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¿De qué se hablará bien?

El jueves 23 mayo, 2019 a las 8:29 am
Imagen cortesía de: https://bit.ly/2VGRxmb

¿De qué se hablará bien?

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

A veces uno medita en lo primero que se le viene a la mente. Un recuerdo, una mala jugada, un reencuentro, una amarga experiencia, una clase dada, el accidente de ayer. Sí, casi siempre uno se flagela y los recuerdos son ingratos. Pero, otras veces la autoestima se eleva recordando hechos inocuos o espectáculos o una película vista.

Diariamente los panoramas mundial, nacional y local cambian. Las noticias renuevan y remueven los quehaceres e ilusiones que dejaron los días pasados. Cuántos ganaron, cuántos fracasaron, cuántos sentados siguieron en la mediocridad y en su vida sin sentido. Al vegetal le da lo mismo ayer que hoy. La humilde plantica que sacó su cabecita verde de la tierra mira alrededor y no se asusta. Ni siquiera del temor que la pisen. ¿Y el ciudadano que se gana el mínimo, qué dirá?  

Hablar bien de lo que ocurre es difícil. Pasa lo mismo que a la plantica que nace. Pero ella no puede bajar su cabecita y le pone la cara al sol. Tiene que crecer y dar fríjoles o arvejas o yuca o más tarde el maíz. Si supieran que nacen para tener una vida muy corta y que irán a parar donde no se imaginan. Mientras el agricultor deberá alegrarse porque ya su siembra empezó a crecer. Y las gramíneas no pueden hablar ni del que las sembró, ni del tiempo ni sus enemigos que las pueden pisar.

Hay tantas cosas agradables y buenas de qué hablar, el vecino y el de más allá. Los padres de su trabajo y amistades, los hijos de sus clases, profesores y recreos y los más grandes de sus reuniones en la universidad. Los empresarios de lo bien que les va en la producción, del préstamo que el banco le acaba de aprobar y del alto rendimiento que tuvo su fábrica. Los banqueros en el club brindarán con varios whiskys al pecho con su pobres colegas de lo bien que les fue en el balance de mitad de año. El párroco se quejará en el púlpito de lo mal que andan los fondos de la parroquia y los feligreses de la poca gente que vino la misa.

Cada quien hablará de sus intereses y según como le vaya en misa. Como puede verse parece que todo girara alrededor de la economía… Que todo dependiera de la plata que hay en el bolsillo. La gente se ha metalizado…dicen por ahí.

De tanto hay qué hablar. Del avance de la ciencia, de la comunicación global, de los inventos y conquistas de la ciencia y la investigación, del deporte, la recreación o la administración del hogar-promedio. Pero la gente no mira para adelante, para lo lejos, para arriba. Se queda en el quehacer del día. No hay ni tiempo para leer noticias y ponerse al día con lo que está ocurriendo con Huawei, Madrid, Tokio o Bagdad.

¿Si es económico hablar en positivo de alguien, de otro?

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