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Democracia y sociedad

El lunes 12 enero, 2015 a las 11:07 am
Carlos E. Cañar Sarria

CARLOS E. CAÑAR SARRIA carlosecanar@hotmail.com

Construir la relación democracia-sociedad es algo complicado. Sobre todo cuando se ha arraigado una cultura política de intolerancia y exclusión que en nada ha contribuido en hacer posible la convivencia civilizada entre los colombianos. Esto no significa que la situación sea un problema sólo de los colombianos. En muchos países del mundo se evidencia, se reproduce y obviamente, en Latinoamérica. En el caso colombiano, si algo le hace falta a este país, es precisamente democratizar la sociedad.

Para ello es necesario empezar por democratizar las relaciones familiares. Desafortunadamente en la familia, considerada la célula básica de la sociedad, en la cotidianidad se pierden los espacios más importantes para el disfrute colectivo y para la cohesión social. El denominado machismo ha invalidado prácticas de consideración a las mujeres. En situaciones simples se puede observar esta desconsideración. Por ejemplo, la no democratización de los quehaceres domésticos. Utilizar la escoba, lavar los platos, asear los baños, cambiar los pañales o darle tetero a los niños, ir al mercado y echarse el canasto al hombro, entre otros menesteres, se encuentran vedados, porque se sigue pensando que estas son actividades destinadas a las mujeres. Como si realizar estas actividades fuese una afrenta a la hombría o a la virilidad. Nada más absurdo y erróneo, pues con estos prejuicios desaprovechamos valiosas oportunidades para dignificarnos como seres humanos. Menospreciamos actos de deferencia y consideración a las mujeres y a los niños, y con ello renunciamos a diferentes formas de sociabilidad y a la ternura.

Otro asunto que merece destacarse, es la necesidad de democratizar las relaciones laborales. La Constitución Política trae como imaginario la consolidación de la democracia participativa que presupone la inclusión de todos los asociados, donde los privilegios sean la excepción y no la regla. Desafortunadamente vemos cómo tanto a nivel estatal como en el sector privado, siguen primando prácticas clientelistas y politiqueras. Esto deja en desventaja a muchas personas que a diario nutren sus hojas de vida con experiencia, valores personales, socioculturales y académicos. Hace varios años se habló de la necesidad de implementar criterios meritocráticos para acceder a los cargos. Aparecieron empresas cazatalentos con pobres resultados y no se volvió a hablar del asunto. La Meritocracia en este país sigue siendo un sueño. Habrá excepciones, pero en general, los concursos de méritos son cuestionados por los ciudadanos y por la opinión pública.

Democracia y sociedad

Las prácticas democráticas se hacen necesarias en todos los escenarios de la vida cotidiana. Mientras no se construya tejido social es difícil la democratización de la sociedad. En este sentido, es importante la tesis de Jaime Zuluaga Nieto: “Desde los espacios de lo cotidiano, del hogar, del barrio, de la empresa, de la universidad es desde donde se construye la democracia, porque allí podemos hacer el siempre difícil aprendizaje de asimilar la diferencia no como una carencia o una desgracia sino como algo positivo. Desde allí podemos aprender a vivir no a pesar del conflicto sino con el conflicto; sólo así, en su multidimensionalidad será posible afrontarlo no para eliminarlo sino para tramitarlo sin la supresión del otro y será finalmente realizable la tesis de Estanislao Zuleta de que un pueblo maduro para el conflicto está maduro para la paz”.

En la medida en que evoluciona la sociedad colombiana constatamos frecuentemente la necesidad de construcción de prácticas que conlleven a implementar mecanismos privados e institucionales que se ajusten a la democracia participativa. Humanizar las relaciones familiares y fundamentar una ética de promoción personal y laboral podría ser el comienzo para democratizar nuestra sociedad. Quizá un cambio de comportamiento en la manera como conducimos las relaciones intra familiares y laborales podría contribuir a la consecución de un país más pacífico, más tolerante, democrático y solidario.

Coletillas:

  1. En un mundo moderno y democrático resulta repudiable y lamentable el vil atentado contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo. Es una afrenta contra la libertad de prensa mundial que no debe repetirse. También nos invita a reflexionar sobre los límites y alcances de la libre expresión y sobre la inocultable relación entre libertad y responsabilidad. Multitudinarias expresiones mundiales de rechazo del atentado terrorista, en solidaridad con el pueblo francés que lideró la protesta pacífica y en acompañamiento a los  familiares de las víctimas en claras expresiones de sociedad civil, tan escasas en un país como el nuestro donde se dice que pasa de todo pero nada pasa.
  2. Vale la pena reflexionar sobre la siguiente tesis de Alfredo Molano publicada hace dos décadas: “El problema de la seguridad ciudadana no puede ser definido como un asunto entre delincuentes y policías. Implica que el Estado asuma sus responsabilidades de brindar a los ciudadanos condiciones decorosas de morada, trabajo, recreación y cultura. La mejor seguridad es aquella que nace de la solidaridad de la gente con el Estado”.

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