ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Jueves, 29 de septiembre de 2022. Última actualización: Hoy

DE HISTORIAS CONTADAS

El lunes 15 agosto, 2022 a las 6:06 pm

DE HISTORIAS CONTADAS
En conversación con el artista y poeta Rodrigo Valencia Q.

Donaldo Mendoza

    Una conversación con Rodrigo suele comenzar con una declaración de carencias, pero no como alusión al vacío sino a la llenura, para ambientar luego el tinto y el diálogo. Porque, en verdad, tal carencia no existe en una persona que ya en 1969 había leído Cien años de soledad, y sus primeros juguetes habían sido Julio Verne, Emilio Salgari… ¿Qué tanta carencia puede haber en una persona que confiesa que, ha tiempos, cada cinco años volvía a leer completa la Biblia?

    Pero él insiste en sus carencias en materia literaria. En este último café su trampa fue decir que cuando le comentó a un amigo –hace años– que había leído Pedro Páramo, aquél le respondió que esa novelita Juan Rulfo la había escrito con historias que le habían contado. Y claro, muy bien hecho el ardid, porque con ese tópico la conversación se extendió.

    Di puntadas sobre algunas de esas historias contadas que hicieron posible los Cien años de soledad de Gabo, el insigne ‘carroñero’. Y Rodrigo habló de las sagas nórdicas que habían alimentado a William Shakespeare; y por esa vía fue atando cabos de mitos y leyendas de los orientes geográficos que los amanuenses hebreos habían anudado en su Libro infinito. Aproveché una pausa para otro sorbo de tinto, y le dije: quiero hacer un ejercicio parecido a un artículo de Tomás Latorre Maya (dueño de una biblioteca inmensa) publicado hace unos meses en El Nuevo Liberal: sobre un mismo tema («sembrar para vivir») transcribió textos de varios autores que enriquecían esa siembra. ¿Y de qué manera lo piensas hacer?, quiso saber Rodrigo. –Tú lo has sugerido–, le respondí. De un pocillo de tinto salían volutas en forma de interrogantes, la tarde era fría. Y en efecto, el día anterior yo había terminado de leer MARCO POLO / La descripción del mundo, con un breve prólogo de Borges. En la prisión, Marco Polo le cuenta a Rustichello “las cosas maravillosas que él vio en aquellos lugares, sin silenciar las que oyó en boca de personas dignas de toda fe”. ‘Sin silenciar las que oyó’, ahí está la celada. Quiero proponer el ejercicio a los lectores, como un lúdico puzle, a fin de que recuerden en qué otras obras (novelas, cuentos, teatro…) han leído esas cosas que Marco Polo dijo que le habían contado en China, India y otros lugares lejanos de Oriente.

    «Hay allí mujeres educadas en el llanto, que se toman a sueldo para que lloren cada día por los muertos ajenos.»

    «En este reino hay hombres que tienen una cola de más de un palmo de largo; son la mayoría…»   

    «Hay hombres regulares que viven más que los otros, pues su vida dura sus buenos ciento cincuenta años y hasta doscientos…»

    «También se pueden conseguir los diamantes de otra forma. Habéis de saber que tienen barrancos tan grandes y profundos que nadie puede bajar a ellos, de modo y manera que echan a su fondo trozos de carne y, al caer sobre los diamantes, éstos se clavan en ella. En dichas montañas hay águilas blancas que acechan a las serpientes: cuando las águilas huelen la carne en el fondo de los barrancos, vuelan hasta allá abajo y la sacan a orillas de dichos barrancos. Los hombres van en busca de las águilas, éstas huyen y ellos hallan en la carne los diamantes. Y aun encuentran otros, pues dichas águilas tragan algunos diamantes junto con la carne.»

       «…me cuentan que hay pájaros grifos (…) son como águilas y de un tamaño que yo os referiré. Aprehenden un elefante y lo izan por los aires, luego lo dejan caer, de suerte que se desmiembra por completo y el grifo se ceba en él. También dicen… que la envergadura de sus alas es tal que mide veinte pasos y las plumas tienen doce pasos de largo…»

    Y otra historia, que el lector recordará, es la de aquella princesa que, en edad de merecer, el rey padre quiere que se case con un príncipe que le garantice extender su reino. La rebelde princesa le dice que sólo se casará con aquel hombre que logre vencerla con la espada. En la arena, todos van cayendo vencidos, salvo el que ella quiso como esposo. (Prueba de que el feminismo existe desde los tiempos del mito).

    Ya en la calle, cuando nos despedíamos, le dije a Rodrigo: es lo que tú haces con tantas historias que te cuentan o escuchas, las haces pasar por el cedazo de la poesía y salen convertidas en esos elaborados textos que compartes con tus lectores.

***********************

Otras publicaciones de este autor en:

Donaldo Mendoza
Sigue a Proclama en Google News
También te puede interesar
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?