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DENUNCIA PUBLICA

El sábado 1 noviembre, 2008 a las 11:04 am

Alvaro Alvarez Muñoz, Md.

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El pasado 14 de Octubre a eso de las 8 a.m. se inició una marcha pacífica en el sitio La María, jurisdicción de Piendamó, protesta de indígenas del Cauca. A las 9 de la mañana mi señora madre, mi hermana mayor y un joven sobrino, quien conducía el auto, fueron obligados a detener el carro en la localidad de Pescador, vía panamericana ubicada entre Cali y Popayán. Las tres personas tuvieron que apearse del vehículo amenazadas por una horda de indígenas equipados con largos palos y machetes y de inmediato algunos la emprendieron contra las llantas cortándolas, destrozándolas y dejándolas literalmente “en rines”. A la vez fueron obligados a alejarse y a caminar desde ese sitio hasta el río Ovejas. Nuestro auto fue ubicado detrás y debajo de un camión cargado de ganado que los indígenas querían bajar, colocando las compuertas del camión sobre el carro para que sirviera de puente… por fortuna, en ese preciso momento llegaron los del ESMAD y los indígenas emprendieron la fuga salvándose nuestro carro del daño total.

Después, mientras mis familiares eran sometidos a humillación, intimidación, estrés y marcha forzada, por decir lo menos, el señor Daniel Piñacué declaraba a la cadena Caracol de Colombia, al periodista Gustavo Gómez, que “su protesta era pacífica, sin armas y que necesitaban que “ese señor Uribe Velez tuviera el valor de darle la cara a los indígenas” y ¡bla, bla, bla!. Luego, en las noticias del medio día se observó que la tal marcha no era tan pacífica ni sin armas. Entre tanto mi madre, persona reconocida del Cauca como auxiliar de enfermería, que dedicó toda su vida a luchar por la salud de los indígenas, había sido obligada a dejar el auto destrozado en la vía pública y a caminar más de cuatro kilómetros por cuenta de su protesta.

Yo, señor Piñacué lo invito que tenga el VALOR CIVIL DE DARME LA CARA para que me explique por qué su “protesta pacífica” la emprendió contra dos mujeres indefensas, desarmadas, por qué fueron humilladas, atemorizadas y obligadas a una marcha que no era la indígena y metidas a un conflicto que no era el de ellas; por si acaso, no son terratenientes y viven en el campo. Mi madre desde luego sufrió un colapso nervioso pero su “berraquera”, que es de todos conocida, la sacó adelante. Usted señor Piñacué, con desfachatez inigualable, le MINTIÓ al país, a la comunidad internacional y hasta a EVO MORALES que de seguro escuchaba su perorata y que mejor que no vino, porque se hubiera avergonzado de su farsa. No de la marcha de los indígenas… No, ni más faltaba. Sino de lo que usted dijo. Los daños que sufrió el vehículo que es de otra hermana que es docente y que aún lo debe, un juez dirá quién los va a pagar. Estoy seguro que no van a ser ni mi madre, ni mi hermana, ni mi sobrino. Afortunadamente dieron con personas pacíficas, dos mujeres de avanzada edad y sin armas. De lo contrario los resultados hubieran sido otros y hasta se le habrían achacado al Estado. ¿O no señor Piñacué?

¡Ah! Olvidaba: A mi también me gustan los Derechos Humanos… ¡pero para todos!

Cc:Presidencia de la República

Gobernación del Cauca

Prensa

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