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Domingo, 5 de diciembre de 2021. Última actualización: Hoy

Democracia, coronavirus y postmodernidad

El domingo 12 abril, 2020 a las 6:07 pm

Democracia, coronavirus y postmodernidad

Democracia, coronavirus y postmodernidad

              Quizá como producto de la postmodernidad, hay veces que quisiéramos dejar de escribir. Nos sentimos muchas veces como lobos aullando a la luna. Lo peor – o lo mejor- es que el tiempo termina dándonos la razón.

               Pensar la realidad y la vida es la mejor manera de hacer filosofía. Marx sostiene que la producción de filosofía corresponde a la realidad de la época que corresponde vivir.

                La postmodernidad es el desencanto de la modernidad, es decir una visión, una reflexión melancólica de la modernidad, porque precisamente los valores de la modernidad se han hecho imposibles. Y ello produce nostalgia.

                 Nos preguntarán: ¿Cuáles son esos valores? Y la respuesta es: son los valores de la democracia. Es decir, la igualdad que nos lleva a la libertad, la resolución política de los conflictos, el desarrollo económico con desarrollo social, la vigencia de los derechos humanos, etc.

                   ¿Qué encontramos en la postmodernidad? La riqueza concentrada en pocas manos, gracias a la pérdida de la esencia humana por la explotación del trabajo; la guerra como opción de vida o de supervivencia, los derechos humanos conculcados o aplazados. Que mientras a la economía le va bien a la humanidad le va mal, que quienes debieran dar ejemplo en una sociedad, no son buenos paradigmas y así terminan trastocados los valores en una humanidad y sociedad enferma.

                      La humanidad hoy se encuentra trastornada como consecuencia de la pandemia del coronavirus. Cuatro semanas de confinamiento y el capitalismo tambalea como si no hubiese existido acumulación de capital por más de cinco siglos.

                       Lo más triste de las pandemias es que quienes más pierden son los más pobres, es decir, los más débiles. Esto nos recuerda la teoría de Malthus, el célebre sacerdote inglés, que en 1798 afirmó que el desempleo, el hambre y la miseria se deben a leyes eternas y naturales del universo y no a las graves y grandes contradicciones socioeconómicas del capitalismo. Que la causa de la miseria no está en la concentración de la riqueza en pocas manos sino en una población que crece en proporción geométrica (1,2,4,8, etc.), mientras los medios de subsistencia o alimentos crecen en proporción aritmética (1,2,3,4, etc.). Que hay en el mundo un significativo número de seres humanos que sobran y, por lo tanto, a éstos les sienta muy bien las pestes, las guerras, el celibato y el control de la natalidad; para lograr con ello un equilibrio social.

                       Desde luego que esta teoría resulta apologista del capitalismo que excluye a este sistema de responsabilidad por el lamentable estado de la humanidad.

                            Hay una serie de cosas y de escenas con respecto al coronavirus que nos desencantan, por ejemplo, el trato al derecho fundamental a la salud, sobre todo cuando esté derecho ha sido dejado en manos de los particulares que se vienen ostensiblemente lucrando, gracias a regímenes neoliberales como el nuestro. Y es patético por no decir ridículo, pretender resolver un problema de tanta magnitud con aplausos al personal médico, que diariamente expone la vida, no obstante, consuetudinariamente trabajar en condiciones lamentables. Como consecuencia de la Ley 100, la situación de la salud de los colombianos está como está. Los gobiernos y los legisladores neoliberales tienen esa responsabilidad. Y a estos le compete la obligación de resolverlo. No con paños de agua tibia para espantar la fiebre, sino con reformas estructurales.

                            El futuro es incierto. El capitalismo está en decadencia. Los problemas de la humanidad le quedan grandes para ser resueltos racionalmente. El humanismo está ligado al uso de la razón humana para centrar el interés en el ser humano hacia la consecución de una humanidad feliz. Y una humanidad feliz, sin verdadera democracia, no es posible ¡qué desencanto!

Coletilla 1: Ánimo le deseamos al senador, Gustavo Petro, la voz altiva de la izquierda democrática colombiana. Superará con la ayuda de Dios esta batalla, como ha vencido en otras.

Coletilla 2: Discriminar al personal médico y de la salud, es la fatídica expresión de una sociedad enferma.

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