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Cuando la “pobrecía” da papaya

El miércoles 3 febrero, 2021 a las 10:16 am

Cuando la “pobrecía” da papaya

Cuando la “pobrecía” da papaya

Si bien es cierto que en un mundo globalizado, a ratos a las malas, se requiere hacer tránsito de lo local a lo global en el lenguaje en el que uno se comunica, en ocasiones, como las de esta nota, es preciso regresar al color local, a lo folclórico de nuestro código comunicativo, para enfrentar a ese paisano, con su cruda realidad, usando ese lenguaje común, lleno de alegorías y exageraciones, que grafican, incluso de manera cruel, esa triste realidad que padece la pobrecía, sin llegar a la grosería o la vulgaridad sin sentido.

Este dar papaya* y su contraparte de aprovechar el papayazo, desafortunadamente se han convertido en el leitmotiv de la sociedad colombiana. Este constante accionar entre quienes pretenden sacar ventaja de inocentes e incluso, despistados ciudadanos y sus numerosas y repetidas víctimas, se repite a lo largo y ancho del país, sin importar etnia, género, filiación política o religiosa, rango o estrato socio económico. Dar y aprovechar papaya es la regla general enseñada desde siempre y exacerbada recientemente, por la contracultura traqueta impuesta por los narcos y sus mandaderos en todos los niveles y estamentos de la sociedad colombiana.

La clase política tradicional y sus representantes en el gobierno, mandaderos algunos de grandes e inescrupulosos empresarios, de fríos portavoces del sector financiero e incluso de uno que otro agente de la economía ilegal, también apelan a la ley de la papaya, en su versión de aprovecharse del papayazo, para sacar mendaz ventaja de sus privilegiadas posiciones, incluso en detrimento de la grande y a ratos inocente pobrecía colombiana.

Se creía, al menos por parte de optimistas, pero ingenuos analistas y comunicadores, que la actual crisis ocasionada por la peste del Covid 19, iba a servir para erradicar, o al menos mermar, el voraz apetito por papaya de quienes han ejercido el poder político y administrativo en Colombia durante estos últimos doscientos años. La realidad nos demostró que no. La esperanza por una nueva, amable y almibarada nueva normalidad, sólo quedo en esperanza, ya que las ansias por aprovechar la papaya ofrecida por la pobrecía criolla durante esta peste, era demasiado apremiante como para desaprovecharla. Veamos en que consistió este jugoso, suculento y papayístico banquete.

De todos es sabido el carácter tacaño de este gobierno y especialmente, del titular de la cartera de hacienda del gobierno nacional de Colombia, quien, en estricto cumplimiento de las órdenes impartidas por sus jefes, los representantes de los gremios de la producción, impartidas a él (el ministro Carrasquilla) por sus mandaderos del uribismo, se negó rotundamente a entregar directamente a la ciudadanía afectada por la crisis de la pandemia los recursos necesarios para que familias, micros, pequeñas y medianas industrias, emprendimientos e informales, pudieran sobrellevar el necesario encierro que evitaría los picos de contagios y muertes que hoy atestiguamos por causa de la peste.

A tan irresponsable e inhumana medida le siguió la igualmente atroz y asqueante estrategia de obligar, mediante mensajes confusos y contradictorios, a esta pobrecía, hoy mucho más numerosa por culpa de la crisis, a salir a rebuscarse los mínimos recursos necesarios para vivir, con el prurito de una artificial solidaridad con la economía, enmarcada en un mentirosa campaña comunicacional, en la que se le ha hecho creer a la sociedad que la vida es importante, pero que más importante es la economía, eso sí, ocultando convenientemente; la tacañería demostrada por este gobierno y los gremios de la producción.

De todos es sabido que tanto el DANE como FEDESARROLLO y algunos centros académicos de Colombia, hacen juiciosa contabilidad estadística de los ingresos, pero especialmente de los gastos que hacemos cada uno de los habitantes de esta bella Colombia. Esta contabilidad refleja cuántos hectolitros de cerveza, guaro, whisky o gaseosas consumimos los colombianos al año. Allí también están registradas las gruesas de cigarrillos y kilos de marihuana que se fuma un buen número de compatriotas, se detallan cuántos tiquetes aéreos y terrestres, así como reservaciones hoteleras y moteleras hacen los colombianos.

En estas contabilidades, también se registran cuántas motos, carros, casas, electrodomésticos, dispositivos de comunicación y cómputo se compraron durante el primer semestre del 2020, durante la pandemia. Esta compulsión por gastar y consumir, ha sido y será la papaya puesta por una pobrecía mal informada inducida a consumir desaforadamente, que los hábiles mandaderos del gobierno le sirvieron en bandeja de plata a sus jefes de los gremios.

Ya en este mentiroso escenario, en el que la economía y las necesidades de socialización fueron impuestas como urgencias vitales por parte de los gremios de la producción, en contubernio efectivo con algunos intelectuales y comunicadores afines al uribismo, se ha continuado obligando a la pobrecía a seguir saliendo a exponerse para conseguir su diario sustento, pero sobre todo, y he aquí la trampa, para empezar a gastar sus escasos recursos y su capacidad de endeudamiento, en los centros comerciales, bares, restaurantes, grandes superficies y almacenes de importados, al son de la tonada de la solidaridad y la empatía para con las pobres viejecitas empresariales amigas y jefas del gobierno nacional.

Este voraz aprovechamiento del desespero y la inocencia de la nueva pobrecía, sólo fue posible por la papaya ofrecida, ayer y hoy, por todos y cada uno de sus viejos y nuevos integrantes, al demostrar y dar vía libre a su afán por gastar compulsivamente hasta lo que no tiene.

*Nota: cuando el autor de esta nota alude a la acción de dar papaya, se está refiriendo a ponerse en riesgo, a justificar en el otro la realización de una o unas acciones en contra, a sacrificarse uno mismo sin sentido, expresado con otra figura lingüística: a ofrecerse en bandeja de plata, regalarse, o dar pie para que otro abuse de la confianza otorgada.

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