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Definitivamente la Política hay que hacerla con… los políticos

El miércoles 10 abril, 2013 a las 4:13 pm
Luis Barrera

Luis A. Barrera M. – Editor

El divorcio entre los ciudadanos y los partidos políticos se ensancha. La apatía por los procesos electorales crece y pocos realmente con vocación de servicio quisieran aspirar y pertenecer a las corporaciones públicas o cargos de elección popular.

En política aunque ya no se está “comiendo cuento” fácilmente, la gente vota. Votar es elegir, es decir, preferir una posibilidad a otras. Así se escoja al “menos malo” o se frustre con el paso del tiempo. Todos los que elaboran una política, los candidatos presidenciales, los congresistas, los diputados y concejales, los aspirantes a las gobernaciones y alcaldías, los ciudadanos comunes, todos elegimos una posibilidad entre varias.

Una conclusión no se puede elegir porque hay una sola conclusión correcta. Por esta razón está claro que la “política” es un conjunto de decisiones y no de conclusiones. Los políticos eligen una política. Una elección exige una prioridad, es imposible preferir sin una prioridad que determine qué es preferible. Por esta razón toda política necesita de las prioridades.

Democracia no es “libertad de expresión” o “elecciones libres”. Ambas son importantes pero no implican el gobierno de los miembros de la sociedad. Sólo un sistema en cual todos los ciudadanos deciden cada ley y cada política es “democracia”.

Hay quienes piensan que la “democracia” auténtica es la política sin políticos, sin intermediarios. Pero la experiencia con quienes llegan al poder es que definitivamente la Política hay que hacerla con… los políticos.

Sin embargo, el que vive bajo un gobierno que él mismo eligió, tiene menos libertades que quién vive según decisiones de las que él mismo fue partícipe, como quien dice “coma de su cocinado”. Una sociedad en la que cada ciudadano puede proponer, debatir y votar cada decisión que incumbe a la sociedad toda, es una sociedad que se gobierna a sí misma.

Un partido político es un grupo de personas que se organizan voluntariamente para promover una idea política en particular. Una colectividad no es parte del Estado, aunque todos quisieran llegar a disfrutar las mieles poder para gobernar con sus amigos, sus propuestas y sorprender a sus detractores.

Todo grupo de ciudadanos que quiera promover ciertas ideas políticas puede formar un movimiento político, pero el Estado por su estructura tecnócrata y vida institucional puede funcionar sin ellos.

Muchos piensan que el egoísmo, la avidez y la apatía política de la mayoría de las personas son parte de la “naturaleza humana” y sostienen que la democracia directa será una “jungla” cuando esté guiada por el instinto egoísta de la mayoría de los ciudadanos.

Si analizamos la naturaleza de casi todos los problemas que se plantean a cualquier gobierno de cualquier ámbito o nivel, comprenderemos que su solución depende de la aplicación de métodos de análisis y de criterios de actuación científicos, racionales y objetivos que, como tales, tendrían que ser compartidos por la gran mayoría, aún desde posiciones ideológicas distintas.

También no es menos cierto que es precisamente la mentalidad sectaria, perversa y politiquera de los partidos que a menudo infecta a la clase política, la que provoca esa incomprensible y perniciosa incapacidad para llegar a acuerdos sobre la solución de los problemas, degradando así la calidad y la eficacia de nuestras instituciones.

«Hacer política» en el plano de la gestión consiste fundamentalmente en aplicar el sentido común, la imaginación realista es estar sintonizado con lo que la gente, el líder, el dirigente de barrio o vereda desea para sus comunidades.

La estabilidad y la calidad en nuestra democracia exige en estos momentos acabar con esa percepción tan extendida en la ciudadanía de que los políticos son deleznables y responsables de la crisis, porque no es cierta. La política, partidista y electoral hay que hacerla con los políticos, con “los que saben por dónde va el agua al molino”, en cada pueblo o sector.

La falta de escuderos del Gobierno Santos por ejemplo, se debe que tiene escasamente dos o tres ministros políticos que salgan ante la opinión pública hacer “la política de gobierno” y diciéndole al pueblo qué es lo que se está haciendo, en eso fallado garrafalmente el jefe de Estado y es quizá a ello que se deba la percepción desfavorable de su gestión.

No podemos tampoco transferir a los políticos la responsabilidad que cada uno de los ciudadanos podamos tener en la crisis y en su superación. Somos todos los que tenemos que promover la regeneración o reconstrucción política y social, en las urnas y es por esto que la política, pese a su desprestigio, sigue siendo la tarea más noble y necesaria en la democracia. Así halla “políticos de todos los pelambres”, hay que seguir contando con ellos.

Pero, precisamente porque ahora nos enfrentamos a problemas de considerable dimensión y profundidad, como las reformas a los sistemas de salud y pensiones, el fuero militar, la reforma penitenciaria y la búsqueda de la paz, entre otros temas importantes, es necesario hoy más que nunca, que los partidos se abran a la sociedad y demuestren que saben convocar, para asumir las responsabilidades  en el congreso y ejerzan un verdadero control político al gobierno, y podamos elegir en los próximos comicios a los mejores de nuestra comunidad y región, a los más preparados, comprometidos e idóneos.

lualbamo@hotmail.com

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