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Jueves, 2 de julio de 2020. Última actualización: Hoy

DE ETNIAS Y RACISMOS…

El domingo 28 junio, 2020 a las 8:49 pm
DE ETNIAS Y RACISMOS…

DE ETNIAS Y RACISMOS…

DE ETNIAS Y RACISMOS…

La violación de una niña embera por parte de siete soldados del Ejército, es un muestrario del desprecio por los indígenas que lamentablemente se ha acuñado perversamente en Colombia, donde el delito se percibe diferente, dependiendo quién lo realiza y, contra quién se comete.

Existe un peculiar pero tenaz racismo, sobre todo contra las comunidades indígenas, que se han negado, por una u otra razón, a incorporarse al torrente mayoritario del mestizaje colombiano. Digo peculiar, porque hacer racismo abierto en Colombia, incluso contra los negros, como en efecto se hace, es una práctica ocurrente, pero estúpida; algo así, como escupir para arriba.

Con todo, lo sucedido a la niña embera es lo menos perverso de lo peor que tienen que vivir diariamente las comunidades indígenas, que pasan por sistemáticos asesinatos, olvidos estatales, como desprecios presidenciales, como el sucedió en 2019 en Caldono, Cauca, cuando el presidente Duque no aceptó asistir a una simple reunión con ellos, para despejar la carretera Panamericana, considerando que asistir a esa convocatoria indígena le afectaría la dignidad presidencial. ¡Abrase visto…! Solo querían los indígenas mostrarle los 1300 acuerdos suscritos con el Gobierno nacional y, de los cuales el gobierno ha incumplido 1290. No asistió a la invitación, pero mandó al Ejército.

Se trata de una especie de racismo derivado del primigenio; ahora de clases, con algún tinte racial.

Al indígena le castigan, increíblemente además, su “salvaje” autenticidad de origen y, al negro le avivan, para ellos con nostalgia, queriendo revivir su injusto pasado y, precaria condición de pobreza, ilusionándolo con fantasiosos oasis de riquezas inexistentes, aunque la verdad sea dicha: ese pajazo mental, también se lo han metido a toda la clase media, que ahora, con las secuelas de este mortal virus, ha quedado en la pobreza.

Duele más el desprecio de la violación viniendo de una mujer. La senadora María Fernanda Cabal, de la clase social alta de Colombia, creyéndose seguramente de lo mejor, ha emitido conceptos referidos en el caso de la niña indígena embera, despectivas y desconcertantes opiniones, seguramente envalentonada por su condición de clase; siendo ella de origen adinerado y de altas esferas aristocráticas del Valle del Cauca, presuntamente creyéndose con el derecho de hablar con cinismo y desparpajo, ahora de los indígenas; en alguna oportunidad de los negros y de los reclamantes de tierras, de los estudiantes protestantes, tratándolos de vagos, es decir de súbditos; a los políticos de izquierda de la manera como le da la gana, incluso rebautizando el término “mamertos” para señalarlos.

Esta señora, con desparpajo e insolencia, se da el “lujo” de desearle el infierno al morir nuestro icono literario García Márquez, prevalida quizás por la condición dicha. Incluso es la única congresista, de los senadores del Centro Democrático, que tiene con que salir electa, con o sin la venia de Álvaro Uribe. Aunque, por más preeminencia política que tenga en la derecha colombiana, no le da ese derecho que cree tener.

Con todo, tiene que entender que en Colombia no hay súbditos, como en el siglo XIX, sino ciudadanos y, que el Ejército Colombiano está fallando en sus procederes.

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