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Cuarenta mil millones de pesos, en un país de cafres

El martes 21 noviembre, 2017 a las 2:33 pm

Con cuarenta mil millones de pesos se podrían construir 680 viviendas de interés social , un acueducto regional como el afro del norte del Cauca, cuatro megacolegios como el Fernández Guerra de Santander de Quilichao, un hospital de segundo nivel como el que se construirá también en Quilichao, unos dos kilómetros de la doble calzada Santander de Quilichao-Popayán, alimentar muchos de los niños hambrientos de la Guajira, Chocó o Cauca, no sé durante cuántos meses o años, en fin, muchísimas supuestas justificaciones en contra de la Consulta Liberal realizada el pasado domingo para escoger el candidato oficial del Partido Liberal a la Presidencia de la República.

Una oportunista y pasajera disculpa de las élites, que otra vez lograron hacerla “viral” aprovechando la ignorancia política y cívica de las mayorías colombianas, con lo que se demuestra otra vez que se podrá seguir manipulando pueblo, acondicionando la mente y las actitudes de la masa electoral para que en mayo próximo se vote copiosamente, “emberracada”, por el candidato del sistema socio-político dominante. Por ese oscurantismo masivo, les tocará votar por Vargas Lleras quien será el presidente de la República en el período 2018-2021, si no se amaña, porque puede alargar su permanencia como lo hizo ilegítimamente su impulsor, el dueño de la “pos-verdad”, Uribe Vélez, y luego el mismo Santos. En Colombia ya ninguno estará 4 años. Todos quieren mínimo ocho, así la gente los elija para cuatro.

Desprestigiar al Partido Liberal, a la Registraduría del Estado Civil, al sistema democrático, a la institucionalidad política colombiana por la aplicación de 40.000 millones en la consulta, legalmente invertidos en otro ejercicio electoral, es una perversa estrategia de quienes desean que no haya ejercicio democrático, que las masas solo decidan lo que sus dominadores resuelvan, y con el escándalo del domingo, tapar la verdadera corrupción con que ellos mismos ejercen el poder.

En Colombia la Democracia es apenas una caricatura porque su pueblo no tiene condiciones para ejercerla. La escasa participación cívica en las jornadas electorales es la prueba. Pero eso es lo que necesitan allá arriba, que el pueblo no reflexione sus decisiones, que voten pocos, los necesarios para sus ambiciones, que simplemente voten “emberracados” contra lo que les dicen los mismos esclavistas modelo siglo XXI. ¿Paradójico?

No lo es. Así funciona la ignorancia. Es lógico que cuando una masa humana no sabe para dónde coger, porque no tiene condiciones para tomar decisiones propias, un mesías le debe decir qué hacer. “Yo voto por el que diga Uribe”, por ejemplo, repiten como loros, es más, con “orgullo” de hacerlo. Por eso este país fue calificado hace unos años como un “país de cafres”.

Por eso en Colombia, pertenecer a la minoría, al grupo de librepensadores, es un privilegio, es tener memoria.

La gente en el Cauca ya olvidó que Vargas Lleras construyó e inauguró un puente en el oriente que sólo duró un año, donde se perdieron más de 7.000 millones de pesos; olvidó que hace más de 4 años se invirtieron como 30.000 millones de pesos en el acueducto afronortecaucano que no ha podido funcionar; que hay una serie de elefantes blancos con incalculables inversiones que nunca prestaron el servicio para el cual fueron diseñados como las PTAR de varios municipios; que hubo un robo de 10.000 millones de la Gobernación del Cauca a través de Probolsa; que a Indeportes Cauca también se lo robaron, que hay en curso una inversión de 2 billones de pesos para una doble calzada Santander de Quilichao-Popayán, que es otra caricatura. En fin.

Me deja pasmado que no haya indignación ante el robo de los 50 mil millones en Córdoba a través de IPS falsas en lo que se conoció como el “cartel de la hemofilia”. Tampoco por el desfalco de 11 mil millones de pesos en materia pensional ocurrido en Ferrocarriles Nacionales, en Bolívar. Menos, por el desfalco en el Meta por más de $15 mil millones en el sector de la salud, en la administración de Alan Jara.

Tampoco he visto una indignación tan masiva como la del domingo ni siquiera cuando en Cajanal se robaron 300 mil millones de pesos resultando afectados los pensionados públicos de Colombia, sumados a un cartel de abogados que desfalcó a Colpensiones por más de $75 mil millones cuando pensionaron desde ancianos hasta habitantes de calle sin capacidad para reclamar.

