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De la compraventa de votos y la ética

El miércoles 25 septiembre, 2019 a las 10:00 am
De la compraventa de votos y la ética

De la compraventa de votos y la ética

De la compraventa de votos y la ética

Mientras se siga haciendo política mediante la compraventa de votos y otras prácticas corruptas, difícilmente se podrá depurar nuestro denominado régimen político democrático.      

Hacer política en este país es costoso, no sólo por problemas de seguridad sino también por los costos económicos. La logística de una campaña es económicamente costosa, hasta para los concejos, que son los cargos de representación popular menos importantes, hay que tener plata.

En la práctica a mucha gente lo que menos le interesa son las personas y los programas de los múltiples candidatos; sólo preocupa qué se ofrece y cómo se paga el voto, si con materiales o con dinero. Y esta forma de hacer política se está volviendo consuetudinaria, que no es otra cosa que la cultura del fraude, del interés propio, de la deshonestidad y del engaño.

Se vota vendiendo la conciencia; por unos pesos de poca duración en el disfrute, se condena a gran parte de la sociedad a vivir mal, incluidos quienes sin decoro venden su voto y su conciencia. 

Hace algunos años, escuchamos a un ex congresista en actitud cínica señalando que no había sido reelegido porque le había faltado plata para comprar votos.

No faltan quienes victimizan a personas en las redes sociales y en los medios, dizque porque son obligadas a votar por determinados candidatos, pensamos que si en verdad, el voto es secreto, la obligación realmente no existe.

También, no dejan de pronunciarse aquellos que en las campañas aconsejan a los potenciales electores, recibirles la plata y las dádivas a los políticos, pero que, a la hora de votar, no voten por ellos o por quienes los políticos recomiendan. Este tipo de insinuaciones son igualmente perniciosas e indecorosas porque en nada educan a una población que viene asimilando comportamientos acordes a una cultura política viciosa y deshonesta.

En una ocasión hicimos de cerca un seguimiento a una campaña y pudimos constatar que no pocos líderes barriales se acercan y ofrecen a los diferentes candidatos, respaldo electoral de las comunidades dependiendo de lo que les ofrezcan y den en términos de materiales o en dinero; a todos les hacen el mismo ofrecimiento y finalmente no se sabrá realmente por quienes decidieron votar. 

No sólo son deshonestas las personas que compran los votos sino también quienes los venden; en ambos casos es un delito reprochable que va en detrimento de un buen gobierno, de una buena legislación y de una adecuada representatividad que sea garante de cubrir las expectativas de una población qué transita entre la pobreza e indigencia.

Desde luego que hay excepciones, candidatos que no compran votos y electores que no se enajenan, ni se compran ni se venden. 

Seguramente deben tener mucha plata quienes compran votos, se rumora, que el precio oscila entre 50 y 200.000 pesos. Es triste y lamentable esta situación que no se puede desconocer.

La compraventa de votos funge entre el clientelismo y la demagogia que invalidan la posibilidad-reiteramos- de depurar tanto el régimen como el sistema político.

Mientras en un país como Colombia, los principios y convicciones éticas y morales sigan echadas al cesto de los desperdicios, la democracia entendida como el amor a la igualdad, el amor a la verdad y el amor a la dignidad no dejará de ser más que una utopía.

No faltan quienes se pregunten: ¿Y en dónde está la solución? La respuesta es categórica: ¡En la educación! 

Sócrates, el connotado filósofo griego, aconseja la práctica de la virtud. Virtud y bondad van de la mano. A la sociedad hay que educarla para formar buenos ciudadanos. La ética debe ser un asunto de principios y convicciones, no de circunstancias ni de conveniencias. Por algo, Montesquieu en El Espíritu de las Leyes enfatiza: “La corrupción de cada régimen político, comienza casi siempre por la de los principios”.

Nuestro país necesita nuevos y buenos paradigmas. Cada día un nuevo caso comprometido con la corrupción escandaliza, el más reciente olvida el anterior en un círculo vicioso; personajes que debieran dar ejemplo a la sociedad no lo hacen. Mucho tiene que ver el ejemplo en la educación o mal educación de una sociedad. De esto debemos estar seguros.

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