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Domingo, 9 de mayo de 2021. Última actualización: Hoy

CREPITACIONES 2015: EL ÚLTIMO GRAN PATRIARCA

El lunes 6 abril, 2015 a las 8:53 pm

CREPITACIONES 2015

A simple vista, su figura evocaba a aquellos personajes egregios de la antigüedad, encargados de dirigir a un determinado grupo o conjunto de personas, que confiaban ciegamente en él, siendo muy respetados, admirados y apreciados por ellos, siguiendo al pie de la letra sus consejos y orientaciones. Observando su semblante y su rostro paciente, acicalado con una cabellera muy blanca y un corto bigote de la misma condición, evocaba en mí a los Patriarcas, aquellos personajes del Antiguo Testamento, que fueron jefes o cabezas de numerosas familias o descendencias, como por ejemplo: Abraham, Isaac y Jacob. También, pasando a otra connotación de la palabra en cuestión, significa el hombre que por su edad y sabiduría posee autoridad y es la más respetada en una gran familia o comunidad.

Su porte gentil, su serenidad a prueba de los embates más furiosos de sus contradictores y de las circunstancias adversas que le tocó afrontar “a la colombiana”, daba la impresión a la distancia de estar siempre listo y preparado para desempeñar las misiones y compromisos que la vida le iba presentando, de acuerdo con sus íntimas convicciones y pensamientos. Su tono de voz, reposado la mayoría de las veces, mostraba el talante reflexivo y analítico de un hombre muy intelectual, que medía una a una sus palabras y pensamientos, como sopesándolos momento a momento, minuto a minuto, antes de darlos a conocer a sus oyentes y público, ávido de escucharlo y aplaudirlo (a diferencia abismal con su alumno Álvaro Uribe, quien muchas veces explota con ira e intenso dolor, siendo muy temperamental y a veces usa palabras ofensivas y de grueso calibre). Sus discursos y palabras resuenan y seguirán resonando en la conciencia de un país adormilado y acostumbrado a escuchar los mismos discursos de siempre, con la retórica de siempre, con los políticos y politicastros de siempre, con los argumentos de siempre, los avales y peleas de siempre, en un círculo vicioso de nunca acabar, en un corsi e recorsi, de cada cuatro años. Esa valiosa oportunidad de tenerlo a él como su gran Presidente, diferente a los demás, la tuvo Colombia en el año 2006, cuando la izquierda colombiana obtuvo una inmensa votación histórica, única en la historia de esa opción, siendo ganador su alumno y contradictor Álvaro Uribe.

En un país como Colombia, donde la ética y la coherencia no están a la orden del día, Carlos Gaviria Díaz, nuestro último gran Patriarca, fue un defensor y un ejemplo permanente de aquel valor que tanta falta nos hace en todos los niveles de la vida institucional, empezando desde lo alto, fatalmente contaminada por el escándalo que ya sabemos. En cuanto a la coherencia, era su más fiel ejemplo, pues actuaba de acuerdo con sus convicciones y pensamientos, sin desviarse un ápice de ellas, no importando que los demás, lo tildaran con cualquier epíteto, ante lo cual él contestaba sin salirse de las casillas, con argumentos serios y filosóficos, a la manera de los antiguos patriarcas y sabios de otros tiempos. Así ganaba sus polémicas con sus contradictores.

Para redondear su brillante hoja de vida, con 77 años bien vividos, dejando una imborrable y fecunda huella en nuestra historia colombiana contemporánea, fue también un férreo defensor de los derechos humanos y de la libertad, junto a su labor como abogado, magistrado, político, profesor, y presidente de la Corte Constitucional. Como nos damos cuenta, los colombianos de bien hemos perdido a un ser humano único, del cual alguien dijo al referirse a su muerte: “ante la muerte de un gran colombiano excepcional, ético, íntegro y honesto, como Carlos Gaviria, todos sentimos dolor de patria”. (Q.E.P.D.).

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