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Cátedra Popayán

El domingo 16 marzo, 2008 a las 10:43 pm

Por: Felipe García Quintero
Columnista Proclama

No es fácil pero el esfuerzo político de partir de la historia para entender el presente, de seguro nos llevará a imaginar acaso con menor incertidumbre un tiempo mejor y distinto; el futuro que ahora debe ser configurado por todos, más allá del deseo lácteo de algunos de tornar al pasado sólo porque «Popayán fue importante cuando era más chiquita».
No creemos imposible conquistar la modernidad pues estamos en ella; en su suelo nos debatimos a diario. Quizá lo que ocurre es que poco hemos pensado la ciudad del hoy. Por ejemplo, a partir de las contradicciones temporales que la fundamentan y definen en el ser de una identidad urbana tradicional de rostro jánico, escindida entre un centro omnipotente, y unas periferias ágrafas de historia, pero no mudas sino llenas de vida ignorada, desconocida, olvidada.
Y partir de la historia para comprender lo que hoy estamos siendo es una de las tareas que anima la Cátedra Popayán; proyecto pedagógico implementado por la Secretaría de Educación Municipal, que busca hacer de la ciudad un objeto de estudio y, sobre todo, de investigación, para que las generaciones de ciudadanos en formación comprendan el sentido humano del territorio que habitan con el cuerpo y la mente, la memoria y la imaginación, el lenguaje y el hábito cotidianos. Recordemos que el ejercicio de la ciudadanía, uno de los fundamentos de esta propuesta educativa que alcanza el merecido estatus de Política Pública, pasa por el reconocimiento de un espacio propio, el cual otorga pertenencia, arraigo, amor. Sólo que el sentimiento por el territorio no es fortuito, es el resultado de una tensión; la lucha permanente por el significado de lo que estamos siendo cada día, a toda hora. Y esa batalla interior se libra junto a otros que buscan por igual ser parte de algo; es decir, reconocidos y no tan sólo representados.
Vemos que en el fondo de esta política educativa late el deseo de interrogar a profundidad la ciudad común y distinta, en que la vida del ciudadano de Popayán se yergue para significar a diario el existir de cada cual, joven o adulto, hombre o mujer, indígena o mestizo, católico o musulmán, gay o heterosexual. Ya que uno de los retos de la gobernabilidad en la democracia es hacer de la heterogeneidad social y el multiculturalismo urbano y rural, el reconocimiento de la diferencia y la diversidad como partes sustantivas de las identidades, que juntas y aisladas conviven en interacción desigual en ese territorio mental y físico llamado ciudad; algo adeudado por décadas de exclusión, marginación y discriminación.
La Popayán de hoy nos reta a conocerla por fuera de la frontera eclipsada de la publicidad turística, que ciega el camino e impide con su fulgor blanco recorrer otras sendas de un horizonte aún por descubrir. E incluso a valorar el patrimonio saturado de elogios que acrecienta por igual la arrogancia y la indiferencia ciudadana de contar con una ciudad bella y también una de las más caras y pobres de Colombia.
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