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Jueves, 25 de abril de 2024. Última actualización: Hoy

Cuento de nunca acabar

El miércoles 28 febrero, 2024 a las 3:14 pm
Cuento de nunca acabar
Cuento de nunca acabar
Foto: Proclama Cauca y Valle
Silvio E. Avendaño

 Entre samanes, es el título del relato, escrito por Felipe Solarte Nates, que traza el paro en Santander de Quilichao, por allá en 1973.

 No hay acueducto, a pesar de las aguas cristalinas que corren cerca del pueblo. Sube el transporte. No hay alcantarillas. Diferentes grupos que dicen tener la verdad forjan la protesta hasta desencadenar el paro. No todos están a favor, pues hay quienes consideran que no se puede hacer paro porque se interrumpe la vida tranquila y pacífica. Un periódico ve en los estudiantes drogadictos y mariguaneros. Feligreses viven en la religión de sometimiento y bajo la nula autoridad municipal. Pero no falta el sacerdote con inquietudes de un mundo distinto. Y, el paro convoca a ir a las calles, pues la gente se “rebota”, ya que sube el precio de los servicios. La normalidad se desborda más allá de trago, la mariguana, la puteadera. No hay perspectiva, tan solo las aventuras de Tarzán y el Fantasma, unos cuantos curiosos que leen literatura.  No falta la bronca, los desacuerdos, los seguidores de Camilo, otros al Che, los intelectuales trotskistas, mientras otros recuerdan la chusma, a Sangrenegra y Desquite.

Y la normalidad se altera al cerrar la vía Cali-Popayán. Entonces el gobierno, como autoridad legítima sale a recuperar la normalidad, con la policía en camiones, con cascos, escudos, bolillo, gases lacrimógenos. Y al margen de la protesta, no falta quien recuerde a Jorge Eliecer Gaitán, la lucha contra los liberales y las guerrillas. Pero, en Santander de Quilichao no hay trabajo, no hay empleo, tan sólo trago, droga, desolación. Y la policía llega a cumplir el mandato, carga contra los manifestantes, porque no se puede alterar la libre circulación.  Otros miran con distancia lo que ocurre. A más de uno no le gustan las revueltas, ellos no se meten en política. Otros consideran que hay que superar la anormalidad, resultado de algunas mentes exaltadas. Y, pasan corriendo los alborotados, perseguidos por gases, bolillo y ¡duro con ellos! pues palo hay para todos, incluidas las mujeres, ellas que miran o participan. Golpes y más golpes. ¿Quién las manda meterse en esa pelotera? Ellas deben permanecer en su lugar, en la casa dedicadas a la crianza de los hijos y no meterse en una pedrea. Entonces, en el desalojo de la vía obstruida, en el aire se esparce el gas cebolla.

 Hay reunión, hay cabildo, mientras la policía sigue despejando el aire hacia la normalidad. Y, en la Gobernación del Cauca como si nada, de tal modo que con los gases lacrimógenos abren la Panamericana, pues no se puede perjudicar a quienes viajan ni los negocios. Y allá en Santander de Quilichao los exaltados, en el final de la pelotera, quedan golpeados al borde del camino…

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