Se olvidaron, o no se dieron cuenta, de los exmagistrados de Cúcuta que causaron un desfalco a Ecopetrol en un carrusel de fallos de tutela por más de 137.000 millones de pesos, entre los años 2010 y 2012. Lo de Electricaribe donde se robaron más de $78 mil millones en subsidios destinados a 600 mil usuarios de estratos bajos, también pasó como algo normal.

La gente no protesta por nada de eso. Las mayorías no vuelven virales los reproches a la bandola que en la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) cobraba devoluciones de impuestos por exportaciones ficticias perdiendo los colombianos unos 50.000 millones, ni por el escándalo del ‘carrusel de la contratación’ de Bogotá que causó un detrimento patrimonial aproximado de 2 billones de pesos, ni por los más de 2 billones de pesos desfalcados por varios jueces y funcionarios que reconocieron millonarias pensiones e indemnizaciones a las que no estaban autorizados varios exempleados de la empresa Puertos de Colombia (Foncolpuertos). La gente olvidó que Carlos Palacino desfalcó en Saludcoop 1,4 billones de pesos correspondientes a la salud de muchísimos colombianos. Ya se olvidaron de que David Murcia Guzmán (DMG) defraudó a centenares de ahorradores en cerca 1,1 billones de pesos.

Este país de cafres accedió a la estrategia de enfrascarse en oportunistas manipulaciones, perdió la memoria, no protestó cuando distinguidos miembros de la élite financiera, Interbolsa, se robaron 174 millones de dólares (522 mil millones de pesos), de 1.260 inversionistas colombianos, mas otras pérdidas que alcanzaron el billón de pesos.

Como necesitan los que manipulan la opinión pública, nadie recuerda que iniciando los años 80 todos los colombianos subsidiamos a los poderosos cuando quebró el grupo Grancolombiano, por malos manejos del Banco del Estado, asunto que llenó de vergüenza a aristocráticas familias de Popayán. Casi nadie se acuerda que Belisario presidente subsidió los desmanes de la oligarquía financiera decretando la emergencia económica, para regalarle a los bandidos $13 mil millones de aquella época, haga la conversión para ver cuánto sería en pesos de hoy.

En 1982 también hubo casos de corrupción tan emblemáticos como el de la Caja Vocacional de donde se esfumaron $80 mil millones ¿Alguien se acuerda?. ¿Usted recuerda, por ejemplo, qué significa Agro Ingreso Seguro, la pirámide uribista que tiene en la cárcel a su ejecutor, el exministro “uribito”, Andrés Felipe Arias Leiva, por la “desaparición” de $12.700 millones de todos los colombianos?

Otros casos en el olvido

Empresa de Energía de Pereira (Enerpereira) dineros embolsillados por los poderosos: $64.700 millones.

Coomeva EPS, afectó con otro torcido a todos los colombianos cuando se robaron $146.900 millones del Ministerio de Salud. ¿Alguien les hizo “bulling” en las redes sociales cuando se debilitó, otra vez, el sistema de salud, contribuyendo así al deterioro de la calidad de prestación del servicio y a su sostenibilidad financiera?

¿Hubo campaña en Internet contra el robo de $156.000 millones de Transmilenio calle 26, en Bogotá? Y eso que todos los bogotanos fueron las víctimas. Sus derechos a la movilidad y al buen uso del patrimonio público fueron vulnerados. Poca indignación.

$170.800 millones se perdieron en la vía Bogotá-Girardot. En su momento nadie dijo nada, porque los implicados no fueron los pocos liberales que salimos a votar el pasado domingo 19 de noviembre.

¿Alguien recuerda el robo de $224.000 millones del Sistema General de Seguridad Social hace unos pocos años? Qué se va a acordar. Cuando ocurrió nadie protestó por ello, a pesar de que afectó el derecho a la salud y la credibilidad de los ciudadanos en el sistema y en el Estado.

Sería interminable el listado de gastos inoficiosos, desvíos, robos y atracos de los poderosos que le dicen a los idiotas por quién deben votar para seguir en las mismas, porque saben que no hay memoria colectiva. En Quilichao y en algunos municipios circunvecinos hay sobrecostos escandalosos en adquisiciones oficiales y en contratación y todo el mundo tranquilo.

El desfalco de $348.000 millones a la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP) para los servicios de recolección, barrido y limpieza de la ciudad de Bogotá, también pasó a la historia. Lo importante hoy es la posverdad de los 40.000 millones del pasado domingo.

Hace pocos años el Ministerio de Salud y de Protección Social, FOSYGA, Ministerio de Hacienda y Crédito Público y Caja de Previsión Social de Comunicaciones (Caprecom), es decir, todos los colombianos, también fuimos víctimas de desvío de recursos por $559.500 millones que aún se investiga.

