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Lunes, 18 de noviembre de 2019. Última actualización: Hoy

Cuando el alma ríe

El miércoles 24 octubre, 2018 a las 9:56 am
MEDIOCRES PARA SOÑAR

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy Otras publicaciones de este autor en: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/

CUANDO EL ALMA RÍE

Cuando el alma ríe no es un mero titular. Es la verdad de lo que pasa por esta casa. Porque en el interior hay alegría, fluidez, distensión. Y, ¿hay alma? No lo sé, pero siempre lo he afirmado siguiendo la corriente. Hay un motor que une y coordina. ¿Bastará decir que es el corazón? Pero no. No puedo imaginarme al corazón muerto de la risa o sorprendido o retraído cuando algo suena mal por allá.

¿Quién sería el primer ser humano que se inventó esa expresión verbal con imagen casi deletérea? El alma es un mero flatus vocis, un pedazo de voz hecho imagen que no se ve. Como un elixir, algo así. Pero la empleamos en literatura y en la vida común y en las iglesias desde los primeros cristianos. Para bien o para mal.

Se dice alma de las cosas cuando crece el mirto y da flores o lleva ondas el río y canta, no tiene alma si no siente y lo expresa y se fue el alma si ya no respira ni le late el corazón. Digamos, pues, que hay alma en todo lo que se mueve, como la ciencia. Y no hay alma si no hay cuerdas en el tiple o no hay una mirada que otee sobre uno en el momento de pasar por la acera y entrecruzar un instante el otro par de ojos.

El alma huele a religión, a amor, a corriente eléctrica, a fácil sensibilidad para gustar y encontrar lo más escondido y críptico de los seres del Universo. Si alguien no ha utilizado esa palabra en su idioma, en el uso cotidiano, le pasará lo que le pasó al muñeco Pinocho, según la canción.

Sí. El alma huele y oye, canta y llora. Se sabe todos los verbos del idioma y los conjuga según el ánimo del día o si el dolor sea intenso. La primera víscera o hálito en darse cuenta es el corazón. Se encoge, se despereza, se lanza en ristre o se solaza en versos. El alma, es pues, intensa y erizada como un higo con espinitas que no se ven pero punzan e impulsan.

Ah, el alma a la que cantó una noche de oscuridad el dulce poeta Jorge Manrique: «Despierte el alma dormida, avive el seso y despierte, contemplando, cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando«…* Sí, pese a que el hombre de hoy es menos crédulo, más monetario, infinitamente más insensible, hay un gusanito allá en el lado izquierdo, en el costado, un golpeteo que nos canta esa letra requeteoída.

El alma de las cosas no tiene panderito sonador que las haga visibles. Van escondidas en los cuerpos de la tierra, de los árboles, de todos los seres existentes. Están ahí, latiendo como perro lejano. De vía vigilan y de noche cantan sinfonías para que todos durmamos y descansemos.

20-10-18                                     11:18 a.m.

https://www.youtube.com/watch?v=9czrVEU0Yz4

*https://www.uv.es/ivorra/Literatura/Coplas.htm

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