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CUERPO SUTIL / EROS / AZULI PREGUNTA

El domingo 29 abril, 2018 a las 4:44 pm

CUERPO SUTIL / EROS / AZULI PREGUNTA

CUERPO SUTIL

Azuli esperaba sentado junto a la choza del Maestro, mientras la mañana prometía tonos de un sol benévolo.

El Maestro llegó; había ido muy temprano al río a bañarse; venía sin camisa, el sólo aire secaba su cuerpo; y su piel no mostraba rasgos de vejez, si bien nunca le había revelado su verdadera edad a Azuli, a pesar de su insistencia.

Azuli se puso de pie para recibir al Maestro, y le hizo una reverencia.

«Su piel es tan joven como la mía, Maestro».

«Podría parecer de otra manera, las cosas no son lo que parecen»; respondió el Maestro, con aire serio, poniendo la mano a manera de visera en la frente, oteando el sol naciente en el horizonte.

«No son lo que parecen», repitió despacio, como resaltando cada una de las palabras. «Lo comprenderás y verás nítidamente cuando desarrolles el cuerpo sutil», añadió.

«¿El cuerpo sutil?», preguntó Azuli.

«Sí; sólo así obtendrás percepciones ‘claras y distintas’, como dijo uno de los sabios vuestros», respondió el Maestro, y entró a la choza a preparar su tisana de hierbas silvestres.

«No creas que es un cuerpo diferente al cuerpo físico, pero por medio de observación continua te hará percibir y comprender que el cuerpo que ves con los ojos físicos no es real, sustancial ni duro como parece; es sólo un haz de percepciones, sensaciones a las que han sido agregadas engañosamente diversas cualidades y juicios falsos por el pensamiento y la costumbre. Todo el mundo percibido por los sentidos no es más que sensaciones, sin materia real que lo sustente; puras representaciones en la Conciencia; fenómenos de Conciencia, y esto ya lo han comprendido algunos pocos sabios de los vuestros», terminó diciendo el Maestro.

La tisana ya estaba; ambos se sentaron a tomar esa pócima de buen sabor; refrescaba el gusto, hacía sentir liviano el cuerpo.

«Obtendrás así, poco a poco, un cuerpo ‘espiritual’, por decirlo de alguna manera», insinuó el Maestro. «Y verás la realidad con ojos y sentidos nuevos. El pensamiento es tan sólo uno de esos sentidos; el mundo continuará, pero como una sombra de tu real cuerpo espiritual», terminó diciendo.

Azuli no respondía; su espíritu se abismaba tratando de comprender. El sol estaba en su mejor momento, el brillo del cielo hacía nuevas todas las cosas ese día.

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EROS

¿Era la soledad de Sombriel lo que estimulaba su condición alucinada?

¿Eran sus visiones un desahogo, una luz errante en el laberinto de su vida?

Sombriel, el hombre, escribía sus poemas como un rito íntimo entre su tiempo de desasosiego y esperanza:

Quizás en otro mundo… donde apenas miro de hito en hito tu sombra, tu albor en el beso infinito, mi espectro y tu espalda de oro… yo, tu guardián de las brumas… veo en la ventana encantada:

Tu ombligo declina, espera el viento del sur. Arriba, tus pechos alumbran mil lunas en línea; mil sombras nocturnas suben y bajan… la noche no es suficiente para albergar tus miradas.

Abajo, tu pubis, el bosque y la hojarasca… el estío suaviza el umbral de tu cuerpo, canciones del deseo inundan las venas.

El sol mira ocultando su envidia, toca las sábanas, anuncia tu nombre en el mío.

Es precaria la vida… y el deseo es grande; grande como los mitos del pasado, donde Venus anuncia el amor, donde Cupido sentencia furtivo, donde el Cielo y la Tierra copulan, haciendo temblar los mundos, los amaneceres y las palabras.

Tu perfil migra en el río más antiguo de todos, pero allá voy a buscarte cada mañana, cada tarde, cada noche y cada eternidad.

Poco a poco, tus pies morenos crispan el día, gimen bajo los abrazos y los árboles antiguos, mientras las hojas cubren las nubes tejidas de almohadas redondas.

Un caos infinito de voces se riega en el lecho… el delirio nubla los cuerpos, el color de las flores quema la tarde y otros días, muchos días, no serán suficientes para estar desnudos al sol.

Y su espera se confundía con el ensueño, las visiones con la realidad.

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AZULI PREGUNTA

Ese día el Maestro no apareció de repente como siempre; Azuli lo había ido a buscar a su casita rústica, casi una choza, en un umbrío bosque junto al río.

Le preocupaba el problema de la muerte, y entonces inquirió al Maestro.

«Después de la muerte no hay nada.

Todo eso es pura especulación, malas interpretaciones a partir de estados alterados de conciencia. Así como la vida es conciencia manifiesta durante la vigilia, y durante el sueño profundo es conciencia inmanifiesta, sumida en su propia oscuridad, razón por la cual uno no es ni percibe nada durante el sueño profundo, a menos que se esté entre los delirios del ensueño, ¿por qué va haber o percibirse algo después de la muerte? La muerte es conciencia inmanifestada, es decir no experiencia alguna, descanso absoluto en el no-ser de las cosas. En fin, lamento desbaratarle falsas creencias a la gente, y sé que no lo aceptarán; tan aferrados están todos a creencias, imaginarios y doctrinas falsas… En el estado más alto de conocimiento uno ve, comprende que todo es mentira, falso, ilusión. De ahí la verdadera doctrina de Maya, y no como la gente la interpreta. Lástima, pero quien ha visto la Realidad (muy pocos entre los pocos, en verdad), sabe que así es. A la gente, lastimosamente le gusta toda la atractiva fenomenología de ‘lo maravilloso’, y allí seguirán atrapados por los eones de los eones», respondió el Maestro.

«Entonces, ¿por qué batallar, persistir en este campo de ilusiones?», preguntó Azuli.

«Porque estamos aferrados a este gran espacio de mentiras oníricas, y cada quien quiere defender hasta lo imposible su pequeñito espacio de intereses e imaginaciones. Por eso, la gran liberación consiste en renunciar a todo, para así librarse del gran sofisma que es el mundo. Pero este es el precio que muy pocos están dispuestos a pagar. Todos quieren persistir en este ‘maravilloso mundo’ de experiencias; todos somos esclavos de la naturaleza manifestada (Maya), cuya fuerza y empeño es seguir perpetuando este mundo en la eternidad de las eternidades», fue la respuesta del Maestro.

«Y ¿qué hay del bien y del mal?», preguntó Azuli.

«He visto la Realidad. Bien y Mal forman parte de la mentira universal», respondió el Maestro.

«Pero uno tiene familia, obligaciones, compromisos, proyectos, visiones…»

«Es inevitable, ¿no? Estamos prisioneros en este mundo. Unas prisiones son gozosas, otras son terribles. Mientras tanto, la sabiduría consiste en ver que todo es lo mismo: enredos, manifestaciones sin fin de la conciencia», aseveró el Maestro.

Y las horas transcurrían como embeleso para Azuli en compañía del Maestro, así sus dudas no quedaran nunca despejadas del todo en el fondo de su alma.

Afuera, la brisa del bosque refrescaba la mañana. Resplandecía el amarillo de las naranjas entre los árboles.

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Otras publicaciones de este autor: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/rodrigo-valencia-quijano/

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