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Conocer la historia

El sábado 6 abril, 2019 a las 8:45 am

Conocer la historia

En reciente artículo, el maestro Rodrigo Valencia Quijano, dice: “La mayoría de nosotros no conocemos a fondo nuestra historia”. En esa carencia de historia se explica el mal que agobia a Colombia, la polarización, y lo que esto conlleva. Toma de partido o bando, mirar como enemigo al que piensa diferente, incendiar con apasionados puntos de vista las páginas de un periódico o una tribuna radial. En fin, todos los ingredientes que alimentan los hornos del odio, el racismo y discriminaciones varias.

La obstinación de la Minga Indígena en mantener cerrada la principal arteria vial a través de la cual se mueve la economía del Cauca, ha terminado por legitimar la creencia de que el mal del Cauca no es la irresponsable dejadez del centralismo gubernamental, sino los indígenas, “que quieren todo sin hacer nada”. Lo irónico es que se levante el paro con ese credo, mientras que el presidente Duque, que en casi un mes se niega a enfrentar el problema, salga como el héroe de la jornada.

Lo grave es que se tome este antecedente para ahondar la histórica discriminación de que han sido objeto los indígenas; hay que añadir que a ellos también les ha faltado “malicia” para evitar que eso ocurra. Aun así, el presente conflicto se explica, con mejores fundamentos, por el desconocimiento de la historia. Y nos seguiremos viendo avocados a repetir los mismos errores.

En el conocimiento de la historia, la lectura de un libro es buen comienzo, ese libro es “José Tombé” (Colcultura, 1973), de Diego Castrillón Arboleda. No obstante su origen blanco, Castrillón dejó en ese libro el testimonio literario de una larga tradición de despojo, de ofensa y humillación de que fueron objeto por siglos los indígenas. Hijo de un hacendado, Diego Castrillón escuchó de labios de la servidumbre, en la hacienda del padre, las historias de sufrimiento del indígena caucano, “replegado en la más desolada mudez cuando lo golpea el desastre y lo invade la frustración”, en palabras de Jaime Paredes Pardo. Al final de la novela, el autor nos dice que José Tombé no se resignó a morder la derrota y se precipita por un abismo de piedras afiladas, “como inmensos cuchillos grises”. Y Quintín Lame, la inspiración de José Tombé, “termina ablandado por los años, y en los últimos días es otro anciano más que camina por la calle de un ínfimo pueblo del Tolima”. (J. P. P.).

Entre tanto, los blancos y mestizos de Popayán fueron sordos, mudos y ciegos ante tanta ignominia, ante tanta dignidad por el suelo. Entonces uno entiende por qué tanta obstinación de los indígenas de hoy, la mayoría de ellos con educación y dignidad, pero con toda la indignación cocinada en los siglos de expoliación y humillación de sus ancestros. No justificamos el daño ocasionado por el paro, pues nos afecta de distinta manera a todos, pero no es menor la responsabilidad del presidente Iván Duque quien, si conoce la historia, ha debido enfrentar oportunamente el problema.

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