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Martes, 11 de agosto de 2020. Última actualización: Hoy

El miércoles 21 enero, 2009 a las 2:17 pm

DE SINDICATOS Y SINDICALISTAS

news.bbc.co.uk/…/newsid_6967000/6967605.stm

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leoquevedom @hotmail.com


Los sindicatos nacieron en el comienzo del siglo XX con mala estrella. La idea nació entre luchas, amenazas, muertes y casi que por cesárea. Como nacen los pobres y los enfermos. Crecieron sin pan suficiente, descarnados y siempre oliendo a cebolla. Odiados por los gobiernos, los industriales y por los altos empleados. Son como callejeros perros. Todos los ven sarnosos, son pájaros de mal agüero, y deben salir de las juntas con el rabo entre las piernas.

¿Qué les pasó a la UTC de Tulio Cuevas, a la CTC de Raquel Mercado, que hacían temblar al Gobierno y que propiciaron reformas que dignificaron los salarios y la seguridad social a los trabajadores rasos? ¿Cambiaron de nombre y dejaron sola a la USO en la estatal Ecopetrol? Se burocratizaron sus dirigentes, aceptaron las gabelas que les ofreció el gobierno y desenmantelaron sus tiendas.

Los demás sindicatos siguieron su ejemplo. En las empresas estatales, de servicios de aseo, salud, agua y telefonía, de educación, en fábricas y multinacionales, las directivas sindicales cedieron a favor de los patronos y de su ambición la confianza de sus abonados. Se volvió costumbre que los pliegos de peticiones y los despidos masivos se arreglaran fácilmente por debajo de la mesa. Al trabajador de grasa en la cara y overol de tosco dril le ha tocado ver cómo sus derechos se recortan, y cómo al volverse viejo, a sus hijos ya no les sirve el estudio.

Lo altos cargos en las directivas son escalera para lanzarse al Congreso con la promesa de que al llegar al solio de Nariño y pisar la famosa alfombra, propondrán mejoras a la suerte de las “bases”. Hablan poco, luego, emiten comunicados, ganan fuerte, pero los abonados y la precariedad de los salarios siguen peor que antes. No se ven proyectos de fondo, sólo ataques y constancias y las consignas de siempre.

Los sindicatos se quedaron con el discurso viejo aprendido en los 60 y la amenaza de paro que ya a nadie intimida. Se convocará a las aburridas marchas que también las hace ahora el gobierno para acabar con las farc. “El pueblo unido jamás será vencido” es el grito de un inconsciente pasivo que se mueve por inercia y con camisetas prepago.

El trabajador colombiano se quedó sin representantes válidos que pongan por él la cara y el pecho. Que dediquen el día y las noches a cranear reivindicaciones para el empleo, los salarios, la salud y el precio de los servicios y los impuestos. Que no sean reactivos ni pantalleros sino que sean propositivos cuando asistan a sesiones o reuniones. Que no saquen al sindicalismo por la puerta de atrás de su curul o de su encargo. Que salgan corriendo a las insidias que se les tienden cuando están en el campo de batalla. Luchar por el trabajador es pelea de burro con tigre, pero a eso se comprometieron cuando lograron subir a las esferas donde se toca el cielo con las manos y se come el caviar en la mesa de la mentira entre manjares.

Si bien es cierto que son una lacra la impunidad del asesinato y la desaparición de líderes sindicales, es mucho más diciente que los de corbata que todavía viven bien, saquen el cuerpo y hagan mutis por el foro cuando se trata de hacer rendir el bolsillo de sus asalariados asociados allá afuera en covachas y penurias.

20-01-09 7:00 p.m.
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