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Viernes, 19 de julio de 2019. Última actualización: Hoy

De ciertas ceiba y retamas

El martes 19 marzo, 2019 a las 3:04 pm

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Marga López Díaz llega volando
Marga López Díaz llega volando

…y creció más de un siglo, elevada en rumores,otra iglesia en el pueblo, un Tabor de fulgores, la  verde carabela de algún varado Ulises.Frag. La Ceiba, soneto de Marga López D.

Me ha regalado Marga López, la eterna poeta de La Ceja, Antioquia, tres sonetos. Para que se los leyera y comentara. Qué capricho más literario y modo de apreciarme. Su escritura es transparente, como quien escribe lo que siempre ha sabido: sus alrededores, los árboles que la acompañan, el camino a La Ceja, el regreso a Roldanillo a oír poemas y regalar su presencia.

Son tres sonetos con la métrica y el sabor que uno aprendió en las clases de lengua castellana. Saben a verde, a mamá, La Ceiba, La madre vuelta al muro y Asunción de la rosa. Leer los poemas hace tres milagros. Oler desde la distancia del verso a uno de los árboles con más cuerpo en nuestros paisajes, ver como si tuviera presente a su madre en su última fase de su paso por el mundo y casi asistir a la «asunción del olor de una rosa» que entraba por la ventana.

La poesía de Marga logra reconciliar al lector con la naturaleza, la familia y la intimidad de los olores y el amor materno. Con su voz y acento logra conectar a quien la oye con su ser interno que la impulsa a pregonar sus amores y a exhalarlos – como si fuera la primera vez que los leyera y la última vez que los recitara -.

Me ha enviado tres regalos cantados. Uno a la madre enferma y ya para morir, otro para celebrar la existencia de una ceiba madre y un tercero para celebrar el milagro de la vida expresado en el olor rebosante de una rosa en el jardín.

Marga produce esos milagros cuando escribe, cuando recita en Roldanillo en un taller o cuando envía por correo estos sonetos para que uno se regodee leyéndolos y releyéndolos por entre olores y recuerdos. O saltando de uno en uno por sus 14 versos como lo hacíamos cuando brincábamos a caballo por encima de la espalda de nuestros compañeros de colegio.

Hay más, cuando uno lee u oye a Marga recitar sus poemas como que se exorciza para adentro. Queda uno en vilo y no sabe si lo leyó o lo vivió. La poesía tiene esa virtud. Cuando es comprometida, vivida, fruto del estudio o regalada por la naturaleza y cuidada con el trabajo diario, es medicina balsámica.

Los tres poemas que me ha enviado la máxima poeta que acude a Roldanillo cada año son el regalo más caro que he recibido en estos veinte y más años que la conozco. Qué solidez, belleza y ternura contienen. Ella se formó en la escuela de Virgilio, Fray Luis de León, García Lorca, Machado, Teresa de Ahumada y Sor Juana Inés. ¿Qué más podemos esperar? Qué comparaciones, lenguaje adecuado y pulso. Una maestra completa.    

19-03-19 – 9:20 a.m

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