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Congreso ajeno a intereses colectivos y sin prioridades

El miércoles 4 septiembre, 2019 a las 8:46 pm

Congreso, ajeno a intereses colectivos y sin prioridades

Congreso ajeno a intereses colectivos y sin prioridades

            Con mucha frecuencia se escucha a los colombianos quejarse del descrédito del Congreso como una de las instituciones más desprestigiadas del poder público. No goza de legitimidad y produce desconfianza. Es cierto que no se puede generalizar, pero son contados los congresistas que están donde deben estar, los demás son una partida de sinvergüenzas. Mal llamados “padres de la patria”, cuando la verdad siempre actúan de manera inferior a las circunstancias históricas del país.

            En  una sociedad moderna y democrática, los poderes del Estado deben estar concentrados en garantizar la vigencia de los derechos  esenciales de las personas, tras la consecución de unos niveles de vida acordes con la dignidad y tranquilidad.

            Al Legislativo le compete la tarea de hacer leyes buenas y útiles a la sociedad. Un país como Colombia, con tantos males y tantas tragedias, requiere de legisladores comprometidos con el bien público y en la resolución de los problemas más prioritarios, dentro de los cuales, a manera de ejemplo, están las profundas desigualdades socioeconómicas, las cuales conllevan a encarar temas como el empleo, la educación, la vivienda, los servicios públicos, la salud, la convivencia civilizada, etc. Muchos de los problemas que asfixian al país, son el resultado del inequitativo sistema económico que mantiene a una vasta población en la indigencia y la pobreza.

            Es decir, problemas referentes a la materialización de los derechos esenciales y en especial los sociales y económicos que impliquen la consolidación de una sociedad incluyente donde todos puedan disfrutar de los beneficios de la economía y no suceda que el crecimiento económico sólo favorezca a los ricos como consuetudinariamente sucede. El crecimiento económico pierde toda significación si no está acompañado de desarrollo social. Cierta la tesis en el sentido de que a la economía colombiana le va bien pero al país le va mal.

            Mientras se siga observando y se siga sintiendo que el papel de los congresistas va en detrimento de las condiciones de vida de la gente, difícilmente los legisladores podrán lograr la confianza de los asociados. Reformas tributarias, laborales, pensionales, al régimen de salud, al agro, educativas, etc., jamás serán bien vistas o admitidas, si no están encaminadas a garantizar el bienestar físico y mental de las personas.

            Mientras la gente siga observando que congresistas se dediquen a legislar en contra del pueblo que teóricamente dicen representar y a discusiones bizantinas, desestimando lo prioritario, difícilmente los legisladores conseguirán  confianza y credibilidad. El Congreso no debe estar para perjudicar al pueblo y mucho menos para pendejadas.

            Es que en el seno del Congreso no han faltado propuestas como la de de multar a maridos o mujeres infieles y ‘alcahuetes’ que pretendía que la infidelidad comprobada fuera sancionada con 20 salarios mínimos y  someter a los infieles a trabajos sociales en los fines de semana. O aquella referente a que los padres no puedan poner a sus hijos nombres que los ridiculicen y facultar a progenitores para decidir si los menores llevan primero el apellido del padre o de la madre. O la prolongación del periodo a gobernadores y alcaldes. O la prohibición de utilización de teléfonos celulares en las instituciones educativas, u otorgarles a los congresistas el título de politólogos por el simple hecho de ser legisladores, etc.

            Teóricamente, los congresistas representan al pueblo y el actuar de Legislativo debe estar basado en la justicia y en el bien común. Al menos así lo estipula la Constitución. Los senadores y representantes mediante el voto popular “son responsables políticamente ante la sociedad y frente a los electores del cumplimiento de las obligaciones propias de su investidura”. Pero no. Con algunas excepciones, ya sabemos que los congresistas no son lo que debieran ser. De ahí su pérdida consuetudinaria de legitimidad.

            Un Congreso es legítimo si logra conseguir consenso, es decir en la medida en que sus electores y el pueblo en general estén satisfechos con el Congreso que tienen. Cuando existe inconformidad generalizada hay crisis de legitimidad.

            Por lo visto, abundan congresistas que no tienen nada importante de qué ocuparse, por eso matan el tiempo en discusiones bizantinas como si para eso hubieran sido elegidos, ineptos cuando se trata de legislar para el bien público, nadan y navegan en el mar de lo superfluo y por ello el Congreso está cómo está y renuente a autodepurarse.

            Coletilla. Aún no vislumbra ganador para la Alcaldía de Popayán, mucho candidato y pocas propuestas interesantes y realizables. Algunas campañas dedicadas a despotricar del mandatario actual, pero nada más. Muchos -sin serlo- posan de fiscales y jueces y se creen con la potestad de investigar y condenar, desconociendo que una persona es inocente mientras no se demuestre lo contrario.

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