibujos surreales».
    No sé si yo «agote las posibilidades de un gesto, un guiño y hasta de una mirada», porque no he pensado en ello al realizar estas obras. Mis figuras son híbridas, simulaciones entre una cabeza en cierto modo real, y torsos como de estatua. Ello me hace pensar en las figuras de la esfinge, el hipogrifo y otras invenciones de la mitología, que juegan con arrebatos impresionantes de las formas más contradictorias.

Y como dice Donaldo, el Surrealismo es una «reflexión del psicoanálisis que le dio patente al sueño», dimensión que nos exime totalmente de encontrar cualquier concordancia con la lógica o la proporción «euclidiana» de la realidad.

No se debe explicar una obra surrealista; ello es entrar en contradicción evidente con los presupuestos de todo surrealismo, toda vez que tal movimiento de la historia del arte lo que busca es, precisamente, arrasar con toda normatividad estética racional, filosófica y moral, pretendiendo, en cambio, un choque, un exabrupto, un éxtasis enajenante, un cuestionamiento totalitario a lo estatuido y creído como verdadero por la realidad y el siquismo convencionales.

Sin embargo, si ustedes me preguntan y yo respondo, como aquí, a estas inquietudes, entonces estoy también ejerciendo un acto surrealista, pues pretender explicar lo que no tiene explicación es un pronunciamiento del absurdo, un gesto totalmente surrealista.

De modo que, estimados amigos, gracias por la oportunidad brindada en este diálogo, planteado como buen ejercicio de reflexión.

**RVQ**

*************************

Otras publicaciones de este autor:

Rodrigo Valencia Q
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?