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Viernes, 7 de mayo de 2021. Última actualización: Hoy

De 1909 para 2009: Reyes y Uribe

El domingo 18 enero, 2009 a las 10:26 am
Por Daniel Mera Villamizar
Colombia entró al año de la víspera del Centenario, 1909, con un gobierno autoritario de gran desempeño, el de Rafael Reyes, que había logrado extender su periodo de seis a diez años (1904-1914), pero venía en proceso de divorcio de la opinión y dejaría inconclusa su obra. En 1910, un elegante opositor, Carlos E. Restrepo, asumió la Presidencia con la bandera de la Unión Republicana, que buscaba la concordia política y prohibió la reelección inmediata.
www.unasc.org/Imagenes_Fotos/gral__Reyes.bmp
Tras la Guerra de los Mil Días y la separación de Panamá, Reyes interpretó el anhelo de reconstrucción y progreso, a contra corriente del conservatismo nacionalista, dominante bajo el mando de Miguel Antonio Caro. Hombre de provincia, nacido en Boyacá y templado en el Cauca y el Putumayo, pronto se reveló como caudillo de acción, práctico (sin reparar en códigos), que disgustaba a la intelectualidad bogotana y gozaba de enorme popularidad. Madrugaba, tenía «don de gentes», y oía a los ricos en detrimento de los políticos, gramáticos y abogados.

En diciembre de 1904 cerró el Congreso, que no le autorizaba medidas económicas y fiscales indispensables, en medio de la aceptación general. Una Asamblea Constituyente y Legislativa, a partir de 1905, validaría los designios del dictador moderado e incluyente, pues tenía ministros y constituyentes liberales, antes proscritos del poder. Reyes aseguró la ansiada paz con el desarme de la población y sus gamonales, y con la modernización y el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas. «Orden y economía», era su consigna.

Se consagró febrilmente a impulsar las industrias, los ferrocarriles, las «fuentes de trabajo y de riqueza», cuyos «secos y precisos números» exponía en «excursiones presidenciales» por el país, aun ante abrumadas y «nobles damas» de Cartagena y Barranquilla. Había recibido un país débil, visto en Europa como susceptible de nuevas desmembraciones, y con la imagen de tierra de leprosos, porque en la guerra civil miles «habían escapado de sus asilos, esparciéndose por las distintas regiones».

Para 1907, Colombia tenía otro atractivo internacional, y bastantes razones para agradecer con un Te Deum que «Dios protegiera a Reyes de forma descarada» en el atentado del 10 de febrero de 1906. Sin embargo, en 1908 los motivos acumulados de la oposición: los confinamientos, la falta de elecciones y representación, el reordenamiento territorial, la centralización política y rentística, entre otros, encontraron una decisión muy impopular del general Reyes que les facilitó ganar la opinión: un arreglo expedito con Estados Unidos, aun sin indemnización por Panamá, para atraer inversión extranjera, su gran esperanza.

Rafael Reyes, tildado de «poco pulido», sacó la conclusión de fondo, dejando una gran lección: «es base de la República la alternabilidad en el poder y no deseando aparecer como hombre necesario», renunció. «El orden y la paz no dependen de la permanencia de un solo hombre en el poder», dijo. Era el 13 de marzo de 1909. Cien años después, la renuncia del Presidente Uribe a un tercer periodo nos permitiría llegar al Bicentenario con la tradición republicana viva, con paz política y, muy probablemente, con un acuerdo de futuro basado en la firmeza, así apareciera un Carlos E. Restrepo.

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