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De las ‘selfies’ al deber legal

El martes 14 abril, 2020 a las 7:15 pm
De las ‘selfies’ al deber legal

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De las ‘selfies’ al deber legal

Y aunque parezca increíble, sólo hasta transcurrido algún tiempo de vernos abocados al aislamiento social o a la enchuspada comunitaria (como dicen en el Valle), he podido constatar cómo el habitual escepticismo sobre el buen comportamiento del ciudadano promedio de Colombia, una vez más se ha confirmado.

Decenas, centenas de personas, conminadas por las buenas y por todos los medios posibles, a aislarse socialmente, a guardar cuarentena comunitaria, a quedarse en casa, a enchusparse, han hecho caso omiso de la advertencia y en contravía del sentido común, se agolpan en las calles, para dejarse llevar por el caos consumista o la despreocupación por el bienestar propio y ajeno.

Dado el consuetudinario pesimismo respecto a la sindéresis comunitaria del pueblo colombiano, la indisciplina social vista en estos días no debió, ni debería causar enfado alguno, por el contrario, debería causar regocijo al pequeño ególatra escondido, al constatar por enésima vez, la justeza de las apreciaciones sobre el individualismo irracional colombiano.

Sin embargo, como de lo que se trata es de sobrevivir, porque lo que está en juego no es ni más ni menos que la vida, otra vez más, se insistirá en hacer un llamado a la sensatez, no sólo del colombiano promedio, que arriesga su vida por salir a pasear a tierra caliente o a aplaudir, vitorear y emborracharse homenajeando el entierro de un delincuente, sino a quienes se supone deben dar ejemplo: los funcionarios elegidos popularmente y los otros también.

Se cree, y así debería ser, que muchas personas en Quilichao, el Cauca y Colombia, han de estar súper agradecidas por las muestras materiales de solidaridad y desprendimiento que han tenido con ellos, sus elegidos a concejos municipales, asambleas departamentales y Congreso de la República, así ha quedado suficientemente documentado a través de selfies, retratos y videos, que registran las muy loables campañas de respaldo, se imagina el desprevenido observador, y así debería ser, a los menos favorecidos electores de tan comprometidos funcionarios.

Pero, ¿y cuál es el problema? ¿No es precisamente eso lo que se necesita y se reclama? Pues sí y no. Claro que ante la desnudada realidad de aguda pobreza que padece la gran mayoría de los colombianos, la solidaridad material para resolver lo básico necesario para vivir, no sobra y por el contrario falta, el problema es que en algunos, varios, bueno, en muchos casos, esta solidaridad*, oculta sin querer queriendo, la necesidad de afrontar seriamente el problema estructural de la pobreza y de paso, esconde eficazmente, la ineficiencia y el dolo, con el que algunos de los elegidos han dirigido los destinos de la nación desde hace 200 años.

Que tal o cual elegido se tome la foto o el video entregando mercados, se cree y así debería ser, a los más necesitados, sin importar que sea amigo o cliente del elegido, y que las suba a sus redes y que algunos lo aplaudan, vaya y venga, allá cada uno con su egoteca y su precampaña electoral. El asunto se complica cuando se contrata una estrategia publicitaria con dineros públicos, para mostrar la eficiencia del elegido, en tiempos de escasez, la cosa no pinta muy bien y da para pensar, que antes de ser una buena estrategia política, termina siendo una torpeza monumental.

Que los elegidos a Concejo municipal se encaramen en los camiones cisternas fumigando el casco urbano de los municipios, vaya y venga, que él diputado se dedique a pintar señales de espaciamiento social, bienvenido; que él congresista reparta mercaditos allá y acullá, ni más faltaba o que la alcaldesa o el alcalde anden a toda hora con los patrulleros de policía y los agentes de tránsito arriando a la gente para que se cuide, pues, Viva Colombia, se les aplaude, se les vitorea, se les alaba, pero en términos de seriedad institucional, ellos y ellas no están, ni fueron elegidos para eso, sus funciones, las cuales, sí o sí, deben cumplir, ya están taxativamente mandatadas en la Ley.

Por poner un ejemplo, la ciudadanía quilichagüeña, a la hora de escribir esta nota, aún está esperando los resultados de las reuniones extraordinarias del Concejo municipal de Quilichao con su actual alcaldesa, en torno al cumplimiento de lo establecido en los artículos 13, 46 y 368 de la Constitución Política de Colombia, relativos a la protección especial a aquellas personas que por su condición económica, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta, como los adultos mayores, los habitantes de calle y los llamados trabajadores independientes que son la mayoría o las disposiciones de emergencia para modificar extraordinariamente la actual distribución del presupuesto municipal, para que los auxilios de emergencia estatales, sean realmente de cobertura universal.

Siguiendo con el ejemplo, los quilichagüeños y los caucanos están esperando, los primeros, las determinaciones de la administración municipal respecto a los subsidios de los servicios de saneamiento básico ofrecidos por la empresa municipal de propiedad de Santander de Quilichao y en donde, tanto Concejo, como Alcaldía tienen real injerencia, según la normatividad de Servicios Públicos Domiciliarios, mucho más dadas las actuales circunstancias y las expensas presidenciales vía decretos de excepción. También esperan los caucanos los resultados de las reuniones de sus congresistas con el gobernador y el gobierno central, a fin de conminar a la C.E.O. a cumplir con lo prescrito por la ley para la actual situación de calamidad o las determinaciones finales para poder disponer, algún día, con las instalaciones y dotación del cacareado hospital regional del norte, aún en obra negra. Allí es donde los necesitamos, pasando de las selfies a su deber legal.

*Adenda: La auto publicitada y aplaudida solidaridad de los elegidos debe ser analizada con especial lupa dado que el recurso económico usado para la entrega de ayudas, salvo muy contadas excepciones, proviene del sueldo de los colegiados, que es pagado por todos los ciudadanos. Como decían los mayorcitos: “Sangre de tu sangre” o “Del mismo cuero salen todas las correas” o en últimas: “A caballo regalado… la necesidad tiene cara de…” o algo así.

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