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CUARENTA AÑOS DESPUÉS

El jueves 19 septiembre, 2013 a las 5:31 pm
Gloria Cepeda Vargas

Gloria Cepeda Vargas

“¡No voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!”. Salvador Allende.

“Yo no conozco eso de los derechos humanos ¿Qué es eso?” Augusto Pinochet.

Estas frases, pronunciadas en sus respectivas trincheras por cada uno de los protagonistas de la asonada militar que el 11 de septiembre de 1973 le asestó una puñalada mortal al presidente chileno Salvador Allende, retratan de cuerpo entero a sus autores.

Han transcurrido cuarenta años desde el día en que el Palacio de la Moneda fue testigo de una tragedia voraz. Allende, traicionado por uno de sus funcionarios más cercanos, resistió durante seis horas el ataque que se sabía perdido desde que Richard Nixon y su Secretario de Estado Henry Kissinger, bailaron al son que les tocaba. Un mundo polarizado por despiadados intereses económicos y geopolíticos, dictó la sentencia de muerte del primer socialista registrado por la historia universal que llegaba al poder democráticamente.

Los Estados Unidos, cuya prioridad consistía en impedir el avance del marxismo y el socialismo en América Latina, no vacilaron en financiar la destrucción del nuevo proyecto político que apalancado con aciertos y errores respondía a los requerimientos populares, para instaurar, desde las entrañas hasta la piel chilenas, una de las dictaduras militares más feroces que recuerde la historia latinoamericana.

Después de tres tentativas fallidas para elegir presidente (1952-1958-1964) Allende llegó al poder mediante el voto final del congreso, con la nacionalización del cobre y la continuación de la reforma agraria como objetivos principales. El colapso económico de 1973 precipitó su caída y el ¡Alerta! de la fiera le puso la firma. Murió defendiendo instituciones que lo habían repudiado y partidos de oposición vendidos.

Óscar Soto Guzmán, su amigo y compañero, fue quizá la única persona en escucharlo por última vez: “Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. Estoy seguro de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que por lo menos será una lección moral para castigar la cobardía, la felonía y la traición”.

Han transcurrido cuatro décadas y Chile sigue regido por la constitución de Pinochet. El fallido experimento político respira entre defensores y oponentes. Son las dos caras de una moneda que no termina de circular. La izquierda y la derecha políticas en evidencia.

Honor a la memoria de Salvador Allende, el hombre que empinado sobre el corazón latinoamericano, intentó medirle el aceite a la utopía olvidando que el idealismo y la pasión no tienen cabida en este espacio tan estrecho.

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