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Sábado, 26 de septiembre de 2020. Última actualización: Hoy

DE PUEBLILLO A NUEVA YORK

DE PUEBLILLO A NUEVA YORK

DE PUEBLILLO A NUEVA YORK

Pueblillo, una vereda encantadora integrada a la zona urbana de Popayán, sitio pintoresco con vida de Pueblo, su calle principal alinea seductoras casas de estética primaria, con paredes en ladrillos de arcilla silvocalcarea amarradas con bahareque y techumbre de teja española. En sus solares los lugareños cultivan hortalizas, flores, frutas y crían gallinas y pollos de engorde.

Pueblillo, sigue manteniendo la tradición alfarera con galpones donde se elabora ladrillo y teja, así como los sitios de esparcimiento para bailar salsa y música antillana de donde deviene la importancia de la discoteca New York con sus 75 años de fundada y todos sus reconocimientos por la prensa nacional e internacional.

En la discoteca Nueva York se baila la mejor salsa del mundo, sitio ideal para dejarse enamorar de los hechizos de su particular decoración y su variada música reproducida en discos de vinilo, bajo el influjo de su particular decoración, matizadas con animales de papel maché y luces fluorescentes. En la entrada de la discoteca subsiste un triciclo viejo, cuya pintura ha perdido el color. Subido en él, don Ovidio Ordoñez, su actual propietario, de niño recogía envases de aguardiente que los clientes le compraban a doña Luz Carrera y los llevaba a la tienda de una vecina para revenderlos.

El negocio lo inicia en 1945, doña Luz Carrera, para amenizar la vida de familiares y amigos que vivían en Pueblillo, ellos bailaban en los cuartos, se sentaban en las camas y consumían cerveza, guarapo de caña y aguardiente. Cada semana se armaba la francachela y furundanga, era una casa de amigos y se le llamó la casa de doña Lucha, luego la casa de Lucía. Después del terremoto de 1983, por causa de un llavero con el nombre Nueva York, que recibió como regalo de un amigo que le surtía música desde el país del norte a Ovidio Ordoñez, quien lo heredó de su madre, él calcó el rotulo en un cartón y lo exhibió en la culata de la edificación, desde entonces la gente empezó a llamarla Nueva York.

Ante los estragos del terremoto, decide derribar los cuartos para que las personas usen una divertida pista de baile decorada con bártulos, cachivaches, regalos de amigos, juguetes, zapatos, pelucas, llaveros y hasta maniquíes que pueden usar gratuitamente los clientes para gozarse a plenitud el lugar.

La discoteca Nueva York, es rudimentaria pero mágica, con singular familiaridad mezcla sus encantos seductores con el redoblar de timbales y tambores afrocolombianos, entre pitos de trombones, trompetas y clarines, que con los acordes del piano enseñorean la salsa en todo su esplendor. Abre sólo los fines de semana, para que sus clientes vivan la mejor experiencia de una noche latina y gozarse a plenitud una colección de 11.000 ejemplares de vinilos, con atención cálida, personalizada y un ambiente excéntrico que hacen que esta discoteca permanezca en el tiempo, llenando de alegría las noches de payaneses y foráneos en un ambiente exclusivo de baile y melomanía.

Don Ovidio, hace más de treinta años lleva una bitácora donde inscribe los mensajes de importantes salseros, allí están los registros de cantantes como Henry Fiol, Los Hermanos Lebrón, Cheo Feliciano, El Gran Combo y Gilberto Santa Rosa. Quien no conozca el encanto melómano de la discoteca Nueva York, no ha gozado la verdadera salsa en el bailadero más antiguo y divertido de Colombia.

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