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El lunes 3 marzo, 2008 a las 10:24 pm

Santiago de Cali, 21 de Febrero de 2008

Por Gustavo Adolfo Constaín Ruales

Les hablaré de un hombre convertido en soldado, soldado convertido en héroe, héroe en mártir y luego en leyenda. Hombres que produce la tierra cada 555 años. “El que se mete a redentor, muere crucificado” dijo su padre Gregorio, el día del gran crimen. Un nica de Niquinohomo.

Sandino no fue un burgués como el che Guevara, fue más bien un técnico, casi un proleto como se diría ahora. Sandino tampoco fue marxista, como también lo fue Farabundo Martí que peleaba a unos pocos metros en Salvador. Amaba a su patria y a los extranjeros que vivieran en ella, si fueran honestos.

Tenía pinta de cowboy americano, usaba una cinta roja alrededor del cuello, sombrero de vaquero y botas de cuero, pistola al cinto. Si no hubiera sido revolucionario, hubiera sido actor de cine -amado por las mujeres-, héroe de acción sin doble como Johnny Weissmuller, ganador de Oscar, nombrado caballero, honrado con la Legión de Honor de los franceses y embajador de buena voluntad de las Naciones Unidas. En otras vidas, no lo dudo habrá sido un trovador, un caballero andante o edecán de Bolívar.

El Che se inmortalizó en la foto que ha sido explotada hasta la saciedad por el capitalismo, ningún peso de las camisetas, llaveros, boinas y miles de accesorios más no han servido para redimir en algo una justicia social que propugna el icono de miles de latinoamericanos, europeos y asiáticos, incluyendo americanos, en su inmensa mayoría de clase media o media alta o alta. Tan lejanos de lo que quiere representar la foto del póster.

No hay camisetas de Sandino, ni llaveros, ni boinas con su fotografía, ni los jóvenes latinoamericanos lo usan en sus vestimentas, algunos ni siquiera lo conocen. Para honra de su memoria –ni como articulo de consumo y de deshecho- desgracia del capitalismo y olvido de la patria latinoamericana.

Sigue así el héroe en silencio como cuando combatía en las montañas de Nicaragua, se rindieron todos, menos uno, él. Tenía pasta de mosquetero de Dumas. Su canto de guerra, era una canción de amor, Adelita. La misma canción que llevaron los aliados a Europa en la gran guerra.

Los poemas que se han escrito a Sandino, nos hablan del hombre enfrentado a sí mismo y de la fortaleza del hombre solo enfrentado a lo imposible. Ernesto cardenal le canta en el poema: “Y Sandino no tenía cara de soldado, sino de poeta convertido en soldado por necesidad, y de un hombre nervioso dominado por la serenidad.” El verdadero revolucionario latinoamericano fue Sandino, combatió a los yanquis para liberar a su patria de la invasión invitada por liberales y conservadores nicaragüenses. Derrotó dos veces al ejército más formidable del mundo. Así dice la historia, Sandino perdió, por lo tanto la historia es verdadera.

La revolución por la cual murió, no sobrevivió. Los que tomaron su nombre, no le hicieron sombra, traicionaron los ideales, los poemas, los muertos, dejaron las cosas iguales o peores. Igual a cuando El Che se fue a su aventura en Bolivia. Cuba en esa época ya era de los Castros, todavía lo es.

Firmó un desarme, tenía palabra. No se rindió. En el monte de la calavera, lo fusilaron como a los hombres, junto a Estrada y Umanzor.
Desde tu 21 de febrero nos miras Augusto Cesar Sandino, te digo presente, presente en los poemas, no en las camisetas, ni llaveros, ni boinas -como articulo de consumo y de deshecho-. Un hombre, un nica de Niquinohomo, de los que la tierra producen cada 555 años.

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