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Otra mirada al paisaje humano Misak

El jueves 5 octubre, 2017 a las 3:09 pm

Encuentro con la bella poetisa del pueblo guambiano

Deisy Giovana

Deisy Giovana

Deisy Giovana

Deisy Giovana

Otra mirada al paisaje humano Misak

Encuentro con la bella poetisa del pueblo guambiano

Es cierto que al hacer turismo se va a conocer el ambiente urbano, los parques, iglesias, la arquitectura propia y museos. También, paisajes, ríos, montañas y la forma de vida de los pueblos.

En Colombia uno de los pueblos más llamativos por todos aquellos aspectos, pero especialmente por su cultura, es el Misak o Guambiano, que vive en un área geográfica privilegiada, lo sabe toda persona que haya tenido la fortuna de visitar y recorrer el paisaje natural que corresponde a la jurisdicción del municipio de Silvia.

Cuando uno llega a Silvia, ese pueblo encantador del centro del Cauca, lo primero que le impacta son los colores y la tradición viva de la cultura guambiana, un escenario perfecto para observar y tomar algunas fotos. Las personas, el paisaje humano, es una parte muy importante; por eso, todo turista intenta conocerlo en sus facetas diarias.

Los Misak son abiertos y amigables, aunque hay que ser muy delicados con la toma de las fotografías personales pues también cuidan de su rasgo distintivo, sus trajes, vistosos y elegantes. Se les debe pedir permiso antes de hacerlo ya que no les gusta ser tratados como otro ‘atractivo turístico’, así impacten visualmente con la decoración lineal y colorística generalmente de formas totémicas en cinturones, mantas y mochilas.

En el parque principal de Silvia vimos y abordamos a una hermosa guambiana que tejía mientras atendía un puesto de artesanías de los que se instalan en dicho parque. Deisy Giovana Almendra Calambás, resultó además de fidedigna representante del pueblo Misak, ser una poetisa, estudiante de IX semestre de español y literatura de la universidad del Cauca.

Deisy Giovana Almendra Calambás

Deisy Giovana Almendra Calambás

Se mostró amigable, y feliz de que estuviéramos re-conociendo su pueblo. Pero la dulzura de su voz, su encanto personal y el conocimiento propio nos llevó más allá. Nos impactó por lo que se le propuso ser la “Modelo Proclama del Cauca” Octubre 2017. Lo pensó un rato. Aquí les entregamos los resultados.

En el trabajo de campo logramos ratificar conceptos: los guambianos, además de la tierra, cultivan la música, las artesanías como símbolo de tradición y arraigo, y las artes, que aprenden viendo y oyendo a los “taitas”. Le cantan a la vida cotidiana, en español y en wampi-misamera-wam, su lengua nativa, a los paisajes, a las lagunas y a Pishimisak, el duende, un dios de los guambianos.

La paz que, de nuevo, se vive en esos campos y los paisajes recuerdan siempre a los Alpes suizos o austriacos, por eso, estas tierras fueron llamadas “La Suiza de América”. Es más, la riqueza de sus suelos se aprecia en la plaza de mercado, donde se encuentra toda variedad de alimentos. La trucha es una de las especialidades de la región, donde varias comunidades se han dedicado a la piscicultura.

En fin, el trabajo fotográfico, acompañado de un frío que emparama, también estuvo asistido por el canto de las aves y el sonido de los vientos, las quebradas y los ríos que alejan sufrimientos.

Deisy Giovana, auténtica Misak llegó con collares blancos, reboso azul en lanilla, anaco en lana de oveja negra y enseñó que para ocasiones especiales, se usa el anaco blanco y reboso rojo, y pandereta.

Demostró que la mayoría de indígenas maneja el español, especialmente las nuevas generaciones, lo que no indica que la etnia haya perdido su identidad; más ella, ya casi licenciada en de español y literatura. El aprendizaje del español es fundamental como instrumento de supervivencia y defensa en las relaciones con el mundo “blanco”, pero el lenguaje constituye uno de los principales elementos de preservación de sus patrones culturales y de identidad étnica tradicionalmente agrícola. Para muestra, sus hermosos poemas que a continuación entregamos.

Por todo lo anterior, y en conclusión, aprendimos que el trabajo de la tierra es una actividad económica que garantiza la subsistencia y constituye con el indígena una unidad que da sentido al ciclo vital. La tierra representa la “madre”, y como tal debe ser amada, respetada, alimentada, cuidada y nutrida con esmero. Por eso es común observar cómo a la hora de la siembra el indígena le canta y le baila como muestra de aprecio y agradecimiento.

Nos despedimos, temporalmente, de un territorio de gente atenta y amable, reservados sí, pero conversadores cuando se les dirige la palabra.

Entonces, entregamos este aporte cultural y literario que va mucho más de sus tradiciones y de su filosofía. Visitarlos fue ciertamente una experiencia enriquecedora.

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