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Del mercado en la política y otros brebajes

El sábado 28 febrero, 2015 a las 10:57 am
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MATEO MALAHORA mateomalahora2015@gmail.com

Tan fuerte fue el desmoronamiento y la caída del sistema comunista que pretendió implementarse en la Unión Soviética y el mundo, tan fuerte el ruido histórico universal, que no ha permitido, veintiséis años después, escuchar los desgarramientos internos del sistema democrático liberal, al que Fukuyama también le recetó, “el fin de la historia”, como victoria final del capitalismo y del liberalismo como sistema político.

Tan profunda fue la crisis que las pócimas recomendadas para los partidos comunistas fueron también consumidas por los partidos de izquierda y, naturalmente, por los partidos de la democracia representativa, para prolongar la vida y tratar de conseguir el antídoto o contraveneno para cruzar la frontera de la supervivencia.

Y, naturalmente, ante a los esfuerzos colosales de los dueños del mundo para vender la imagen de la felicidad mundial sin que se noten las guerras, el hambre y las desigualdades económicas, las sociedades contemporáneas, frente a las evidencias incontestables del caos en todos los órdenes de la existencia humana, han acudido, sin éxito saludable, a consumir los medicamentos impuestos por el Fondo Monetario Internacional y la banca multilateral.

Se dirá que, ante la ruina y colapsamiento de las propuestas de vida social alternativa, la vialidad para el liberalismo económico, en su más alta y agresiva expresión neoliberal, ha quedado despejada, a tal punto que las autopistas del progreso serán libres, espaciosas, con seguridad garantizada, aseverando que las nuevas generaciones serán más inteligentes, despiertas y sagaces para hacer negocios. De los garajes saldrá el bienestar y el éxito.

Eso de la pérdida de poder de convocatoria de las empresas y los conglomerados de opinión no debe causar preocupación, pues si una élite se desgasta, o cae en desgracia, emergerá una nueva con mejores bríos para evitar el naufragio de la felicidad consumista.

Los monopolios, los conglomerados financieros, por sí solos garantizarán las oportunidades y la prosperidad.

Del mercado en la política y otros brebajes - Mateo Malahora

Y como no hay un modelo de justicia social distinto al que oferta el neoliberalismo, la crisis no existe, y, si la hay, sólo es un problema de desajustes de carrocería que, al ser solucionados, le vuelven a otorgar tranquilidad visual a los consumidores y usuarios de la democracia.

Y cómo estás de mal Sancho, la noción de justicia y libertad que escuchamos en los discursos políticos es la misma en todos los lenguajes de la partidocracia global, es la misma noción de justicia social de los partidos que hundieron a España en una crisis irredenta, que ha cambiado por la base el mito del pensamiento político tradicional, a las puertas de duplicar el ejemplo griego.

Queda claro: frente a la pobreza global y los esfuerzos por legitimarla, los afectados hoy no la asumen, como en el pasado, con beatitud religiosa; saben, por lo menos las clases medias, que la política no es un asunto privado sino de carácter público y como tal no existe obediencia ciega ni fidelidad eterna.

En esa perspectiva y en los escenarios novedosos de la paz como exigencia estructural se darán reacomodos conceptuales entre los liberales clásicos y los liberales críticos o progresistas, los primeros se limitarán, como ayer, a repetir que los hombres y mujeres nacen libres e iguales y proclamarán en sus discursos las libertades formales, que en la práctica sólo son efectivas para un puñado de personas (individuos) que son dueños de los grandes medios de producción o tienen el privilegio de ser usufructuarios del Estado.

Son, éstos, los liberales ortodoxos, sacrosantos, para quienes los derechos sociales, económicos, culturales y ambientales no constituyen una preocupación fundamental y consideran que el poder de los sindicatos, los estudiantes, los movimientos populares y los derechos constitucionalmente tutelables, ponen en alto riesgo las libertades individuales y la democracia.

Algunos de sus más altos y conspicuos voceros no ocultan su desdén por todo lo que signifique equidad social y se autoproclaman como guardianes de los derechos individuales, e incluso del capitalismo salvaje. Perder terreno es desastroso para sus intereses.

Tareas precisas: en la práctica social son defensores del capitalismo como un modelo de vida demostrado no sólo en los Estados Unidos sino en Rusia, China y Europa del Este, países que se insertaron en la economía de mercado y la cultura occidental del consumo, admitiendo que ante el fracaso de los modelos alternativos, la democracia capitalista surge como el régimen político absoluto ideal.

Romper ese esquema político no es fácil, pero tampoco imposible, la vida democrática no puede convertirse en un mercado en el cual los dirigentes elaboran como industriales de la política ofertas, propuestas y programas para ser comprados por los electores-consumidores a través del voto, como un medio contante y sonante de pago político.

Hasta pronto. Tiempos de cuaresma y meditación política.

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