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¿Cuál fue la primera “Pirámide” de la historia colombiana?

El sábado 8 noviembre, 2008 a las 10:32 pm

Por Rodrigo Llano Isaza

Ahora cuando el cuento de las pirámides toma tanta fuerza y tanto “marrano” está a punto de perder todos sus bienes, vale la pena mirar la historia bastante desconocida de la primera “pirámide” que hubo en nuestra historia como nación.

Una anotación inicial: en la hermana República del Ecuador le pusieron el tatequieto a estas instituciones. La ley llegó a cada establecimiento pidiendo los estados financieros, el origen y la aplicación de fondos y la presencia de los representantes legales. Al no cumplir las instituciones con estos condicionamientos de las autoridades, encarcelaron a los ejecutivos y sellaron los establecimientos, con lo cual, las modernas “pirámides” tuvieron que cerrar sus puertas y regresar a Colombia, donde hacen y deshacen a su antojo. Los estudios hechos por los ecuatorianos dicen que las pirámides tienen un período de maduración de catorce meses, luego de los cuales, en su inmensa mayoría explotan y barren a sus ahorradores. Las pirámides se mantienen en la medida en que sigan creciendo exponencialmente porque los primeros que entran ganan en la medida en que sigan llegando nuevos aportantes y son esos últimos aportantes los que pierden todo cuando la pirámide se detiene y por lo tanto estalla.

Terminaba la guerra de los conventos o guerra de los supremos como es más conocida y había pasado el 9 de febrero de 1841 “la gran pueblada” que consistió en un levantamiento popular de las masas bogotanas para impedir que las autoridades promulgaran un indulto a favor de la oposición, cuando en el mes de abril de 1841, recién posesionado el Presidente Pedro Alcántara Herrán, el boyacense Judas Tadeo Landínez, nacido en Samacá, y don Sinforoso Calvo, dos reconocidos negociantes que ya militaban en la corriente política que derivaría en el Partido Conservador Colombiano, fundaron la “Compañía de Jiro y Descuento”, la cual, aprovechando la liberación de las tasas de interés efectuada en 1834, se lanzó al mercado financiero subiendo las tasas del 6% anual hasta la cumbre del 24% anual. Los primeros que hicieron fila fueron las órdenes religiosas: El Carmen, La Tercera, Santo Domingo, quienes llevaron sus capitales a donde el voraz financista que recibía sus dineros y les daba recibos que comenzaron a circular cual papel moneda y se fue apoderando de todo lo que tenía valor en la pequeña villa que fungía de capital de la Nueva Granada.

No fue el comienzo de los negocios de Landínez que ya había hecho pingues negocios con el Gobierno al suministrarle dinero en préstamo y uniformes para las tropas, pero si fue la culminación de sus actividades especulativas.

El público se llenó de expectativas y cubrió de elogios a la casa financiera que se abría espacio entre los incautos, los especuladores y los ambiciosos sin límite y llegó a llamarla “la ballena, lugar donde se consigue la riqueza sin limitaciones ni medida” y hasta verso le hicieron:

Eso de ganar a escote

Con un relance tan feo

Es de Judas Iscariote

Y no de Judas Tadeo.

Compró los vales del gobierno, tierras, ganado, cultivos, fincas, tiendas, almacenes, convirtiéndose en el más asiduo visitante de las dos notarías que tenía Bogotá. Especulaba como no se había visto antes, jugaba a las alzas y bajas de los bienes para presionar la quiebra de los propietarios, se hizo dueño de la ferrería de Pacho y de las fábricas de tejido y loza de Bogotá, se apoderó de las salinas de Facatativá y de las minas de carbón más importantes de Boyacá y Cundinamarca, se hizo dueño de las más importantes recuas de mulas que movilizaban el comercio interior y exterior colombiano y promovió, bajo su control, la actividad aseguradora, era el principal prestamista del Estado y abrió sucursales por todo el país. Financió la primera exposición industrial y comercial del país.

Pero como todas estas locuras tienen un rápido fin, el 31 de diciembre de 1842, los Dominicos tocaron a la puerta de Landínez y reclamaron todo su dinero entregado a préstamo. Landínez no tuvo con que pagar por falta de liquidez y la noticia se regó como pólvora. Fue el momento en que sus enemigos políticos se lanzaron al ataque, pronunciando aún más la crisis y provocando grandes pérdidas prácticamente a todas las familias bogotanas.

Uno de los más connotados “tumbados” por Landínez fue el después fundador del Partido Liberal Colombiano, Don José Ezequiel Rojas Ramírez, quien se convirtió en el primer presidente de la Junta concordataria que se montó para controlar los bienes del boyacense en desgracia, cuya quiebra valió más de tres millones de pesos cuando el total de los ingresos de la nación apenas si superaban los dos millones de pesos y cuando en el país apenas si había seis personas cuyos capitales superaban el medio millón de pesos.

Fue una gran quiebra, la quiebra de la primera “pirámide” de nuestra historia financiera que llevó a Don Judas Tadeo con sus huesos a la cárcel.

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