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DE LOS FOROS RIDÍCULOS Y OTRAS GENIALIDADADES

El lunes 9 marzo, 2009 a las 8:12 am

Marco Antonio Valencia Calle
valenciacalle@yahoo.com

Fui a una conferencia de universitarios en algún lugar de la Tierra cuyo nombre prefiero olvidar. Un acto ridículo de ventriloquia de loras mojadas. Los pobres tipos no podían ni respirar por sí mismos. No balbuceaban una baba de su propia imaginación, de su propio pensar, de su propio sentir. Expusieron bagatelas como: Desde la perspectiva de Pokper y Marchx, vivir en un pueblo es un laberinto de dos puertas. La amistad extendida por un lado y el infierno del ridículo por el otro. Ya lo había afirmado Jibermas, en los pueblos pequeños se desnuda al otro con el olfato y se mide a la gente por el peso de sus apellidos, la cultura por el barrio, la importancia por los amigos que se tienen.

Desde Chuchenco, el presente y el destino de un fulano en los pueblos pequeños está medido por lo que fueron sus abuelos y no por lo que son la gente en el ahora y en el presente. En los diarios de Kakas, podemos encontrar afirmaciones como que a veces a un pueblo llega un extraño y cree que puede entrar a la rosca, pero no; a veces un fulanito se da sus mañas y triunfa en las ligas económicas y políticas y cree que puede acceder a los círcus del ridículo social, pero no es así. A estos círculos los nuevos triunfadores sociales solo se les acepta, se les usa, se les aprovecha, pero no se le permite entrar a sus entrañas por más emparentado que esté. Incluso, los hijos naturales, reconocidos o no, tienen sus problemas para de acceso total. Y si no pueden los que llevan una pinta de sangre familiar mucho menos lo que Tripucha llamó los yernos (de yerros) o las nueras (aludiendo a las que no eran).

En estas culturas endémicas nos cuenta Pachulí, las luchas políticas están dadas por actores ultra conservadores en un teatro de pocas transformaciones. En el libro de Torobobo y Garcilazo, uno encuentra que esta gente se alimenta más de los elogios mutuos, de pergaminos en la pared, de títulos de nobleza para la exhibición, de escudos que les hace vibrar el alma y las tripas, que de proteínas y maíz, pues comen poco.

Trepanuca afirmó sobre este mismo asunto, que esta gente nunca dan la mano a un sujeto sin preguntar primero “y vos de quién sos hijo”, o “de qué familia sos”, siendo esta la frase que los identifica como pertenecientes a una clase racista, xenófoba, clientelista, cuaternaria y peligrosa.

Sochogun Diez, en su libro “Las luchas políticas de las minorías ridículas”, dice que estos asuntos están dados por temor y supervivencia, en la conciencia plena de saberse tribus en vía de extinción, pues ya al mundo civilizado y culto, en cualquier sentido del término le interesa poco menos que un comino el apellido de una persona frente a situaciones como la cultura, la creatividad empresarial o científica del ser y del ahora.

Chuspín, el sociólogo creador del Habeas, dice que todos éstos ritos y mitos, hacen que muchas veces en estos hogares se tengan que esconder el común sentido de humanidad que les corre, y detrás de las poses y caserones, pequeños asuntos se vuelven secretos inconfesables. Secretos que en principio son sus propias lápidas, y sus fantasmas frente a la fauna popular que los mira y admira estupefactos.

Bien decía el maestro Delfín Avispado en sus clases de sociología matemática, que no hay nada más ridículo en el mundo que ver el comportamiento estrafalario de un blanco con apellido, un negro con título y un indio con plata. Barak Mosquera, afirmaba que no es que estos sujetos pierdan el sentido de la decencia, sino que desconocen la inutilidad de sus petulancias olvidando que “polvo eres y en polvo te convertirás”, como lo afirmaba San Agrustrin de Hipotálamo.

Ay, Señor, uno no sabe que produce más risa, si estas loras universitarias de nuestro tiempo sin voz propia y sus rebuscadas lecturas en El Rincón del Vago punto com para justificar sus sueldos de burócratas, o la dedicación del dinero público para investigar y montar foros sobre temas del ridículo que ya a nadie le importan, en las sociedades civilizadas.

Nota: solo acepto comentarios a esta columna de “gente con apellido”, y de universitarios con cerebro y voz propia.

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