ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Jueves, 13 de junio de 2024. Última actualización: Hoy

Corrupción a la colombiana: una breve historia

El jueves 16 mayo, 2024 a las 10:30 am
Corrupción a la colombiana: una breve historia
Imagen: https://www.semana.com/

Guido Germán Hurtado Vera

¿Cuál es la historia de la corrupción? Después de lo conocido en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGDR) es una pregunta que nos hacemos hoy miles de colombianos. Alguna vez llegué a pensar que la corrupción era tan colombiana como el café. Lo cierto es que cada vez se señala de que no es un rasgo cultural nuevo, capaz de ser controlado y superado. Algunas de sus raíces están en la época colonial y otras en nuestra historia republicana.

El poder patrimonial de los reyes españoles sobre las tierras, transferido -casi en su totalidad- a sus representantes en las Indias, los virreyes, habría convertido los puestos públicos en un negocio privado, costumbre que a su vez ha durado hasta nuestros días.

El lucro de los oficiales con sus puestos no estaba mal visto por la Corona. Es sólo hasta ahora comienza a aclararse la imagen de que los políticos son los dueños del país. Pero la vida política colonial era menos opresiva de lo que se cree. Cuando terminaba la función de los virreyes pedían un crédito obligado para responder, y en su caso reparar, las humillaciones que hubiesen hecho a personas o corporaciones. Si el virrey moría en funciones, el dinero a pagar recaía sobre su sucesión. En este sentido, la Colonia era más democrática que la época actual. En Colombia ningún expresidente ha tenido que responder por sus faltas, robos o asesinatos, permanecen incólumes.

Los criollos “eran prontos para iniciar y poco prevenidos en los medios a ejecutar, entregándose con brío a lo presente y atendiendo poco al futuro…». Santander hizo negocios en sus años de general y Bolívar tuvo haciendas en Venezuela y la Nueva Granada, pero ambos fueron apáticos y despreocupados. Buscaban más el amor de sus compatriotas que el mismo poder político. Fantaseaban con coronas de oliva y una sepultura de dignidad. La fortuna no estaba en sus horizontes práctico ni axiológico. Además, de haber querido enriquecerse, el pobre tesoro público no se los hubiese permitido

Después vivieron los gobernantes de los siglos XIX, XX y XIX. La Constitución de 1886, que dio el nombre actual de República de Colombia, tenía en sus principios todas las cualidades cívicas incluida, por supuesto, la honradez. La actual Constitución de 1991, en su artículo 8 reza que “es obligación del Estado y de las personas proteger las riquezas culturales y naturales de la Nación.” Ambas Constituciones han sido pasadas por la faja.

La corrupción moderna en Colombia está cumpliendo un siglo. La crearon los “doptores”, esa elite criolla venida de la agricultura que pasaron a ser agroindustriales, esos civiles de traje y corbata, a quienes la ciudadanía denominó los «tanprontistas» porque tan pronto como se sentaron en los puestos públicos, comenzaron a servir con prontitud a sus negocios privados. El inventario era amplio: un ministro, un gobernador o alcalde creaban una sociedad ad hoc para surtir a precios abultados los requerimientos de su propia dependencia; desde el poder se animaban monopolios de distribución de lo que se necesitara; hicieron formidables fortunas mediante la especulación y el atraco “legal”. Y la desdicha es que no había límites, sólo las voces solitarias de los débiles partidos de oposición y de ciudadanos que después desaparecían del mapa.

Iniciando el siglo XX en Colombia la corrupción se hallaba en un estado embrionario y no mostraba aún sus efectos más perversos. Los políticos accedían a los dineros públicos a través de gabelas y mediaciones. Además, debido al vigor del modelo agroindustrial, la riqueza mal habida solía quedarse en Colombia y con ella los negocios con el Estado.

En 1959 el PIB creció alrededor de 6,2%, la corrupción parecía un lubricante natural del sistema. En 1966, con Lleras Restrepo, se inauguró la etapa de los economistas en el poder, esas crías perfectamente capacitadas para servir a la Patria y echar por tierra su economía cobrando millones de pesos por el trabajo de demolición. Con la expansión del sector público la corrupción cambió de escala.

En 1991 llego Gaviria con su “Bienvenidos al Futuro”.  Ahora no sólo el amigo del Presidente amasa fortunas: bastaba un puesto menor en un nivel estatal para echar mano a la colación de la piñata pública. El catálogo se volvería infinito. Para la muestra dos botones: en 2021, El caso Centros Poblados, de Abudinen, y el actual de la UNGDR.

La corrupción no es una característica del sistema político colombiano: es el sistema. La corrupción desaparece en la medida en que las decisiones de interés público pasen de la zona exclusiva del Estado a la luz pública.

La corrupción no es una grieta moral congénita al sistema político colombiano, es universal y no se supera con homilías o discursos populistas sino con los mismos controles ciudadanos y legales: congresistas, gobernadores y alcaldes que muestrean sus cuentas al inicio y final de sus periodos, jueces autónomos, una prensa libre, veraz y honrada que llama a los pillos por su nombre, verdaderos partidos de oposición pendientes a cualquier desliz de sus contrincantes en el poder, y ciudadanos que a través del sufragio efectivo otorgan, revisan o revocan su mandato sobre los políticos.

No avizoro por ahora solución a esta hediondez. Corruptos hay y los seguirá habiendo y con mayores garras y más hambre. Esos que solo quieren ganar elecciones para hacerse ricos desfalcando al Estado. Aun así, seguiré luchando por una sociedad mejor, más justa y democrática.

Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?