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CUANDO SE JUNTA EL HAMBRE CON LA NECESIDAD

El viernes 12 febrero, 2016 a las 3:13 pm

“Lo triste es así”.
José María Heredia.

Armando Orozco Tovar

Armando Orozco Tovar

Ayer y antier en Bogotá se juntó: “El hambre con la necesidad”. Y el alza reciente del pasaje del TransMilenio, con su mal servicio público. Un transporte, que podría ser bueno. A pesar del cúmulo cada vez más grande de personas que lo utilizan.

Los miles de gentes provenientes de toda la nación. La mayoría en busca de refugio por falta de trabajo, hambre, y la violencia en sus regiones e invivibles pueblos.

Se vienen todos los días en masa a Bogotá. Porque cuando no son las bandas paramilitares de los múltiples grupos que pululan, que los sacan para apoderarse de sus tierras, desde las épocas de “bárbaras naciones”. Es el mosquito asesino, que no da tregua sobre sus desvalidas humanidades.

Se lee en la biografía: “La amante inmortal” o “Las cuatro estaciones”,. escrita sobre Manuela Sáenz, la quiteña amante de Bolívar, por el escritor gringo: Víctor W. Von Hagen, que cuenta al final, de cómo después de ganada la independencia, quedaron sin oficio cientos de excombatientes. Muchos de ellos mutilados, enfermos etc.: “bandas de soldados licenciados infectaban los caminos, atacando a cuantos no tomaban la precaución de ir bien armados”… muchos, que no tenían más remedio, que irse para la capital, el único lugar donde podrían posiblemente sobrevivir a su orfandad, como seguramente ocurrirá a los miles de guerrilleros desmovilizados, que tendrán que venir a buscar otro oficio de paz en la gran urbe, la cual llegará a competir en poco tiempo con la megalópolis mexicana.

Cada día que pasa, la gente se alborota: Los malos salarios, las alzas de los servicios públicos, los descarados atracos de la clase dirigente (que no dirige nada) como el reciente descubierto del robo hecho en REFICAR, donde los responsables, con ministro a bordo, no dan la cara. Sumando los impuestos, inventados para paliar la crisis neoliberal, que tiene aún más desesperados a los sectores desfavorecidos, cuyo sólo sendero será la organización y movilización popular, pero con resultados.

No se aúpa el vandalismo- que tampoco es «terrorismo»- haciéndolo parecer con la desesperación, que aparecer´pa cada vez con más fuerza, en una de la naciones más desiguales del planeta, donde los niños se mueren de desnutrición, y los habitantes de los pueblos originarios, mendigan sobre las aceras.

La verdad es que fracasó el servicio del Transmilenio, que ha estado manejado, como si fueran buses regulares. Y aunque se mueven evitando trancones, por vías destrozadas destinadas para ellos, no acaban de solucionar la necesidad urgentes de las personas, habitantes de la capital.

Tampoco apareció el tan anhelado Metro. Ni aparecerá, como están las cosas. Mientras los intereses particulares de sectores empresariales urbanizadores, se quieran enriquecer como siempre lo han hecho, con las bonanzas de planes mentirosos, en contra del medio ambiente y de la ciudad, que debería seguir proyectada hacia una urbe humana.

A Bogotá la mató el flujo incesante, provenientes de todos los sitios, desde los tiempos de Bolívar y Manuelita. Se engordó de pronto, como un cuadro boteriano, y a semejanza de una infanta de crecimiento anómalo, que no dio tiempo para comprarle nuevo ropaje. Tocando improvisar vías y transportes, por los diferentes gobernantes citadinos a más no poder. Se recuerda cómo a principios de los años 60’s, los estudiantes de hace quemaban los buses como consecuencia del alza del pasaje. O porque habían quitado las estudiantiles». Otras veces se llevaban los buses, en número de doscientos, con Guido Gómez amigo del cura Camilo, para la Universidad Nacional, que se creía “Territorio Libre”, de los aparatos represivos estatales.

Siempre ha habido pedreas, vidrios rotos, gases lacrimógenos, carreras por el centro de la ciudad, detenidos, que sólo observaban, acusados y hasta asesinados. El caos urbano no es cosa nueva, ha existido desde antes de puesta en vigencia para cualquier cosa, la palabra “terrorismo”. Y seguirá existiendo el desorden social, hasta que los que conducen el mal servicio del poder para el pueblo, no gobiernen sin corrupción y excelsamente y no para sus bolsillos.

Pero ¿cuándo ocurrirá esto? Amanecerá y no lo veremos. Porque como dijo el poeta Heredia: “Lo triste es así.”

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