ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Miércoles, 21 de febrero de 2024. Última actualización: Hoy

“De lo mezquino y de los héroes” (2)

El sábado 10 febrero, 2024 a las 9:44 am
“De lo mezquino y de los héroes” (2)
“De lo mezquino y de los héroes” (2)
Créditos: HJCK

“De lo mezquino y de los héroes” (2)

Víctor Paz Otero

En nuestra pasada columna citamos un texto de T. C. Mosquera, donde este elaboraba un retrato de José María Obando. Retrato despiadado, despreciativo, preñado de un rencor visceral y de un odio manifiesto, de quien fue casi a lo largo de su vida, su mortal enemigo, tanto personal como político.

Hoy citamos un texto del también general Obando, donde esté igualmente elabora un perfil con igual rencor y con igual y venenoso contenido acerca de su inflamable e inflamado enemigo.

Escribe Obando, no uno, sino muchos párrafos donde en tiempos y en circunstancias diferentes, va trazando el perfil humano de su implacable enemigo. 

Su mayor deleite para despreciar a su supuesto pariente aristócrata, casi siempre lo relaciona con la humillante derrota militar, que con sus guerrillas de Timbianos y Patianos, le proporcionó en la batalla de la ladera, batalla llevada a cabo casi a la vista de la ciudad de Popayán. 

Este es su relato acerca de aquel episodio:

“¿Qué valiente tomás Cipriano? Lejos de eso, huyo. ¿Y cómo se vengó de esa derrota?… Estos son los casos en que muestra sus bríos Tomas Mosquera: aquel que no había tenido valor para ver siquiera el desenlace del choque en la ladera: era preciso que hiciese algunas reparaciones de aquel acto de vergonzosa cobardía. Y escogió una mujer para mostrar su bravura, mi virtuosa consorte que no había podido emigrar por su embarazo. Se refugió en el monasterio de la encarnación. Mosquera lo supo y empezó a mandarle órdenes sultánicas, para hacerla salir, sin que ni el embarazo ni las consideraciones debidas a una señora, ni el noble y oficioso comportamiento que yo acababa de tener con la suya fuesen parte para aplacar su saña; ya la había amenazado con hacerla con soldados. Cuando entendió esta canallada el generoso general J. M. Córdoba, en el momento paso en persona donde mi esposa a decirle que Mosquera no era quien mandaba en Popayán, sino él; que nada tenía que temer de aquel perdonavidas, y que podía salir cuando quisiese. Con esto privó el general Córdoba a Mosquera de la gloria de ganar una batalla en la que no estuviese escondido…”. Tiempo después, Mosquera diría que todo aquello que decía Obando, no eran más que infamias inventadas por su primo bastardo. 

En este escrito, Obando parece solo obsesionado en ornamentar la designación de cobarde que le asignan a Mosquera. 

En otro escrito, Obando relata esta escena, que parece poco verosímil, o al menos donde los personajes que se han considerado como héroes de nuestro equivoco pasado, se comportan como risibles señoras chismosas embelesadas en eventos dignos de la más vulgar picaresca. 

Escribe lo siguiente el asesino de sucre: 

“Era Mosquera jefe del estado mayor de la división Córdoba, y basta estar enterado que por consideraciones de familia y no por otra cosa llegado a ser coronel Mosquera, el general Córdoba lo llama un día y yo encontré a este jefe Córdoba irritadisimo contra él y esperándolo para descargarle una de aquellas tempestades que acostumbraba. Me lo dijo Córdoba proponiéndole estar en la pieza siguiente, para que le oyese sin ser visto. Yo que conocía el genio abyecto de Mosquera, abyecto con los poderosos y fanfarrón con los humildes, guste mucho de la propuesta de Córdoba y cuando sentí que Mosquera llegaba, me retire a oír y a ver. “Es usted un “para nada” le dijo el general Córdoba con un semblante terrible. “Solo para hacer canalladas tiene usted alguna habilidad”. El servil Mosquera, con el sombrero en una mano, tembloroso, se quitó con la otra los anteojos, para aumentar las señales de respeto o de miedo. Y el general Córdoba continuó: “yo debía corregir a patadas su negligencia o su iniquidad. Usted está haciendo morir a los soldados del coronel Obando vengando en esos infelices la oprobiosa derrota que sufrió usted en la ladera. Retírese usted… canalla”  

Estas menudencias o insignificancias en el comportamiento de los “épicos”, podrían provocar solo risa. Pero lo grave fueron las consecuencias; por ese conflicto entre generales parientes, el país de esa época padeció turbulentas y carniceras guerras civiles. Ríos de sangre y ríos de muertos como ya era costumbre recorrieron la geografía de la incipiente patria, patria que después de haber sido boba se volvió asesina.

¿Será o no será importante “la intrahistoria” para comprender desde adentro el drama, la trama o la farsa de nuestra errática y falsificada historia?  

************************
Otras publicaciones de este autor en Proclama del Cauca y Valle:

Víctor Paz Otero
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?