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Democratización social

El martes 22 agosto, 2017 a las 9:44 am

CARLOS E. CAÑAR SARRIA / carlosecanar@hotmail.com

              Los privilegios hacen imposible la democracia porque lesionan significativamente ese máximo valor que es la igualdad. Si algo le hace falta a este país, es precisamente democratizar la sociedad. Para ello es necesario establecer los cimientos de construcción de una cultura política democrática que debe comenzar por la ciudadanía, nos referimos a la formación de ciudadanos regidos por prácticas tales como la autonomía, la solidaridad, el compromiso colectivo, la participación, etc.

Aprovechar los espacios de la vida cotidiana para hacer posible la democracia. En primera instancia, hacer esfuerzos por democratizar las relaciones familiares, que una cultura machista ha invalidado.

Desafortunadamente en la familia, considerada la célula básica de la sociedad, en la cotidianidad se pierden los espacios más importantes para la cohesión social. El machismo sigue asumiendo patrones comportamentales que invalidan la posibilidad de democratizar, por ejemplo, los quehaceres domésticos. Utilizar la escoba, lavar los platos, asear los baños, cambiar los pañales o darle tetero a los niños, ir al mercado y echarse el canasto al hombro, entre otros menesteres, se encuentran vedados, porque tanto hombres como mujeres siguen pensando que estas son actividades destinadas a las mujeres. Se piensa que esto es una afrenta a la hombría, a la autonomía y a la virilidad.

Nada más absurdo y erróneo, pues con estos prejuicios desaprovechamos valiosas oportunidades para dignificarnos como seres humanos. Menospreciamos actos de deferencia y consideración a las mujeres y a los niños, y con ello renunciamos en nuestra condición de hombres, a la ternura y a diferentes formas de sociabilidad.

Otro asunto que merece destacarse, es la necesidad de democratizar las relaciones laborales. La Constitución Política trae como imaginario la consolidación de la  democracia participativa. Desafortunadamente vemos cómo tanto a nivel estatal como en el sector privado, siguen primando prácticas clientelistas y politiqueras, asunto que prometen combatir los candidatos presidenciales de turno pero que ya en el ejercicio del poder prontamente lo olvidan.

Muchos pensamos que la meritocracia podría ser el inicio del reconocimiento de la pedagogía del esfuerzo de personas que a diario nutren sus hojas de vida con experiencia, valores personales,  socioculturales y académicos. Pero no. Para decir la verdad, hay poca confiabilidad en las denominadas empresas ‘cazatalentos’, ya que existe el sentir de que a la hora de la verdad, “ni están todos los que son, ni son todos los que están”. A los estudiosos de las ciencias sociales, políticas y económicas dejamos como inquietud de investigación, la pregunta; ¿Cuál ha sido el comportamiento de la meritocracia a nivel local, regional o nacional? Desconocemos que se hayan hecho estudios al respecto.

Se percibe desconfianza en la manera como se desarrollan los concursos para la carrera administrativa, judicial, del magisterio para docentes y directivos, etc. Concursos que suelen quedar en veremos a la hora de la asignación de los cargos, porque estos los siguen ocupando los que están o los ocupan otros aparecidos sin necesidad de concursos En la práctica se subestiman hojas de vida que a leguas otros superan.

No faltan ambigüedades en las convocatorias como en los mecanismos de selección en no pocas entidades del Estado. Es por ello, que quienes han ganado los concursos deben estar atentos a la hora de las vacantes y distribución de los cargos para estar al tanto de ello y hacer las reclamaciones legítimas ante las instancias pertinentes. En algunas entidades que se dice acuden a la “meritocracia” se siembran muchas dudas y abundan quienes pensamos que los perfiles y mecanismos  para proveer cargos son acomodados.

Lo anterior nos lleva insistentemente a pensar en cómo hace falta en nuestro país, la construcción de prácticas que conlleven a implementar  mecanismos privados e institucionales que se ajusten a la democracia participativa.

Humanizar y democratizar las relaciones intrafamiliares y fundamentar una ética de promoción personal y laboral podría ser un buen comienzo para democratizar nuestra sociedad. Quizá un cambio de comportamiento en la manera como conducimos las relaciones intra familiares y laborales podría contribuir a la consecución de un país más pacífico, democrático y solidario.

Si los concursos de méritos están reglamentados por la Ley, éstos tienen que cumplirse a cabalidad y no deben continuar prácticas como la colocación de trabas e “imposibilidades” a personas que los han ganado limpiamente, cuando se trata de mantener privilegios, que como ya lo anotamos, le hacen mucho daño, sobre todo a una democracia en construcción como a nuestra.

En algunas entidades del Estado, no sobran aparecidos que están ocupando cargos sin necesidad de concursos, mientras los que los han ganado siguen en espera de que se le notifique para que puedan proceder a ocupar y desempeñar los respectivos puestos. Las agremiaciones sindicales deben ponerse al tanto del manejo de los concursos de méritos porque sin presión social es difícil democratizar una sociedad consuetudinariamente no  ajena al clientelismo, al oportunismo y a la politiquería.

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