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Miércoles, 25 de noviembre de 2020. Última actualización: Hoy

Cuarentena inteligente: entre el breve alivio y la inmensa preocupación

El martes 21 abril, 2020 a las 11:41 pm
Cuarentena inteligente: entre el breve alivio y la inmensa preocupación
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Cuarentena inteligente: entre el breve alivio y la inmensa preocupación

A escasas horas de ver y oír el anuncio del señor que encargaron en la presidencia de Colombia, en el que una vez más, el segundo a bordo del uribismo, cediendo ante la presión de los gremios y siguiendo el ejemplo de su ídolo en EE.UU., Donald Trump, aplicó en una sola notificación, la política de la indefinición, dejando a la mayoría de los colombianos en un estado entre el breve alivio y la inmensa preocupación, frente a la inminente puesta en marcha de la llamada cuarentena inteligente.

Alivió a la inmensa mayoría de colombianos, saber que el encargado presidente, asumió una posición acorde con el sentido común, no sólo del ciudadano de a pie atemorizado por el contagio de Covid 19, sino el de un importante sector científico colombiano y mundial, que recomendaba, y recomienda, no bajar la guardia en las medidas de confinamiento general, dadas las particularidades del virus y del país del sagrado corazón de Jesús.

Pero, esta brevísima sensación de tranquilidad, inmediatamente quedo en un tenebroso suspenso, al escuchar que a partir del próximo 27 de abril, se abrirán sectores económicos, no incluidos en las excepciones de los decretos presidenciales de emergencia y que en la sapiencia suma de los gremios económicos y de su emisario en la Casa de Nariño, ahora si se les considera vitales, como los de la construcción y la manufactura.

Inmediatamente terminada la alocución de Duque, se suscitó una muy entendible incertidumbre general, dados los preocupantes antecedentes de deficiente manejo de la pandemia por parte del gobierno nacional colombiano y de algunos locales, respecto a la real aplicación de las famosas pruebas diagnósticas del Covid 19, el manejo de la información estadística que se desprende de los, afortunadamente, pocos casos diagnosticados oficialmente y por supuesto, la mala conducción del proceso de asignación y entrega de las ayudas humanitarias para los millones de colombianos, que luego de 72 anuncios presidenciales, a estas alturas, aún siguen esperando la solución a esos mínimos vitales para encarar el actual confinamiento, sin contar con los groseros casos de corrupción y de indisciplina social por parte de algunos funcionarios y ciudadanos del común.

El reciente anuncio de cuarentena inteligente preocupa, porque tras dos o tres semanas de ralentización del endeble aparato productivo colombiano, se ha desnudado el impresionante estado de pobreza y de vulnerabilidad económica y social de un altísimo porcentaje de la población colombiana, así como la aterradora debilidad del sistema de salud colombiano, privatizado en la década del noventa del siglo pasado. Pero sobre todo, preocupan las voces de incomodidad por la cuarentena, provenientes del ciudadano del común, que depende únicamente de su lucha diaria en las calles o de su pequeño negocio familiar, quien hace parte de la inmensa mayoría, que no tiene las condiciones mínimas para afrontar un confinamiento prolongado, como sí lo pueden hacer, aunque con esfuerzo; personas con condiciones económicas un tanto mejores.

Según los primeros cálculos, serian cientos de miles las personas, de estos dos importantes sectores económicos, las que saldrían a las calles a retomar sus jornadas laborales. Si bien es cierto que, como ya es su costumbre, el gobierno nacional, anunció que daría en estos días los protocolos logísticos y sanitarios, dizque para asegurar el distanciamiento físico necesario que requiere el correcto manejo de la pandemia, también es cierto que el manejo de Duque respecto a estas medidas, ha dejado mucho que desear, así lo demuestran, las medidas auxiliares que han tenido que tomar gobiernos locales como el de Bogotá, Cali y otras ciudades para tratar de componer el entuerto creado por más de 70 decretos que no establecen con claridad cómo manejar la crisis.

Preocupa también, la casi certeza, de saber que tras de los cientos de miles de trabajadores de la construcción y la manufactura, también reclamarán y hasta con justeza, el derecho a salir a sobrevivir, cientos de miles de colombianos que normalmente trabajan alrededor de la construcción, en negocios tales como ferreterías, transporte, restaurantes, vendedores de tintos, cigarrillos, loteros y vendedores de minutos, entre otros miles de trabajadores indirectos, asociados a este solo sector, ni que decir de los trabajos indirectos relacionados con el “sector manufacturero”. Ellas y Ellos también son indispensables, vitales, para sus familias que sumadas son millones.

Y esta semi-certeza, esta desconfianza, este escepticismo frente al resultado de este nuevo intento de quedar bien con dios y con el diablo, que anunció el uribismo en el mando, descansa en la absoluta seguridad de saber, que a este gobierno, al igual que a todos los que lo anteceden, los movió y los mueve, su supremo interés de mantener el statu quo de una élite, cuyo único propósito es el de acumular riquezas a cualquier costo, así como la aceptación pública de su incapacidad para dar solución a las necesidades básicas de los millones de colombianos sumidos en la pobreza y en la miseria, tal como lo ha desnudado esta pandemia, resolviendo a la fuerza, en esta crisis sanitaria y en medio del desespero de la gente; el verdadero dilema: Economía o salud.

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