¿No recuerdan que del Ministerio de Salud se robaron $943.900 millones en supuestos pagos a Instituciones Prestadoras de Salud que según los registros no aparecían habilitadas?, pues, nada pasó.

Y para no cansarlos más sobre lo que hacen quienes les dicen por quién votar y cómo hacer campañas perversas de desinformación y desprestigio a través de las redes sociales, no vayan a olvidar lo más reciente, los sobornos de brasileña Odebrecht que en Colombia ascendieron a US$ 27.7 millones (84.000 millones de pesos) para hacerse adjudicar contratos de obras públicas entre el 2009 y el 2014.

Los sobornos de Odebrecht en Colombia, como se sabe por lo reciente del escándalo, salpicaron las campañas electorales del presidente Juan Manuel Santos y del candidato uribista Óscar Iván Zuluaga, y obviamente, de quien de esa forma resultó elegido vicepresidente, Germán Vargas lleras, quién será, gracias a la más reciente “historia” de la política colombiana, el próximo presidente de la República, porque esta nación sigue siendo un “país de cafres”.

Si con cuarenta mil millones de pesos se habrían podido construir 680 viviendas de interés social, con los cientos de billones que se han robado quienes inducen a la crítica por lo que costó la consulta liberal, entonces diríamos que los países verdaderamente desarrollados del Mundo le quedarían pequeños a Colombia porque este es un país inmensamente rico, claro, lleno de pobres ignorantes, fácilmente manipulables por las mentiras, hoy llamadas “posverdades”, que para no interrumpir la crónica colombiana votarán por el que se les diga.

Se quedó corto el maestro Darío Echandía cuando sostuvo que Colombia era un país de cafres, señalando la recua de delincuentes sin escrúpulos y cínicos que hoy y siempre han mandado en esta Colombia indolente, manipulable, escandalosa, que vota “emberracada” en beneficio de sus propios verdugos.

Somos una comunidad desordenada, irresponsable, altanera y violenta, especialmente, a través de las redes sociales, que no puede soportar inversiones destinadas para la afirmación de la democracia y la política, que no puede entender el éxito de los 750 mil votos logrados, que son mejores que una convención de 1.000 personas o una encuesta. No pueden entender que la del domingo pasado fue una votación absolutamente limpia, sana, voluntaria, reflexiva, decente, que por lo mismo terminó vapuleada por quienes añoran el país descrito en la historia más reciente de la corrupción política.

A pesar de todo, me parece que no podemos desistir, ahora es en el camino de la participación y democratización de los partidos, la participación popular y recuperar el poder con verdadera indignación arrebatándoselo a los corruptos.

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Coletilla:

Reficar: corrupción de alto nivel

Por estar regañando a todo el mundo por el olvido biológico o conveniente que los colombianos tenemos sobre la ola de corrupción que ejercen quienes tienen el poder, característica del país de cafres y que le permite a ciertos delincuentes seguir gobernando cuatrienio tras cuatrienio, yo mismo caí en el síndrome; solo por un rato afortunadamente, pues en el larguísimo listado que hice me quedó sin citar el robo del siglo en Colombia: el de la Refinería de Cartagena.

La mayor inversión pública en la historia del país fue la ampliación de la Refinería de Cartagena, Reficar, que tuvo un monto de $26,4 billones.

El proyecto se inició en el 2006, siendo presidente Uribe Vélez quien tomó decisión de hacer la refinería contra viento y marea, lo cual ocasionó los enormes sobrecostos, complaciendo poderosos intereses privados. Fueron malas decisiones tomadas al más alto nivel para socializar las pérdidas de una empresa privada y privatizar las ganancias de la empresa pública.

Según cálculos de la propia Contraloría, la obra dejó millonarios e inexplicables excesos y mayores costos que superan los 17 billones de pesos, que es el presunto detrimento patrimonial que investiga.

Por la cantidad y el renombre de los involucrados y la cuantía del daño al erario, este es, de lejos, el proceso fiscal más grande en la historia del país.

También para el fiscal Néstor Humberto Martínez, esta defraudación se convierte en el mayor descalabro financiero de un proyecto de interés público en la historia del país.

El fiscal aseguró que los contratistas usaron los recursos de la nación como una “generosa chequera” y de allí salieron pagos a personas que nunca trabajaron para la refinería o reparaciones que no debieron ser asumidas por el Estado, por los colombianos.

En la primera fase de esta investigación, también fueron llamados a declarar los ex ministros para la época: de Hacienda Óscar Iván Zuluaga y de Minas, Hernán Martínez, además del entonces representante de los socios minoritarios en la junta directiva de Ecopetrol y hoy ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas Santamaría.

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