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Miércoles, 20 de febrero de 2019. Última actualización: Hoy

Crónicas de viaje – Los monumentos 1.

El miércoles 19 septiembre, 2018 a las 3:24 pm

Crónicas de viaje – Los monumentos 1.

Crónicas de viaje - Los monumentos 1

Los monumentos tienen vida estática. Su memoria detenida en el tiempo y el espacio, parece andar a nuestro ritmo. Es como si surcara los aires o fuera sobre el mar, como si los caminos fueran inagotables para sus volandas y, rauda surcara sobre la superficie imaginaria de su esfera sideral las intenciones. En esa aprensión particular sobre los monumentos, fui a buscar a los de mis evocaciones, por eso pedí, al ofrecérseme qué deseaba el día de mi cumpleaños, que me llevaran al monumento de Pessoa, una estatua a tamaño real y en dorado, muy cerca de la plaza Luis de Camoes, al lado del famoso bar Brasileira. También pasa por allí el tranvía 28, por lo cual es difícil no ver la estatua. En ese lugar, un café sabe diferente, una fotografía es imperdible con el brazo cruzado por encima del hombro del barón más importante de la poesía portuguesa.

Es importante ir al Café Brasileira, porque confluyen en él todos los generales de la literatura y de la poesía del mundo que se aventuran en una ciudad de apenas 507 mil habitantes, pero que reúne una historia milenaria, una cultura construida por un pueblo aventurero y navegante que tuvo la osadía de conquistar medio mundo, y basa sus símbolos en esa osadía. Portugal, a pesar de su tamaño (Un poco más de diez millones de habitantes), ha resistido a las múltiples intenciones de su vecino España por integrarlo a su territorio. Es normal encontrar en su solaz arquitectura, o bajo los parasoles al aire libre, personalidades del arte, del mismo Portugal o de otras latitudes, y también personas anónimas como el suscrito, acompañados de sus familias, de su mujer, con la intensión de renovar ese conocimiento del alma de Pessoa que bien plasma en sus poemas, en sus heterónimos para dar personalidad a una poseía convertida en universal.

Ver en los rostros la felicidad alcanzada, chicos y chicas, adultos y viejos, cuando posan junto al monumento del poeta, es una sensación particular porque tras ese rostro están las millas acumuladas de una aventura insospechada por todo lo que encierra Portugal en sus calles, en sus pueblos, en su gente, en la aquiescencia de sus credos vertida con animosidad en el colorido de su arquitectura, en unos hombres y mujeres abiertos al mundo, receptivos a los gustos foráneos, pero que ponen a disposición también sus propios. Esa alegría y esa manera acogedora como reciben a los visitantes se percibe, tan salida del marco europeo que sorprende (ya el poeta Felipe García me había dicho dónde podía tomar un café con Pessoa).

Y en el mismo café, una inmensa librería con todos los libros de Pessoa. Ediciones viejas, joyas para colección, y las nuevas. Y la producción de los poetas nuevos de Portugal: Víctor Oliveira Mateus, Pedro Oliveira Tavares, Joaquim Cardoso, Claudia Sampaio, Ricardo Gil Soeiro, Andreia Cristina Faria, Sandra Santos tan importantes en el contexto de una literatura que irrumpe a voces abiertas, para significar que la palabra sigue su camino, que la poesía perdura a pesar de los embates de una técnica pragmática que quiere hacerla ver como inútil, y que quiere hacer de los poetas unos locos de difícil diagnóstico a quienes hay que desahuciar y dejarlos en sus asilos recónditos. Para decir también que allí los libros tampoco son tan baratos.

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Otras publicaciones de este autor: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/diogenes-diaz-carabali/

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