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Domingo, 16 de mayo de 2021. Última actualización: Hoy

De los maleficios por envidia

El viernes 16 abril, 2021 a las 8:34 am
De los maleficios por envidia
Imagen: Cambio16.com

De los maleficios por envidia.

Marco Antonio Valencia.

          La noticia decía que unos accionistas caleños del ingenio azucarero Río Paila le solicitaron a la Superintendencia de Industria y Comercio una patente para la panela, como si fuera un invento suyo.

          Entonces la gente se organizó y salió hasta El Bordo a protestar, con el fin de recordarles a los empresarios y al gobierno que desde tiempos inmemoriales, en el valle del Patía, se conocen los usos del jugo de caña de azúcar en la producción de mieles y panela.

          Además del ganado, del mazamorreo y de los cultivos de frutas, los trapiches paneleros hacen parte de la economía de subsistencia de la clase media de los patianos. Y en nuestra familia, por generaciones, ¡fuimos paneleros!

          Entonces vino una discusión que duró meses. Uno de esos días, en el trapiche, con los fondos hirviendo de guarapo, mientras los muchachos le aventábamos bagazo y el molendero arriaba a buen paso las mulas, el tema nos llevó a hablar de la envidia.

          —¡Eso es que tienen envidia! —dijo la india Celestina, quien vivió con nosotros toda su vida—. La envidia no mata, pero mortifica. Así como los grandes supermercados quieren acabar con los tenderos de barrio, los ingenios quieren acabar con los trapiches familiares.

          —Eso es asunto de la economía, Celestina, la envidia es otro tema —le contradijo el abuelo Antonio—. Cuando la gente quiere lo del otro, es porque tiene celos; pero cuando no quiere que el otro tenga, eso es puritica envidia.

          Hizo una pausa y continuó explicando:

          —El progreso del otro llena el corazón de rabia, porque creemos, en nuestra ignorancia, que todos deberíamos ser igual de pobres y de jodidos, o de ricos y de suertudos. Hay que tener cuidado porque por allí comienzan las enemistades, los rencores y el uso de maleficios. Ver a otro que nació igual de pobre, elevar su nivel de vida, da rabia porque pareciera que el éxito ajeno le quita a los demás algo que debería ser para todos.

          —Por eso nunca hay que recibirles café a personas extrañas —intervino mi tío Jaime—, pero si se recibe, que sea con la mano izquierda para neutralizar maleficios, filtros de amor y otras brujerías. La bisabuela Leonilde nos ha enseñado a los hombres de la casa a nunca dejar tirados los calzoncillos y jamás regalar fotos, ni mechones de pelo.

          —Los maleficios por puritica envidia son normales por acá —agregó el molendero—. Y aunque Celestina diga que la envidia no mata, he visto cosas malas: a un vecino, no se sabe cómo, le hicieron tragar un sapo. El tipo comenzó a inflarse, a tener desgano y casitico se muere. Por fortuna fue a donde una curandera, quien le hizo vomitar a tiempo ese maleficio.

          —Por eso hay que tener cuidado cuando una persona de la nada comienza a tener desgano, escalofríos o ataques epilépticos —recalcó Celestina—. Allí mismito hay que llevarlo donde un curandero para que lo rece y lo haga vomitar, lo sobe o lo chupe y le saque esos embrujos. Pero, sobre todo, para que “le cierre el cuerpo” con bebedizos potentes que lo hagan inmune a los hechizos de la envidia.

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