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De vacunas, contratos y ancianos de la tribu

El lunes 16 agosto, 2021 a las 10:43 pm

De vacunas, contratos y ancianos de la tribu

Felipe Solarte Nates

“Quien no oye consejos no llega a viejo”, reza un refrán popular y así sucede con las vacunas, los contratos para adquirirlas y el ignorar a los ancianos de la tribu que, aunque limitados para moverse, si no son convertidos en “muebles viejos” y arrojados al cuarto de los trebejos, con su experiencia reposada tienen mucho que aportar a las nuevas generaciones de ciudadanos y gobernantes convencidos que sólo con la juventud, las ganas y el emprendimiento, es suficiente.

En cuanto a las vacunas, a quienes crecimos con ellas para que nos libraran de la viruela, el sarampión, el polio, la tuberculosis, la difteria, la influenza, etc. (y sabemos que son elaboradas a partir de partes microscópicas muertas del agente patógeno para que al ser inoculadas el sistema inmunológico las reconozca como extrañas y elabore sus propias defensas) nos extraña que algunos rechacen con ardentía la del COVID 19, argumentando razones conspirativas (la inoculación de un chip para controlarnos, como si no nos tuvieran agarrados y vigilados con GPS a través de los celulares), “geronticidas”, dizque para inducir el asesinato de los ancianos y gran parte de los pobres y así facilitar el dominio total del mundo por parte de Bill Gates y los “illuminatis” político partidistas, como las aducidas por los republicanos seguidores de Trump que las consideran una imposición afectando su libertad; religiosas, promovidas por sectas que no aceptan transfusiones y procedimientos por el estilo que van contra la literalidad y dogmas de los textos bíblicos.

A estos opositores encarnizados a la vacuna les es insuficiente que el COVID 19, con sus efectos colaterales sobre diversos órganos y sistemas, haya matado a millones de personas, entre ellas familiares y amigos que no alcanzaron a vacunarse, o que existiendo la vacuna, se negaron a recibirla, como le sucedió a mi excompañero de estudio en la facultad de medicina de Unicauca, el caleño Manolo López, que después de graduarse se dedicó a la medicina alternativa y rechazó vacunarse; o a Jesús Chávez, más conocido como Galileo, que dedicado a la psiquiatría en Buga, cuando no estaban vacunando lo agarró el Covid y se lo llevó; al igual que a mi vecino, amigo de la infancia y excompañero de luchas, Pedro Vaca, a quien le madrugó el coronavirus, días después que a Jorge Muñoz Fernández, el colega columnista que firmaba con el seudónimo de Mateo Malahora, el encierro de la cuarentena le agravara viejas dolencias y también le acelerara el viaje definitivo.

Otra cosa es el negocio, que gracias al neoliberalismo imperante en el mundo hicieron los países desarrollados y multinacionales farmacéuticas al ver en la pandemia y descubrimiento de la vacuna, una gran oportunidad para enriquecerse, antes que un servicio humanitario universal; y decidieron no liberar las fórmulas de las variantes desarrolladas en los laboratorios de Estados Unidos, Inglaterra, Rusia, China y otros países, aprovechando el río revuelto, para imponer contratos de confidencialidad y precios elevados a gobiernos de países dependientes, como Colombia, que durante la presidencia de Andrés Pastrana, siguiendo pautas del neoliberalismo y el “libre mercado” de moda, había cerrado el laboratorio que producía vacunas, porque en el exterior se conseguían más baratas. 

En cuanto a consejos de los viejos, aceptados y respetados por la mayoría de civilizaciones y culturas anteriores al desmadre del capitalismo neoliberal que amenaza la supervivencia en la tierra, plausible iniciativa de la alcaldesa de Quilichao, Lucy Amparo Guzmán, al reunir a varios exalcaldes para contar sus experiencias y logros administrativos, así como propuestas a tener en cuenta en dos años y medio de gestión que le restan.

En Colombia era una regla, obviando diferencias políticas, que expresidentes de la república y exministros de relaciones exteriores se reunieran con el mandatario de turno para tratar temas de interés internacional y nacional; pero en este gobierno abandonaron la sana costumbre al llenar ministerios y embajadas de inexpertos gomelos condiscípulos de Duque y de serviles caciques del chalán que cabalga el país desde hace 20 años, para llegar a sus cargos a favorecer intereses personales y de poderosos grupos económicos y a tumbar al presupuesto con negocios como los de los $70.000 millones que los amigos de la ministra de las TIC, le robaron a escuelas rurales del Cauca y otros departamentos, compitiendo con Turbay y Andrés Pastrana, en la disputa de la medalla de oro por el peor gobierno de la historia.

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