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CONTACTO CON LA CALLE

El miércoles 29 octubre, 2014 a las 6:05 pm
indigentes

Por REINEL GUTIÉRREZ 

Foto: http://palmiracomovamos.blogspot.com

La calle ofrece de todo, menos el calor y el abrigo de un hogar, o sitio de refugio y protección ante las adversidades. Este es el concepto que manejo después de haber interrelacionado con personas, que tomaron la vía pública como opción de supervivencia. Se trata de la gente descomplicada, sin normas, sin códigos, cuyo afán es alimentarse y vivir, no importa en donde le coja la noche, y en qué lugar pueda amanecer. La cama puede ser un duro andén o una fría piedra. No interesa, pues el hombre es animal de costumbres y a todo este trajín se adapta. Hay personas que se acostumbraron a vivir en la calle, y aunque tengan la oportunidad de regresar a una casa, ya no lo quieren hacer. Las normas y condiciones de la calle son diferentes a las del resto de la sociedad, pues entre otras cosas, se trata de preservar la vida por la fuerza. Los habitantes de la calle claman por un pan, por una moneda, por una droga que permita «viajar» por el mundo imaginario de paraísos y cosas buenas, pero que no son más que alucinaciones.

«No le ponga mente» dice cuando hay problemas, porque como lo tiene todo perdido no hay dificultades. Es algo así como la misma expresión de psicólogos, pensadores positivos, sacerdotes, y otros del mismo corte, quienes aconsejan que no hay que preocuparse por el pasado, por los actos malos, ni por el futuro. Hay que vivir el presente.

Hablé con muchos seres humanos que viven fuera de techo, son libres de condicionamientos, de etiquetas, protocolos y hasta de impuestos. Les interesa el hecho de cada momento, y su vida fatal ya está realizada. No sufren por no tener cargos importantes, carros lujosos, por ser campeones o profesionales. Son, están, y punto. Es una «bacanería», lo que se vive entre estos «parceros» y «pirobos», que «ponchan», en puentes, esquinas, parques y plazas de mercado. Algunos son sucios que viven en medio de las basuras, pero respiran como el Papa, tienen cerebro como el Presidente, y en oportunidades, la bondad de una monjita. Muchos no son tan malos, porque simplemente fueron abandonados por su familia, pero por su aspecto fueron estigmatizados como ladrones, atracadores, matones y demás.

La calle es dura, es húmeda, calorosa, peligrosa y difícil.

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